Casas por US$30.000 y entrega en 90 días: la alternativa que crece en Argentina
Con precios desde US$30.000 y plazos de entrega acotados, las casas modulares se instalan como opción frente a un mercado cada vez más caro.
Estas casas son una opción para conseguir una primera vivienda propia.
Acceder a casas en la Argentina se convirtió en una carrera cuesta arriba. La suba del costo de construir, medida en dólares, y la escasez de crédito hipotecario dejaron a muchos hogares fuera del sistema. En ese escenario, las casas modulares o industrializadas empezaron a ocupar un lugar que antes era marginal.
Hoy se ofrecen modelos cercanos a los US$30.000. Y se promete entrega en alrededor de 90 días. El fenómeno crece porque combina un precio relativamente previsible con tiempos más cortos que la obra tradicional.
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Una salida ante el costo y la falta de crédito en Argentina
La construcción convencional acumuló aumentos fuertes y, aunque algunos actores del sector señalan una baja reciente, el salto interanual sigue pesando. A eso se suma un límite que se repite: los préstamos hipotecarios accesibles casi no aparecen, y cuando existen no suelen cubrir el valor completo de una propiedad. El economista Esteban Domecq, de Invecq Consulting, advirtió en presentaciones del rubro que la falta de crédito continuaría siendo una constante en el corto plazo. Con ese panorama, el mercado empezó a mirar soluciones que no dependan del banco y que reduzcan la incertidumbre.
La diferencia central del sistema modular está en el modo de producción. Estas viviendas se arman en planta con procesos estandarizados y controles de calidad. No dependen tanto del clima ni de una obra extensa “a cielo abierto”. Eso recorta demoras y, sobre todo, achica los desvíos de presupuesto. El comprador suele entrar con un precio pactado desde el inicio y con un calendario más claro. También influyen factores concretos: estructura de acero, sistemas en seco, menos desperdicio de materiales, logística más ordenada y menor carga de costos indirectos y financieros.
Ahorro en cuotas y compra por fracciones
Dentro de esa tendencia aparece IDERO, una firma que empuja la construcción industrializada y lanzó el programa Casa Propia. El esquema propone ahorro progresivo y compra por fracciones, pensado para quienes no califican para un crédito tradicional. Apunta a jóvenes, parejas y familias que buscan previsibilidad. La demanda se explica, en parte, por el déficit habitacional que supera los 3,2 millones de hogares, según se menciona en el sector. En paralelo, la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos también puso el foco en la confianza: su presidente, Damián Tabakman, sostuvo que estas propuestas “reconstruyen la confianza del comprador, porque cumplen con la entrega y ordenan el proceso de acceso a la vivienda”.
El modelo suma un componente tecnológico. La operatoria se apoya en blockchain, desarrollada junto a Pala Blockchain, para registrar cada fracción de forma segura y trazable. Rodolfo Vigliano, cofundador y CEO de la compañía, explicó que ese registro permite que cada aporte tenga valor propio, pueda transferirse y funcione como resguardo mientras se avanza hacia la vivienda final. La idea es que el camino sea más transparente y con respaldo legal, incluso antes de llegar a la entrega.
Qué se entrega y por qué dejó de ser “precario”
En el caso de IDERO, las unidades arrancan en 30 m² y llegan hasta 78 m². Hay opciones de uno a tres dormitorios y hasta dos baños. Se entregan con instalaciones completas, aislación térmica y acústica, y terminaciones interiores y exteriores finalizadas. La casa llega lista para colocar sobre fundaciones que, en general, ejecuta el propietario en un terreno apto. Además, muchas propuestas son “evolutivas”: permiten sumar pérgolas, terrazas o ampliaciones por etapas. Incluso existe la posibilidad de trasladarlas a otro lote, un punto que suma valor para ciertos perfiles.
El crecimiento no se limita a una sola marca. Firmas como Modular Homes, Husly o Modulhouse ampliaron su catálogo en los últimos años, desde unidades compactas hasta viviendas familiares completas listas para instalar. Y el prejuicio sobre la calidad, especialmente en cocina y baño, empezó a perder fuerza. El arquitecto Federico Cairoli, especializado en sistemas industrializados, afirmó que hoy se emplean equipamientos comparables a los de un departamento urbano de nivel medio.
También remarcó que la gran diferencia está en el proceso: al fabricarse en planta, se trabaja sin humedad, con mejor control de niveles y con pruebas previas de instalaciones, lo que mejora la durabilidad y reduce fallas. En un contexto donde la obra tradicional supera con facilidad los US$1200 por m², la promesa de una casa desde US$30.000 aparece como una alternativa realista. Tabakman lo sintetizó con una idea de época: cuando industria, tecnología y financiamiento se alinean, el acceso a la vivienda deja de ser un deseo abstracto y se vuelve un proyecto posible.


