Brasil esconde piscinas naturales increíbles y se vuelve un imán para argentinos en Semana Santa
Con playas certificadas, naturaleza preservada y rincones de agua cristalina, Santa Catarina en Brasil se consolida como una de las escapadas favoritas para argentinos.
Este destino de Brasil enamora con sus hermosos paisajes.
EmbraturA esta altura, Santa Catarina ya no necesita demasiada presentación entre los viajeros argentinos. La cercanía, el clima amable y la variedad de planes la convirtieron hace tiempo en una de las puertas de entrada más fuertes al sur de Brasil.
Pero detrás de sus postales clásicas de arena, mar y vida nocturna, el estado guarda otro atractivo que todavía no tiene tanta fama: una red de piscinas naturales que aparecen entre rocas, ríos, dunas y cañones, y que empieza a ganar terreno entre quienes buscan una experiencia más tranquila, más visual y más conectada con el paisaje.
Un destino que sigue creciendo entre argentinos y chilenos
El interés no es casual. Santa Catarina recibió en 2025 un total de 741.401 turistas internacionales, según datos de Embratur, la agencia oficial de turismo de Brasil. El salto fue fuerte si se lo compara con 2024, cuando habían llegado 495 mil visitantes del exterior. Los argentinos volvieron a ser, por amplia diferencia, el grupo más numeroso: 464.690 personas viajaron al estado a lo largo del año pasado. Y el arranque de 2026 mantiene esa inercia. Solo entre enero y febrero ingresaron más de 380.000 turistas extranjeros, una cifra que superó en más del 3% al mismo período del año anterior.
Marzo y comienzos de abril siguen siendo meses activos, con temperaturas todavía agradables y una oferta que no se agota en la playa. Para muchos argentinos, además, el contexto cambiario más estable favoreció las escapadas al exterior y estiró la temporada. En ese mapa, Santa Catarina aparece como una opción especialmente seductora para Semana Santa: está cerca, tiene buena conectividad y ofrece desde ciudades con movimiento, gastronomía y comercio, como Florianópolis, hasta refugios silenciosos donde lo que manda es la naturaleza.
Las piscinas naturales, el tesoro menos conocido del litoral catarinense
Ese costado menos masivo del destino se expresa en sus piscinas naturales. Se trata de formaciones donde el agua queda retenida por barreras naturales, como rocas o desniveles del terreno, y genera espacios calmos, poco profundos y visualmente impactantes. Algunas dependen de la marea. Otras surgen en el curso de ríos o en medio de las dunas. Lo interesante es que están repartidas de norte a sur y cada una propone una experiencia distinta.
En Florianópolis, las piscinas de Barra da Lagoa, entre esa playa y Galheta, son de las más conocidas. En días soleados, el agua retenida entre las piedras toma un color intenso y se mezcla con una vista panorámica del mar. En Bombinhas, Praia do Ribeiro ofrece otro clima: un rincón de aguas muy planas y transparentes, al que se llega por pasarelas de madera entre vegetación costera. Es un lugar muy elegido por quienes van con chicos o buscan un entorno más sereno. En Imbituba, el sector norte de Praia do Rosa suma un paisaje imponente, con rocas, acantilados y mar abierto, aunque allí las condiciones del oleaje obligan a tener más cuidado.
Del mar a los cañones: opciones para todos los perfiles
Más al sur, Guarda do Embaú combina Mata Atlántica, agua verdosa y senderos que exigen un poco más de esfuerzo físico. Sus piletas naturales, conocidas en la zona como las de la “Playita”, regalan una de las imágenes más atractivas de la región, aunque el acceso requiere caminar por un cerro con pendientes y tramos resbaladizos. Para quienes prefieren aventura en un escenario completamente distinto, el Cañón Malacara, en Praia Grande, dentro del Parque Nacional de la Serra Geral, ofrece pozones de agua transparente en medio de paredones de piedra. Allí el recorrido es de unos dos kilómetros y debe hacerse con guía autorizado, entre río, vegetación cerrada y fauna silvestre.
Garopaba suma otro paisaje singular. En la playa de Siriú, las lluvias pueden formar lagunas entre los desniveles de arena, conocidas como los “lençóis garopabenses”. La escena tiene algo de oasis costero: agua acumulada en medio de enormes médanos que llegan a los 40 metros de altura y que, además, atraen a quienes practican sandboard. Todo ese sector forma parte del Parque Estadual de la Serra do Tabuleiro, una de las áreas de conservación más importantes de Santa Catarina, creada para resguardar biodiversidad y ecosistemas del litoral.
Naturaleza cuidada y un sello que pesa cada vez más
El atractivo del estado no se sostiene solo por la belleza. También gana valor por la calidad ambiental de sus playas. En 2025, Brasil obtuvo 60 distinciones del programa Bandera Azul, uno de los reconocimientos internacionales más prestigiosos para playas y puertos deportivos. Santa Catarina lideró el ranking nacional con 31 localidades premiadas, por delante de Río de Janeiro, Bahía, San Pablo y Alagoas. El sello, otorgado por la Fundación para la Educación Ambiental, distingue estándares altos en calidad del agua, seguridad, infraestructura, gestión ambiental y educación ecológica.
Ese dato ayuda a explicar por qué Santa Catarina sigue consolidándose como un destino fuerte entre turistas regionales. No solo ofrece variedad, también proyecta confianza. Playas para surfistas, rincones familiares, paisajes casi intactos y la ventaja de estar lejos del problema del sargazo que afecta a zonas del Caribe. Para el presidente de Embratur, Marcelo Freixo, esa combinación funciona como una garantía frente al visitante internacional. Y, a juzgar por el movimiento de los últimos meses, la fórmula sigue dando resultado. Entre playas famosas y rincones todavía discretos, Santa Catarina encontró una manera de renovarse sin perder su esencia.


