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Brasil: el "desierto con lagunas de agua turquesa" que parece de otro planeta

En el norte de Brasil existe un parque único donde las lluvias crean miles de lagunas transparentes entre dunas móviles, un paisaje soñado.

Brasil no solo posee playas y hermosos pueblos, sino también dunas que se llenan de lagunas de agua turquesa.

Brasil no solo posee playas y hermosos pueblos, sino también dunas que se llenan de lagunas de agua turquesa.

Shutterstock

En el mapa de los destinos que parecen imposibles, hay uno que rompe la lógica: un “desierto” que, por varios meses, tiene más agua visible que arena seca. No está en Argentina ni en Chile, sino en el norte de Brasil, dentro del Parque Nacional Lençóis Maranhenses, reconocido por la UNESCO como sitio de valor natural excepcional.

El área protegida abarca cerca de 160.000 hectáreas y se extiende a lo largo de un perímetro aproximado de 270 kilómetros, con postales que mezclan dunas blancas y espejos de agua dulce.

Un calendario marcado por la lluvia

El clima del parque suele describirse como seco subhúmedo y mantiene una media cercana a los 26 °C. Sin embargo, lo que determina su personalidad no es la temperatura, sino el calendario. Allí conviven dos períodos bien definidos: la etapa de precipitaciones, que va de enero a julio, y la temporada más seca durante el resto del año. En los meses húmedos, el acumulado anual puede rondar los 1.600 milímetros, suficiente para transformar el relieve: el agua se deposita en depresiones naturales y aparecen lagunas temporales de tonalidades claras, a veces casi transparentes, encajadas entre montañas de arena.

El cambio se percibe con fuerza desde enero, cuando el paisaje empieza a “encenderse” con miles de espejos efímeros. Caminar por las dunas y encontrarse, de golpe, con una piscina natural de agua dulce es parte del encanto. Esa combinación, que recuerda a un escenario de ciencia ficción, es la razón por la que tantos viajeros vuelven con la sensación de haber visto un truco de la naturaleza, aunque todo responda a un mecanismo ambiental muy concreto.

Lençóis Maranhenses

Por qué el agua se ve tan limpia y cambia de color

El fenómeno es propio de una zona de transición ecológica donde se cruzan influencias de la Amazonia, la Caatinga y el Cerrado. Debajo de la capa de arenas finas y muy claras, el terreno está formado por rocas sedimentarias que facilitan la acumulación del agua de lluvia. A eso se suma un detalle clave: la ausencia de contaminantes y de grandes aportes de sedimentos orgánicos ayuda a conservar la transparencia. Cuando el sol pega de lleno, el fondo arenoso actúa como reflector y las lagunas pasan del celeste al verde, con variantes turquesas que cambian según la profundidad y la luz.

Se calcula que cerca del 60% del parque está dominado por dunas móviles que pueden alcanzar unos 40 metros de altura. Ese mar ondulante atrae a visitantes de muchos países: el año pasado, la región recibió más de 500.000 turistas. Brasil ofrece múltiples puntos fuertes, pero pocos combinan, en un mismo cuadro, desierto, agua dulce y colores tan intensos en un entorno tan amplio.

Lagunas famosas, fauna cerca y cómo llegar desde Buenos Aires

Entre los espejos de agua más buscados, Lagoa Azul suele concentrar la mayor parte del flujo turístico. Para quienes priorizan tonos distintos, Lago do Buriti Amarelo llama la atención por matices rojizos vinculados a la vegetación cercana. En tamaño y permanencia, se destaca Lagoa da Gaviota, en la zona de Santo Amaro: además de conservar agua durante todo el año, se volvió conocida por la posibilidad de deslizarse por las dunas, una experiencia que mezcla aventura y paisaje.

El atractivo no se limita a las lagunas y a playas casi vacías: también suman puntos los atardeceres, los cielos nocturnos y la biodiversidad. Con algo de suerte, se pueden observar y fotografiar osos hormigueros, tortugas, armadillos y perezosos. Los recorridos más recomendados incluyen caminatas sobre dunas que, por la humedad acumulada, suelen sentirse más firmes y frescas, paseos en barco por el río Preguiças y visitas a comunidades locales para acercarse a su cultura y su cocina.

Otro imperdible es el faro de Mandacaru, en una aldea pesquera: con 54 metros de altura, funciona como uno de los miradores más atractivos de la región. Para viajar desde Buenos Aires, lo habitual es volar a São Luís, capital del estado de Maranhão, y desde allí continuar por tierra hasta Barreirinhas, ubicada a unos 250 kilómetros del parque.