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Cómo lavar las toallas para que queden suaves y como nuevas

Si tus toallas perdieron su suavidad y frescura, un sencillo truco casero con vinagre blanco y bicarbonato puede revertir el daño y dejarlas como nuevas.


La limpieza del hogar puede ser algo frustrante cuando las cosas no salen como esperamos. Muchas veces, por el lavarropas, el detergente o el uso de suavizante, las toallas y toallones quedan duros o pierden la suavidad que tenían cuando eran nuevos. Lavado tras lavado, la diferencia comienza a notarse.

Pero cambiar esto es muy fácil y se puede lograr con un ingrediente que seguramente ya tenés en casa: vinagre blanco. Este producto se convirtió en un aliado indispensable para la limpieza y también ayuda a suavizar las toallas. La razón es simple: el ácido acético que contiene neutraliza los residuos alcalinos del jabón y los minerales del agua dura que quedan atrapados en las fibras. De esta manera, las toallas recuperan parte de su suavidad.

En qué momento agregar el vinagre durante el lavado

Agregar vinagre al lavado no significa sumar un producto más a los que ya utilizamos, sino reemplazar el suavizante colocándolo en el mismo compartimento del lavarropas.

Los expertos en limpieza recomiendan no mezclarlo con el detergente, ya que ambos productos pueden neutralizar sus efectos y reducir su eficacia.

Con un simple cambio en el lavado, las toallas pueden volver a sentirse como nuevas. Foto: Shutterstock

Qué hacer si las toallas están muy percudidas

Si este método no es suficiente y las toallas siguen viéndose antiguas o percudidas, existe un paso previo que puede mejorar notablemente su aspecto, aunque requiere un poco más de tiempo.

Se recomienda dejarlas en remojo entre 15 y 20 minutos en agua tibia con bicarbonato de sodio. Luego, realizar el lavado habitual en el lavarropas utilizando vinagre blanco en lugar del suavizante.

¿Quedan suaves, pero con olor a vinagre?

El olor a vinagre suele desaparecer por completo cuando las toallas se secan. Para lograr un mejor resultado, se recomienda colgarlas apenas finaliza el lavado y evitar dejarlas durante mucho tiempo dentro del tambor del lavarropas.

También es importante asegurarse de que se sequen en un lugar con buena circulación de aire y guardarlas únicamente cuando estén completamente secas. De esta manera, conservarán su suavidad y evitarán la aparición de humedad o malos olores.