Il Volo Live in Concert en Buenos Aires: una auténtica notte magica italiana
La noche de Buenos Aires pedía a gritos el placer de corear clásicos junto con las voces más imponentes y una orquesta de lujo nacional, así que se tiñó el pasado 5 de marzo, una vez más, de verde, blanco y rojo. Rápidamente las butacas se ocupaban en el Estadio Luna Park. Todas se llenarían de la esperanza de tener de cerca nuevamente a sus ídolos. Algunas otras se acompañarían de los bastones, que por horas pasarían al olvido para vivir un momento único. “Ochenta y siete” decía la nieta, orgullosa de poder disfrutar de un concierto de tal magnitud con su abuela. “Ojalá que pasen por acá” decía quien portaba una camiseta con sus tres caras.
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@belucerovazph
“Il Volo Live in Concert” es un claro ejemplo del amor del trío por las canciones y los géneros. Todos veían extasiados a los músicos que, a la espera de una señal, comenzarían a reproducir la primera pieza de un espectáculo lleno de emociones. El maestro Giampiero Grani al piano, con su cordial sonrisa y postura solemne, esboza un gesto y la música comienza a danzar en los oídos más críticos.
Tres sombras aparecen un poco borrosas entre las luces, que simulan transportar a un universo paralelo, en el que, por varios minutos, todo sería satisfacción. El público ensordece al reconocer a Ignazio, Piero y Gianluca, y así comienza la aventura ilvolover.
Ignazio Boschetto, Piero Barone y Gianluca Ginoble, trío Il Volo, le regalaron al público argentino una noche italiana inolvidable, repasando clásicas áreas de ópera como “Nessun Dorma”, hasta canciones de su autoría, tanto en italiano como en una suerte de castellano argentinizado, digno de su respeto y admiración por la albiceleste.
En el marco de su extensa gira por cuatro continentes, Il Volo le llevó a toda América Latina una porcioncita de su tierra, acompañada de un repertorio representativo para los más grandes, como "Granada", seguido de baladas entrañables como "Tan Enamorados" y, sin dudas, la canción menos esperada, que comenzó por Gianluca al introducir: “Argentina, quiero hacer esto desde que ganaron el Mundial, ‘Muchaaachos, ahora nos volvimo’ a ilusionar’” que dejó atónitas y repletas de orgullo a todas las generaciones que entonaron aquel nuevo himno.
El momento más emotivo quizás, si es que solo se debe elegir uno, fue desde la introducción de "Hallelujah", cuando los triunfadores del Festival de San Remo comenzaron diciendo que la canción siguiente se trataba de una con la que tuvieron la posibilidad de cantarle al Papa Francisco “Que seguro todos aquí conocen”, guiño de por medio, y que se la dedicaron precisamente a los rezagos de la pandemia, a la guerra entre Rusia y Ucrania, y específicamente, a quienes ya no están.
Plateas, campo y vip, cada rincón del estadio, sin más, encendieron sus linternas para cantar suavemente, y con toda la emoción del mundo, aquella canción que estuvo muy lejos de ser un gesto religioso, sino más bien un regalo de unión, paz y amor. En esos minutos, se creyó que todo es posible desde el respeto, la empatía y la solidaridad. El público argentino no esperó a aplaudir sobre el final de ninguna canción de todo el espectáculo, eso denotó el calibre de estos artistas, que dieron lo siguiente de todo.
“Somos tres personalidades distintas, con gustos musicales distintos” decían Gianluca y Piero para darle espacio a la primera canción solista, que interpretaría Ignazio en su voluntad de homenajear a grandes mujeres de la industria musical: “All by Myself”. Luz tenue, inicio en susurro y un coro intimista, por parte de los espectadores, enmarcarían el primer rasgo de la personalidad uno de los participantes de Ti lascio una canzone. En este último programa, el productor Michel Torpedine, mánager de Andrea Bocelli, Zucchero y otras personalidades, los descubriría y juntaría para conformar una nueva generación de tres tenores.
Continuó Gianluca, regalándole al público otro clásico en inglés, esta vez, de Elvis Presley: “Can't Help Falling In Love”, con el acompañamiento de dos focos que lo retratarían como el príncipe de los sueños de cualquier ilvolover. El último en demostrar su individualidad dentro del tío fue Piero, que interpretó su caballito de batalla “No Puede Ser”, una reversión de la reconocida pieza de Plácido Domingo. Para este momento, ya esperado por cada fanático, no volaba ni una mosca, exceptuando algún que otro molesto mosquito. Y al exclamar “Porque no se vivir” más de una lágrima juguetona y al grito de ¡BRAVO! todo el estadio aplaudió de pie.
Hubo baile, y canciones que se cantaron a los gritos, como “O’Sole mio” y “Nel blu dipinto di blu”, así como también homenajes a artistas latinos como Luis Miguel, José José y Ricardo Montaner, que participaron a cada fanático de Il Volo. No solo recorrieron el escenario de punta a punta sino que también se bajaron para tomar de las manos, más de cerca, a todos a quienes pudieron, acercándose específicamente a los mayores que, con movilidad reducida, los veían con ojos vidriosos y agradecieron enormemente el gesto.
Se despedirían del escenario argentino para luego volver en dos oportunidades, después del cántico clásico “una más”. El público no mostraba siquiera intención de moverse hasta escuchar, por lo menos una vez más, las angelicales voces de estos tres tenores. El segundo bis, y última canción, fue la que el público más ama de toda su trayectoria artística, entre toda su discografía: “Grande amore”, que previamente habían interpretado en castellano y, para cerrar, los espectadores pidieron en italiano. Para quedarse con esa última imagen de tres artistas que son más que amor.

