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Cada cuánto hay que cambiar las sábanas, según los expertos

Mantener la higiene de las sábanas es clave para evitar la proliferación de ácaros y microorganismos en la cama, especialmente durante el verano.


Pasar un tercio del día en la cama convierte a las sábanas en una de las prendas del hogar que más residuos acumula. La combinación entre sudoración nocturna, restos de grasa corporal y el desprendimiento de células muertas de la piel crea un escenario proclive para la proliferación de ácaros y microorganismos si no se mantiene un hábito de limpieza estricto.

Frecuencia para cambiar las sábanas

La recomendación estándar de los especialistas en higiene es renovar y lavar la ropa de cama una vez por semana. Esto garantiza retirar a tiempo los desechos corporales antes de que generen malos olores o afecten la piel.

La limpieza de las sábanas es muy importante.

Durante el verano o jornadas de intenso calor, la sudoración aumenta exponencialmente. En estas fechas es aconsejable cambiar el juego de sábanas dos veces por semana o apenas se perciba humedad.

Conviene acortar los plazos a dos o tres días si la persona padece sudoración profusa, si duerme junto a mascotas, si no suele ducharse antes de acostarse o si permanece mucho tiempo reposando en la cama durante el día.

Postergar la limpieza por varias semanas no solo impacta en la frescura del tejido. La acumulación sostenida de caspa, aceites y partículas genera un foco de alérgenos que puede irritar tanto la dermis como las vías respiratorias. A su vez, los tejidos absorben la humedad ambiente y corporal, reteniendo un olor rancio difícil de quitar con lavados rápidos posteriores.

Consejos para un lavado efectivo

En primer lugar, ajustar el programa del lavarropas, la temperatura del agua y la intensidad del centrifugado según la composición del textil (algodón, poliéster o lino).

Es imprescindible que la ropa de cama quede 100% seca antes de guardarla o colocarla nuevamente en el colchón; de lo contrario, la humedad atrapada favorecerá la aparición de hongos.

No hay que olvidar las fundas de las almohadas y las mantas, superficies en contacto directo con el rostro y la boca que requieren la misma continuidad de lavado.