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Árbol de jade: los 3 cuidados clave para que tenga hojas grandes, carnosas y brillantes

Mantener un árbol de jade con hojas exuberantes exige atención a la luz, al trasplante y a la nutrición. Te damos 3 recomendaciones para que tu planta luzca toda su belleza en primavera.


El árbol de Jade es una de las plantas más elegidas para decorar el hogar gracias a su increíble capacidad de adaptación y a su fuerte vínculo con el Feng Shui, creencia que lo considera un símbolo de prosperidad y buena suerte. Aunque se trata de una especie resistente y fácil de cuidar, existen ciertos trucos para lograr que sus hojas crezcan grandes, carnosas y con un brillo verde intenso.

Según los especialistas, los aspectos fundamentales para mantenerlo impecable son: la iluminación, el trasplante y la fertilización durante la primavera.

El árbol de Jade necesita entre 4 a 6 horas de iluminación

La iluminación es la clave absoluta para su desarrollo. Requiere entre 4 y 6 horas de luz solar directa o muy brillante al día. Lo ideal es colocarlo cerca de ventanas orientadas al este para que reciba el sol suave de la mañana. Pero se debe evitar la exposición directa durante las horas centrales del mediodía, ya que la radiación intensa puede quemar las hojas, volverlas delgadas, arrugadas o provocar su caída prematura.

Los 3 cuidados necesarios para que el árbol de Jade crezca fuerte y sano.

Primavera: el momento ideal para el trasplante

Por otro lado, el trasplante en el momento justo puede cambiar el aspecto de tu planta. Si buscás que mantenga su esplendor en los meses cálidos, la mejor época para cambiarlo de recipiente es la primavera o el comienzo del verano, cuando la planta transita su fase de crecimiento activo. Nunca se aconseja hacerlo en invierno, ya que el reposo vegetativo le impedirá adaptarse al nuevo sustrato.

Fertilizantes con nitrógeno y potasio: una bomba de nutrientes

Finalmente, los fertilizantes actúan como el último empujón que necesita la planta para mostrar todo su esplendor. Los expertos sugieren aplicar un fertilizante específico para suculentas diluido en el agua de riego cada 4 o 6 semanas. Para estimular un desarrollo acelerado de ramas y follaje, el abono debe contener una buena proporción de nitrógeno y potasio.