El trabajo extra que llegó con la inteligencia artificial y casi nadie está cobrando
Cada vez más empleados dedican buena parte de su jornada a dirigir, corregir y controlar herramientas de inteligencia artificial, aunque sus cargos y salarios no siempre cambiaron.
La inteligencia artificial está modificando las tareas diarias de millones de trabajadores en distintos sectores.
CanvaLa inteligencia artificial prometía ahorrar tiempo y quitar tareas repetitivas, pero en muchas empresas está generando un fenómeno inesperado: trabajadores que ahora pasan buena parte del día supervisando bots, agentes y sistemas automáticos como si fueran sus jefes.
Una encuesta global de Boston Consulting Group (BCG) mostró que el 47% de los trabajadores consultados asegura pasar más tiempo gestionando y dirigiendo inteligencia artificial que realizando directamente algunas de sus tareas habituales. El estudio incluyó a 11.749 empleados de 14 mercados y diferentes sectores.
El cambio ya se siente en trabajos tan distintos como programación, marketing, redacción, finanzas o atención al cliente. Antes, una persona podía encargarse directamente de producir un informe, escribir un texto o analizar información. Ahora, en muchos casos, primero debe indicarle a una herramienta qué hacer, revisar el resultado, detectar errores y pedir correcciones.
Trabajadores que ahora también deben “dirigir” a la inteligencia artificial
Este nuevo rol tiene muchas similitudes con el trabajo de un supervisor. El empleado establece objetivos, da instrucciones, controla resultados y decide si el trabajo de la inteligencia artificial es suficientemente bueno como para utilizarse.
El problema es que, en muchos casos, esa responsabilidad adicional no llegó acompañada de un nuevo cargo ni de una mejora salarial.
BCG también encontró que el 72% de los consultados considera que las habilidades exigidas en su puesto cambiaron considerablemente con la llegada de la inteligencia artificial. Sin embargo, solo una parte de los trabajadores recibió capacitación suficiente para adaptarse a esas nuevas tareas.
La situación genera una paradoja. Por un lado, muchos empleados aseguran que la inteligencia artificial les permite trabajar más rápido y eliminar tareas tediosas. Pero, al mismo tiempo, deben dedicar tiempo a comprobar que la herramienta no cometa errores, invente información o tome decisiones incorrectas.
La inteligencia artificial no trabaja completamente sola
La expansión de los llamados agentes de inteligencia artificial está acelerando todavía más este proceso.
A diferencia de un chatbot tradicional, estos sistemas pueden ejecutar cadenas completas de tareas: buscar información, analizar datos, preparar documentos, enviar instrucciones a otros programas o realizar acciones dentro de una empresa.
Pero eso no significa que funcionen sin intervención humana.
Las compañías todavía necesitan personas que definan qué debe hacer cada agente, establezcan límites y revisen los resultados. En algunos casos, un solo empleado puede terminar supervisando varios sistemas automáticos al mismo tiempo.
BCG sostiene que las empresas más avanzadas en el uso de inteligencia artificial ya están empezando a reorganizar sus equipos alrededor de este modelo: la tecnología realiza parte del trabajo y las personas se concentran cada vez más en dirigirla, evaluar resultados y tomar las decisiones finales.
El trabajo cambia más rápido que los puestos
Ese cambio está ocurriendo más rápido que la actualización de los cargos dentro de muchas empresas.
Un empleado puede seguir teniendo exactamente el mismo título laboral de hace algunos años, aunque ahora tenga nuevas responsabilidades vinculadas con la inteligencia artificial.
Y esa transformación podría profundizarse. Más del 60% de los trabajadores consultados por BCG considera que, dentro de tres años, los agentes de inteligencia artificial podrían realizar al menos la mitad de las tareas que hoy forman parte de sus empleos.
Eso no significa necesariamente que esos puestos desaparecerán. Una posibilidad es que cambien de forma: menos tiempo dedicado a producir directamente y más tiempo dedicado a decidir qué debe hacer la tecnología, controlar sus resultados y corregirlos.
El desafío para las empresas será definir dónde termina el trabajo de una herramienta y dónde comienza una nueva responsabilidad humana. Porque, mientras la inteligencia artificial gana autonomía, millones de trabajadores ya están realizando una tarea que hace pocos años prácticamente no existía: convertirse en sus supervisores.