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El inquietante hallazgo de 2.100 años que apareció en una antigua granja de Francia

El hallazgo incluye una extraña estatua de piedra, restos de un cráneo humano y una espada inutilizada de manera intencional antes de ser enterrada.

El hallazgo de la estatua de piedra se produjo dentro de una zanja que rodeaba la antigua residencia gala.

El hallazgo de la estatua de piedra se produjo dentro de una zanja que rodeaba la antigua residencia gala.

François Cherdo, Inrap.

Un sorprendente hallazgo arqueológico salió a la luz cerca de la ciudad de Tours, en el centro de Francia. Durante la excavación de una antigua residencia rural, los especialistas encontraron una estatua de piedra muy deteriorada y una espada gala que habría sido destruida deliberadamente como parte de una ceremonia realizada hace alrededor de 2.100 años.

Los objetos aparecieron en el yacimiento de Le Désert, situado en la localidad de Mettray. Allí funcionó una granja fortificada entre los años 150 y 80 antes de Cristo, durante la última etapa de la Edad del Hierro. El asentamiento ocupaba aproximadamente 1,2 hectáreas y estaba rodeado por zanjas que delimitaban las viviendas, los talleres y las instalaciones agrícolas.

Una misteriosa figura de piedra

La pieza más llamativa del hallazgo es una estatua de piedra caliza de 49 centímetros de altura y más de 18 kilos de peso. Aunque el paso del tiempo borró buena parte de sus detalles, todavía pueden reconocerse los ojos, la nariz, la boca y el comienzo de lo que habría sido el cabello de la figura.

La espada encontrada en el hallazgo fue dañada intencionalmente antes del abandono definitivo de la granja.

La espada encontrada en el hallazgo fue dañada intencionalmente antes del abandono definitivo de la granja.

Los investigadores creen que la escultura permaneció expuesta durante un largo periodo antes de ser depositada dentro de una de las zanjas. Su ubicación tampoco habría sido casual: fue colocada allí cuando la granja atravesaba una importante reorganización, posiblemente como una manera simbólica de cerrar una etapa del asentamiento.

A unos 90 metros de la estatua también se recuperaron fragmentos de la parte superior de un cráneo humano. No existen pruebas de que pertenecieran a la persona representada en la escultura ni de que fueran producto de una decapitación. Sin embargo, los arqueólogos consideran que pudieron conservarse como un objeto relacionado con la memoria de un antepasado o de una figura importante para la comunidad.

La espada que fue destruida antes de ser enterrada

Otro elemento clave del hallazgo fue una espada de hierro que todavía se encontraba dentro de su vaina. La pieza apareció junto a una zanja interna que separaba dos sectores de la granja, cerca de un paso utilizado por quienes vivían en el lugar.

Antes de ser depositada, el arma fue dañada hasta quedar completamente inutilizable. Los especialistas sostienen que esta acción se produjo durante el abandono definitivo del asentamiento y que pudo formar parte de un ritual destinado a clausurar simbólicamente el lugar.

Este tipo de práctica fue registrada en otros puntos de la Europa de la Edad del Hierro. Algunas espadas eran dobladas, retorcidas o cortadas antes de colocarlas en tumbas, ríos o espacios ceremoniales. Para aquellas comunidades, destruir un arma valiosa podía representar la muerte simbólica del objeto y el final de la autoridad o del poder asociado con su propietario.

Las excavaciones también mostraron que la granja estaba bien organizada y que sus habitantes desarrollaban diferentes actividades. En el lugar había evidencias de producción de hierro, molienda de cereales, elaboración de tejidos, preparación de alimentos y procesamiento de animales. Incluso se detectó una proporción inusualmente elevada de restos de caballos destinados al consumo.

Los arqueólogos consideran que el descubrimiento permite conocer cómo las comunidades galas acompañaban los cambios importantes con ceremonias. La estatua fue depositada durante una reforma de la residencia, mientras que la espada fue destruida cuando el establecimiento quedó vacío. Ambos actos parecen haber servido para conservar recuerdos y despedir formalmente el sitio antes de abandonarlo.