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La "playa secreta" de Brasil: arena blanca y piscinas naturales de agua turquesa

En el litoral de Alagoas, una playa de Brasil, poco masiva combina agua cristalina, bancos de arena y un paisaje que cambia con la marea.

Esta playa de Brasil enamora con sus pintorescos paisajes. 

Esta playa de Brasil enamora con sus pintorescos paisajes. 

salinas.com.br

En el nordeste de Brasil abundan las postales perfectas, pero todavía quedan rincones que no están saturados de visitantes. En Maragogi, una de las zonas más buscadas de Alagoas, existe una playa que suele sorprender incluso a quienes ya conocen la región: Antunes.

A pesar de su fama creciente, sigue fuera del radar de muchos viajeros y ofrece una mezcla difícil de encontrar en temporada alta: tranquilidad, mar claro y una franja extensa de arena blanca.

Dónde queda y por qué la comparan con el Caribe

Antunes está en Maragogi, dentro del estado de Alagoas, en la costa noreste de Brasil. A la playa se llega normalmente desde Recife o desde Maceió, dos ciudades que funcionan como puertas de entrada para recorrer la zona. El apodo de “Caribe brasileño” aparece por un motivo evidente: el color del agua, especialmente en los días de buen sol, y la sensación de estar frente a una piscina natural. Es un destino elegido por familias, grupos de amigos y viajeros que buscan bajar el ritmo y pasar horas dentro del mar sin sobresaltos.

playa brasil antunes

Uno de los rasgos más particulares de Antunes se ve cuando el nivel del mar baja. Con la marea baja, se forman bancos de arena que permiten internarse caminando sin dificultad: el agua suele quedar a la altura de las rodillas y el ambiente se vuelve ideal para explorar sin apuro. Con la marea alta, el escenario cambia: el tono celeste se intensifica y el mar invita a nadar con mayor libertad, con olas suaves que no suelen complicar la jornada. Ese cambio constante hace que la experiencia nunca sea igual de un día a otro.

Cómo llegar y qué servicios hay en la zona

La playa se ubica a unos siete kilómetros al norte del centro de Maragogi. El acceso incluye el cruce de una propiedad privada, aunque el paso está habilitado y no tiene costo. Esa condición también explica por qué la zona conserva un aire menos intervenido: no hay grandes paradores ni restaurantes de gran escala. Lo que sí se encuentra son puestos simples y vendedores locales, suficientes para resolver lo básico durante el día. La recomendación habitual es ir preparado, sobre todo si se planea pasar varias horas allí.

Además del descanso, hay una experiencia que suma puntos: las piscinas naturales vinculadas con la misma franja de corales que forma los famosos “galés” de Maragogi. Para alcanzarlas, muchos caminan atravesando el banco de arena y avanzan varios kilómetros mar adentro. Quienes prefieren evitar esa caminata suelen optar por alternativas más activas: alquilar una tabla de stand up paddle o un kayak y remar hasta el área de agua más transparente.

Antunes también funciona como un recordatorio de que, a veces, el mejor plan es el más simple. Una sombrilla, una “canga” extendida sobre la arena y el sonido del agua alcanzan para que el día se sienta distinto. Entre el paisaje que cambia con la marea y el clima de calma, esta playa ofrece algo que muchos buscan en vacaciones: la sensación de haber encontrado un lugar propio, aunque sea por unas horas.