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El rincón de Mendoza donde el silencio de la cordillera lo cambia todo

En el suroeste mendocino, un pequeño enclave al pie de la cordillera ofrece aire puro, vinos de altura y experiencias que mezclan descanso y adrenalina.

Este es uno de los rincones más hermosos al pie de la Cordillera.

Este es uno de los rincones más hermosos al pie de la Cordillera.

Municipalidad de Tunuyán

Hay lugares que no necesitan exageraciones. Basta con mirar alrededor. En plena geografía del Valle de Uco, con la imponente Cordillera de los Andes marcando el horizonte, se encuentra Los Chacayes. Un punto que, sin estridencias, se transformó en uno de los favoritos para quienes buscan respirar hondo y frenar el ritmo.

Aquí la montaña no es postal: es presencia constante. El aire baja frío desde las cumbres nevadas y limpia la mente. El paisaje alterna viñedos prolijos con terrenos agrestes. La combinación seduce. No es casual que el turismo haya crecido en los últimos años. La mezcla de naturaleza intacta, bodegas de prestigio y una calma difícil de encontrar en otros destinos genera una fórmula que funciona.

Un escenario privilegiado al pie de la Cordillera Los Andes

Los Chacayes forma parte del departamento de Tunuyán, una zona clave para la producción vitivinícola mendocina. Está asentado sobre el piedemonte andino, lo que garantiza vistas abiertas hacia las montañas desde casi cualquier rincón. La luz cambia el paisaje a cada hora. Al amanecer, los picos se tiñen de tonos rosados. Al atardecer, el cielo parece incendiarse detrás de los viñedos.

Los Chacayes, el pueblo mendocino que compite entre los mejores del mundo
Los Chacayes, el pueblo mendocino que compite entre los mejores del mundo

Los Chacayes, el pueblo mendocino que compite entre los mejores del mundo

Desde la Ciudad de Mendoza hay poco más de 110 kilómetros hasta este enclave. El viaje en auto demanda menos de dos horas. Es un trayecto cómodo, ideal para una escapada de fin de semana o incluso para ir y volver en el día. Esa cercanía lo convierte en una opción accesible sin resignar la sensación de aislamiento.

Vinos de altura y aventuras al aire libre

La identidad del lugar está marcada por el vino. Los viñedos plantados a gran altitud producen etiquetas reconocidas en distintos mercados del mundo. Varias bodegas invitan a recorrer sus instalaciones, conocer el proceso de elaboración y sentarse a degustar frente a un mar de hileras verdes. Almorzar con la cordillera como fondo no es un detalle menor: es parte de la experiencia.

Pero no todo gira en torno a la copa. El relieve montañoso abre la puerta a planes más activos. Hay cabalgatas que atraviesan senderos polvorientos, caminatas por quebradas y rincones ideales para quienes disfrutan de la fotografía de paisajes. Los arroyos que descienden desde la nieve aportan frescura y son el marco perfecto para una pausa al aire libre, con picnic incluido.

Historia y postales que quedan en la memoria

Uno de los sitios más visitados es el Manzano Histórico. Allí se erige el monumento dedicado a José de San Martín, en un entorno natural atravesado por el río. El lugar combina memoria y belleza escénica. Es habitual ver familias descansando bajo la sombra de los árboles mientras el agua corre de fondo.

Para quienes buscan un desafío mayor, el trekking hacia el Chorro de la Vieja es casi una obligación. La cascada, de unos 40 metros de altura, sorprende en medio del paisaje árido. El sonido del agua al caer rompe el silencio y recompensa el esfuerzo de la caminata.

El acceso es simple. Desde la capital provincial se toma la Ruta Nacional 40 hacia el sur y luego la Ruta Provincial 92. El asfalto está en buenas condiciones y el camino regala vistas de arboledas y viñedos. También hay transporte hasta Tunuyán y, desde allí, taxis que completan el tramo final.

Los Chacayes no necesita artificios. Su atractivo está en lo esencial: montaña, vino, historia y silencio. Un destino que invita a quedarse un poco más y a entender que, a veces, el verdadero lujo es la tranquilidad.