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El místico pueblo oculto en la costa patagónica ideal para unas vacaciones relajantes

En la costa de Chubut, Cabo Raso renace como refugio de desconexión, transformando casas de piedra abandonadas en hospedaje eco-friendly.


Existe un rincón en la Patagonia argentina donde el tiempo parece haberse detenido por completo. En la costa de Chubut, a unos 150 kilómetros de Trelew, se encuentra Cabo Raso, un antiguo pueblo que se convirtió en el refugio definitivo de quienes buscan ganarle al frío del invierno con una escapada de desconexión.

A mediados del siglo XX, este lugar costero albergaba a una pequeña comunidad de recolectores de algas y trabajadores marítimos. Sin embargo, la apertura de la Ruta 3 hacia el interior provincial desvió el tránsito y sumergió al pueblo en el olvido, transformándolo en un paraje solitario de casas de piedra devoradas por el viento patagónico.

La historia cambió drásticamente gracias a la visión de una pareja que decidió apostar por la calma radical. Con un enorme trabajo de restauración sustentable, transformaron las antiguas estructuras abandonadas en un complejo de hospedaje rústico y eco-friendly que invita a la desconexión digital.

Cabo Raso es el pueblo sin conexión perfecto para descansar durante las vacaciones de verano.

¿Por qué se dice que el pueblo es relajante?

En Cabo Raso no hay señal de celular, internet ni electricidad convencional. La vida se rige por los ciclos del sol, la calefacción a leña y la inmensidad del Mar Argentino. Los visitantes pueden alojarse en cabañas recuperadas o en un místico colectivo Mercedes Benz de la década del 60 encallado frente a la playa, adaptado como un acogedor refugio invernal.

La propuesta turística invita a caminar por bahías solitarias, avistar fauna marina como lobos y elefantes de mar, y disfrutar de la gastronomía local basada en la pesca del día y el clásico cordero patagónico al asador. Al caer la noche, la falta de contaminación lumínica regala uno de los cielos estrellados más imponentes del continente, ideal para disfrutar junto al fogón.

El pueblo que se reinventó hace unos años y hoy ofrece una experiencia relajante.

Para llegar a este oasis de desconexión desde Rawson o Camarones, se debe transitar por la mítica Ruta Provincial 1, un camino de ripio consolidado que bordea el Atlántico. Viajar en invierno requiere llevar provisiones y ropa para el viento.