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¿Hay que ignorar al perro al llegar a casa? Qué recomiendan los especialistas

Saludar al perro al volver no es un error por sí mismo: la clave es no premiar saltos o ladridos y ofrecer atención cuando recupera un comportamiento tranquilo.


La puerta se abre y el perro corre, mueve la cola, ladra o salta sobre quien acaba de llegar. La escena suele interpretarse como una demostración de afecto, pero también puede convertirse en una rutina difícil de manejar. El problema, según las guías actuales de comportamiento, no es saludarlo: es qué conducta recibe la atención.

La idea de que cualquier saludo al entrar arruina los modales del animal simplifica demasiado el aprendizaje canino. Las recomendaciones consultadas no plantean retirar el cariño de manera general. En cambio, coinciden en que hablarle, acariciarlo o mirarlo mientras salta puede funcionar como recompensa y aumentar la probabilidad de que repita esa respuesta. Para algunos perros, incluso un reto representa la atención que estaban buscando. El objetivo es reservar la interacción para cuando mantenga las cuatro patas en el suelo, se siente o realice otra conducta tranquila que ya haya aprendido.

Cómo convertir la llegada en un ejercicio de calma

Cuando el perro salta, la respuesta debe ser serena: evitar agitar los brazos, empujarlo, gritarle o iniciar un juego corporal. Si resulta seguro, se puede retirar momentáneamente la atención girando el cuerpo o esperando en silencio. En cuanto las patas vuelvan al piso, llega el premio: voz suave, caricias, comida o el propio saludo.

Dogs Trust aconseja incluso anticiparse, entrando con algún premio o juguete para ocupar al animal antes del salto. Otra posibilidad es enseñarle a sentarse, ir a una manta, tocar la mano con el hocico o buscar un objeto. Así no solo se interrumpe una conducta; se le muestra qué hacer en su lugar. Guía de Dogs Trust.

La importancia de repetir siempre la misma regla

La coherencia es lo que convierte ese ejercicio en aprendizaje. Si unas personas celebran los saltos y otras los rechazan, el perro recibe señales contradictorias. La misma regla debería aplicarse con toda la familia y con las visitas. Durante las prácticas puede utilizarse una correa floja, una barrera infantil o cierta distancia para impedir que alcance a alguien, especialmente si es grande o puede derribar a niños y adultos mayores. También sirve ensayar con una persona conocida: se acerca mientras el perro permanece tranquilo y retrocede si comienza a saltar. Los encuentros deben ser breves y graduales, con recompensas inmediatas cada vez que consiga esperar sin abalanzarse.

Tampoco todos los saltos expresan la misma emoción. Un cuerpo suelto y una cola relajada suelen acompañar el entusiasmo; la rigidez, las orejas hacia atrás, el jadeo o la cola escondida pueden revelar miedo o ansiedad. En ese segundo escenario, ignorar al animal sin observar el contexto puede ser insuficiente. Dogs Trust señala que está bien darle seguridad, procurando hacerlo cuando tenga las cuatro patas apoyadas. Un recibimiento efusivo, por sí solo, no demuestra ansiedad por separación. PDSA advierte que ladridos persistentes, destrucción, temblores, eliminación dentro de casa o pánico durante la ausencia sí pueden indicar un problema relacionado con la separación. Orientación veterinaria de PDSA.

Cuándo consultar a un profesional

La orientación más reciente se apoya en entrenamiento basado en recompensas. En julio de 2026, PDSA volvió a recomendar enseñar una rutina alternativa y premiar las respuestas tranquilas en lugar de castigar al perro cuando se altera ante la puerta. Recomendaciones de PDSA. La American Veterinary Society of Animal Behavior también desaconseja los métodos aversivos y cualquier castigo físico o psicológico, porque pueden afectar el bienestar y el vínculo con las personas. Posición oficial de AVSAB.

Si el perro muerde, no logra calmarse, muestra angustia intensa o cambia de conducta de forma repentina, corresponde consultar con un veterinario y, de ser necesario, con un especialista acreditado en comportamiento. En síntesis, no hace falta entrar en casa fingiendo que el animal no existe. Conviene bajar la intensidad, evitar premiar el salto y saludarlo apenas pueda responder de una manera segura y tranquila.