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Hallazgo: este animal acompaña a los humanos desde hace más de 3.000 años y no es ni el gato ni el perro

El hallazgo surgió de un estudio en Chipre y reveló que las palomas ya vivían junto a las personas hace unos 3.400 años, mucho antes de lo que se creía.

El hallazgo en Chipre permitió reconstruir una convivencia mucho más antigua entre humanos y palomas de lo que se creía hasta ahora.

El hallazgo en Chipre permitió reconstruir una convivencia mucho más antigua entre humanos y palomas de lo que se creía hasta ahora.

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Un hallazgo científico volvió a mirar de otra manera a un animal que hoy muchas veces pasa desapercibido en las ciudades. Un estudio en Chipre concluyó que las palomas ya vivían junto a los humanos hace unos 3.400 años, mucho antes de lo que se creía, y que para ese momento ya estaban avanzando hacia un proceso de domesticación.

La investigación se centró en restos hallados en Hala Sultan Tekke, una importante ciudad portuaria de la Edad del Bronce ocupada entre 1650 y 1150 antes de Cristo. Allí, los especialistas revisaron huesos de aves pertenecientes a la especie Columba livia, conocida como paloma bravía o paloma común.

Palomas: una convivencia milenaria y sorprendente

El trabajo mostró que esas aves comían prácticamente lo mismo que las personas que habitaban ese asentamiento. Para llegar a esa conclusión, los investigadores combinaron el estudio arqueológico de los huesos con análisis de isótopos estables, una técnica que permite reconstruir antiguas dietas a partir de señales químicas conservadas en los restos óseos.

Ese detalle fue clave. Para los autores del estudio, una alimentación tan parecida indica una relación estrecha entre humanos y palomas. Las aves probablemente se alimentaban de restos de comida humana o incluso podían estar siendo cuidadas y alimentadas por los propios habitantes del lugar.

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Según el hallazgo, los restos analizados mostraron que las palomas compartían alimento y entorno con las personas hace unos 3.400 años.

Según el hallazgo, los restos analizados mostraron que las palomas compartían alimento y entorno con las personas hace unos 3.400 años.

A partir de esa evidencia, los investigadores creen que las palomas ya eran criadas en el sitio y que habían alcanzado una etapa semidomesticada hacia el 1400 antes de Cristo. Si esa interpretación se confirma, el hallazgo empuja mucho más atrás la evidencia directa sobre la domesticación de estas aves.

Hasta ahora, las pruebas más antiguas ampliamente aceptadas sobre palomas domesticadas procedían de la Grecia helenística y estaban fechadas entre 323 y 265 antes de Cristo. El nuevo estudio adelanta esa relación cercana con los humanos en casi mil años y la ubica en el Mediterráneo oriental.

El caso también es importante por el lugar en que apareció. Chipre se encuentra dentro del área natural de distribución de las palomas salvajes, de modo que resulta una región clave para estudiar cómo esta especie empezó a adaptarse de manera gradual a la vida cerca de las personas. Los investigadores creen que aquí pudo haberse dado lo que los arqueólogos llaman una vía comensal de domesticación. Eso significa que el animal comenzó a vivir cerca de los humanos para aprovechar comida y refugio antes de que existiera una domesticación completa y planificada. En otras palabras, primero se acostumbró a compartir el mismo entorno y solo después fue entrando en una relación más controlada con las personas.

El estudio también mostró que las palomas no solo estaban vinculadas con la comida cotidiana. Muchos de sus huesos aparecieron quemados y enterrados junto con otros restos animales dentro de espacios rituales. Eso sugiere que estas aves también pudieron haber sido consumidas en banquetes ceremoniales ligados a prácticas religiosas o sociales.

Aunque en el sitio no se encontraron palomares ni estructuras claras de cría, las medidas de los huesos y los análisis químicos apuntan a una relación sostenida en el tiempo. Por eso, los investigadores consideran que el hallazgo ofrece una de las evidencias biomoleculares más antiguas conocidas de convivencia estrecha entre humanos y palomas.

De esta manera, el trabajo no solo cambia la antigüedad de ese vínculo. También obliga a mirar distinto a un ave que hoy suele ser vista como una molestia urbana. Mucho antes de las plazas y los edificios modernos, las palomas ya formaban parte de la vida cotidiana y ritual de las comunidades humanas.