El ayuno intermitente tiene un poderoso beneficio: longevidad y cerebro
Lo que el ayuno intermitente le hace al cuerpo a partir de la hora 12. Qué le pasa al cuerpo después de 16 horas sin comer. Siempre con supervisión médica.
El ayuno intermitente no es una dieta . Foto: Getty Images
El ayuno intermitente no es una dieta. Es un patrón de alimentación con respaldo científico. Más de 1.500 estudios publicados en los últimos 10 años analizan sus efectos sobre el metabolismo, el cerebro y la longevidad. El beneficio más importante no es bajar de peso. Es un proceso celular llamado autofagia.
El cuerpo empieza a repararse solo cuando haces ayuno intermitente
La autofagia es el beneficio que cambió la conversación científica. En 2016, el biólogo japonés Yoshinori Ohsumi ganó el Premio Nobel de Medicina por estudiar este mecanismo. La autofagia es el proceso por el cual las células eliminan sus propios componentes dañados y los reciclan. Ocurre con fuerza a partir de las 12 a 16 horas de ayuno. Es, en términos simples, la limpieza interna que el cuerpo solo activa cuando no digiere.
El hígado graso retrocede con semanas de ayuno sostenido. Un estudio publicado en Cell Metabolism en 2022 mostró que el ayuno intermitente redujo la grasa hepática en un 3% en tan solo tres semanas.
La insulina baja y el cuerpo accede a sus reservas de grasa.Cuando no hay ingesta de alimentos, los niveles de insulina caen. Con insulina baja, el organismo activa la lipólisis: el proceso de quemar grasa almacenada como fuente de energía. Una revisión de 27 estudios publicada en Obesity Reviews confirmó que el ayuno intermitente reduce el índice de masa corporal entre un 0,8% y un 13% según la duración del protocolo.
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El cerebro también recibe un beneficio
El ayuno eleva los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro, conocido como BDNF. Esta proteína protege las neuronas y estimula la formación de nuevas conexiones. El Instituto Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos vincula niveles altos de BDNF con menor riesgo de Alzheimer y Parkinson. Dieciséis horas sin comer producen un aumento medible de esta proteína en sangre.