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Jardín: las claves para una lavanda fuerte y aromática

La señal que muestra si tu lavanda alcanzará su mejor aroma o se quedará atrás. Qué pasa cuando recibe las condiciones correctas.

Lavanda, la aromática perfecta. 

Lavanda, la aromática perfecta. 

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Para que crezca la lavanda, lo primero es que lleve sol a diario. Se recomienda ubicarla donde reciba al menos seis horas de luz directa. Esa luz favorece la floración y también aumenta la concentración natural de aceites en las hojas y espigas, lo que se traduce en una planta más aromática. Una lavanda con poca luz se estira buscando claridad, se vuelve más frágil y su floración se reduce.

La lavanda es una de las plantas más poderosas contra las personas envidiosas Foto: SHUTTERSTOCK
La lavanda es una de las plantas más poderosas contra las personas envidiosas.

La lavanda es una de las plantas más poderosas contra las personas envidiosas.

Qué más necesita la lavanda

La poda es otro factor importante para obtener una lavanda fuerte. Después de la floración, cuando las espigas comienzan a secarse, es momento de cortarlas. Esta acción estimula una nueva energía en la planta, que dirige recursos hacia nuevos brotes. Además, una poda ligera en primavera o al final del otoño ayuda a evitar que la base se vuelva rígida y leñosa. Una lavanda sin poda termina perdiendo estructura, se abre hacia los lados y su centro queda vacío, lo que afecta su presencia y su capacidad de producir flores abundantes.

Ideal para los principiantes en jardinería, con pocos cuidados y atención, la lavanda nos regalará su aroma y belleza por muchos años. Foto: Shutterstock
Ideal para los principiantes en jardinería, con pocos cuidados y atención, la lavanda nos regalará su aroma y belleza por muchos años.

Ideal para los principiantes en jardinería, con pocos cuidados y atención, la lavanda nos regalará su aroma y belleza por muchos años.

El riego debe ser moderado. La lavanda resiste la sequía con más facilidad que el exceso de agua. Un sustrato cargado de humedad provoca raíces débiles y favorece hongos. Lo ideal es un suelo ligero, con buen drenaje y algo de arena o grava en la mezcla. Si está en maceta, es importante revisar que el fondo tenga orificios amplios. Se riega cuando la tierra está seca al tacto, evitando los encharcamientos. Un riego frecuente o constante termina dañando la planta con rapidez.