Xiaomi achica la brecha en su gama media premium con los nuevos Xiaomi 17T y 17T Pro
Analizamos los detalles técnicos de la nueva línea de Xiaomi. Evaluamos el rendimiento y la consistencia fotográfica del modelo base y la versión Pro.
Xiaomi 17T: un gama media con lentes profesionales Leica.
XiaomiEl mercado de Xiaomi recibe una nueva batalla interna dentro de la gama media alta. El nuevo Xiaomi 17T llega junto a su variante Pro para disputar el segmento premium de la firma, ofreciendo un equilibrio de hardware que pone en duda la necesidad de estirarse económicamente hasta el modelo más costoso.
Dimensiones, pantalla y el rendimiento de los procesadores
A diferencia de la generación anterior donde los modelos compartían chasis, este año el teléfono base presenta un formato más compacto. El terminal estándar posee una pantalla AMOLED de 6,59 pulgadas con una tasa de refresco de 120Hz, lo que reduce su peso a los 200 gramos. Por su parte, la variante Pro eleva el tamaño del panel hasta las 6,83 pulgadas y estira la velocidad de actualización a los 144Hz, montando una estructura con marco de aluminio en lugar del marco de plástico presente en la versión económica.
En el interior de los equipos, la marca mantiene su alianza con la firma MediaTek pero utiliza componentes de diferente jerarquía. El modelo base incorpora el procesador Dimensity 8500 Ultra de 4 nanómetros, mientras que el Pro sube un escalón técnico con el chip Dimensity 9500 de 3 nanómetros. Las pruebas de rendimiento sintéticas de AnTuTu reflejan una distancia amplia: el Pro alcanza los 2.795.030 puntos, superando por más del 70% los 1.640.834 puntos logrados por el procesador del terminal estándar. Esta potencia bruta se traduce en una mayor fluidez para videojuegos exigentes y tareas pesadas de procesamiento de datos.
Un sistema fotográfico Leica que desafía las jerarquías
El apartado de las cámaras muestra un movimiento inusual por parte de Xiaomi. El modelo convencional heredó el teleobjetivo de la gama superior, incorporando un sensor Samsung de 50 megapíxeles con un lente equivalente a 115 mm que otorga un zoom óptico de 5 aumentos. En las pruebas de captura diurnas y nocturnas, las imágenes del terminal estándar registraron una definición de detalles y una nitidez en los contornos que se posiciona incluso por encima de los resultados de la versión Pro, la cual aplica un procesamiento digital de enfoque más agresivo.
La cámara principal del modelo estándar utiliza el sensor Light Fusion 800, mientras que el Pro porta el Light Fusion 950, ambos de 50 megapíxeles. El sensor del modelo Pro posee un formato físico mayor (1/1.3 pulgadas frente a 1/1.55 pulgadas), lo que le permite procesar sombras con una luminosidad superior en entornos nocturnos. Sin embargo, en la grabación de video, el equipo básico demostró una consistencia mayor en el control de la exposición bajo luz artificial, evitando las sobreexposiciones que se observaron en los clips del modelo superior.
La autonomía de la batería inclina la balanza hacia el lado del Pro gracias a su celda de 7.000 mAh, que rinde más de 21 horas de uso activo frente a las 17 horas que entrega la unidad de 6.500 mAh del modelo base. Además, la velocidad de carga de 100W completa el proceso en 44 minutos y suma soporte para carga inalámbrica de 50W, prestaciones que no están disponibles en la variante estándar.
Con una diferencia de precio de 150 euros en el mercado europeo, el modelo base se posiciona como una opción de compra inteligente. El dispositivo entrega una experiencia fotográfica equivalente y, en ciertos escenarios de video, superior a la de su hermano mayor. La decisión de invertir en la versión Pro se justifica únicamente para aquellos usuarios que requieran la máxima potencia para videojuegos o valoren la comodidad de la carga inalámbrica diaria.