Presenta:

Cuatro ejercicios simples para fortalecer las muñecas y ganar movilidad

Una rutina con ejercicios de fuerza y movilidad puede mejorar el funcionamiento de las muñecas, siempre que se realice sin dolor y con cargas livianas.

Los ejercicios de movilidad y fuerza pueden incorporarse de manera gradual a la rutina cotidiana.

Los ejercicios de movilidad y fuerza pueden incorporarse de manera gradual a la rutina cotidiana.

Las muñecas intervienen al escribir, abrir una puerta, sostener una taza, cargar bolsas o practicar ejercicios. Pese a su participación constante en la vida diaria, pocas veces reciben atención hasta que aparece una molestia. Una rutina breve puede contribuir a conservar su fuerza y movilidad, siempre que se realice sin dolor.

Esta zona no funciona como una única articulación. Reúne ocho huesos del carpo, los extremos del radio y el cúbito, ligamentos, tendones y conexiones con los metacarpianos de la mano. Las lesiones, las caídas y los esfuerzos repetitivos pueden alterar ese equilibrio, limitar los movimientos y dificultar actividades cotidianas.

Hombros y agarre: fortalecer toda la cadena

El primer ejercicio trabaja los hombros. De pie, con los brazos extendidos hacia los costados y los codos rectos o levemente flexionados, se elevan ambas extremidades de manera controlada hasta llevarlas por encima de la cabeza. Después se regresa lentamente a la posición inicial. Aunque el movimiento parece alejado de las muñecas, unos hombros fuertes ayudan a distribuir las cargas a lo largo del brazo.

El segundo apunta a la fuerza de agarre. Puede utilizarse una pelota de terapia, masilla de silicona, una esponja firme o una pelota de tenis. El objeto se coloca en la palma y se aprieta durante cinco segundos, sin tensar excesivamente los dedos. Luego se relaja la mano durante un período similar. El movimiento puede repetirse diez veces de cada lado.

Este ejercicio activa músculos flexores y extensores del antebrazo cuyos tendones atraviesan la muñeca. El Servicio Nacional de Salud británico también incluye la presión de objetos blandos entre sus alternativas de fortalecimiento suave.

Flexión y extensión con resistencia liviana

Para el tercer movimiento, hay que sentarse frente a una mesa, apoyar el antebrazo y dejar la mano fuera del borde. Con una pesa liviana o una botella pequeña, se coloca primero la palma hacia arriba y se eleva la mano mediante la flexión de la muñeca. El antebrazo debe permanecer apoyado, sin participar del movimiento.

Después se gira la mano para que la palma apunte hacia el piso. Desde esa posición se levanta lentamente el dorso de la mano y se vuelve al punto inicial. También puede emplearse una banda elástica con resistencia baja. La carga adecuada debe permitir controlar cada repetición sin generar dolor, temblores ni compensaciones con el codo o el hombro.

El peso necesario varía según la fuerza, la edad y los antecedentes de cada persona. Por esa razón, las guías hospitalarias recomiendan comenzar con un objeto liviano y evitar movimientos forzados. Una carga excesiva puede irritar tendones o agravar una lesión previa.

Rotaciones para recuperar variedad de movimiento

El cuarto ejercicio combina supinación y pronación, los movimientos que permiten orientar la palma hacia arriba o hacia abajo. Con el codo flexionado y pegado al cuerpo, se sostiene un objeto liviano en posición vertical. La mano gira lentamente hacia un lado, vuelve al centro y rota en sentido contrario. El recorrido debe resultar cómodo y mantenerse bajo control.

Estas rotaciones compensan las posiciones fijas que suelen adoptarse frente al teclado o al teléfono. La Mayo Clinic también aconseja intercalar movimientos y estiramientos suaves durante la jornada laboral para reducir la rigidez de manos, muñecas y antebrazos.

Como referencia general, puede comenzarse con una serie de diez repeticiones y aumentar de forma gradual. No existe una frecuencia universal: la intensidad debe adaptarse a la condición física y al objetivo de cada persona. Quienes tengan una lesión, artritis, inflamación, hormigueo, pérdida de fuerza o dolor persistente deben consultar a un profesional antes de iniciar la rutina. Si alguna maniobra provoca dolor, corresponde suspenderla y buscar evaluación médica.