Windows 11 no despega: el renovado explorador consume más memoria RAM y sigue sin alcanzar a Windows 10
La última actualización de Windows 11 mejora levemente la velocidad del explorador, pero aumenta el consumo de memoria RAM.
Windows 11 sigue sin sentirse ligero ni optimizado.
Imagen generada por la IAA cuatro años de su lanzamiento, Windows 11 continúa sin conquistar a los usuarios. Pese a los esfuerzos de Microsoft por mejorar su rendimiento y pulir funciones clave, el sistema operativo vuelve a estar en el centro de las críticas. Esta vez, por una actualización que prometía resolver uno de sus problemas más persistentes: la lentitud del explorador de archivos.
Sin embargo, pruebas recientes indican que el renovado explorador no solo sigue siendo más lento que el de Windows 10, sino que además consume más memoria RAM, profundizando la percepción de que Windows 11 no logra alcanzar la eficiencia de su predecesor.
Una mejora que no alcanza: más rápido, pero también más pesado
Desde su debut, el explorador de archivos de Windows 11 ha sido motivo de frustración. Al ejecutarse como una especie de “app independiente” dentro del sistema —y no como un proceso integrado como en Windows 10— su rendimiento ha sido irregular: tiempos de apertura más largos, congelamientos ocasionales y un consumo de recursos desproporcionado para una acción tan básica como navegar carpetas.
Consciente de este problema, Microsoft comenzó a probar un nuevo explorador en fases internas y en los canales de prueba. Según evaluaciones de Windowslatest, el explorador actualizado se precarga apenas se inicia el sistema, logrando reducir ligeramente el tiempo de apertura.
El resultado: sí, es algo más rápido que el actual explorador de Windows 11, pero sigue sin alcanzar la velocidad del explorador de Windows 10.
El problema adicional es que la mejora llega acompañada de un costo importante: un mayor consumo de memoria RAM. Lo que Microsoft presenta como una optimización termina dejando un balance negativo para usuarios con equipos menos potentes, que ya vienen acusando el peso del sistema operativo.
Un problema estructural que arrastra desde su lanzamiento
Las limitaciones del explorador de archivos son solo la punta del iceberg. Windows 11 exige más recursos de procesador, memoria y gráficos que Windows 10, incluso para tareas simples. Esa carga se explica, según expertos, por decisiones profundas en la arquitectura del sistema, particularmente en la forma en que Microsoft modernizó parte de la interfaz unificando elementos heredados con componentes UWP y WinUI.
El resultado ha sido un sistema híbrido, visualmente atractivo, pero poco optimizado. Esta situación hace que problemas como el del explorador de archivos no puedan solucionarse sin cambios en capas profundas del sistema; cambios que, según analistas, podrían no llegar hasta Windows 12.
Mientras tanto, la percepción del público es clara. Pese al cese de soporte de Windows 10 —que en Europa fue extendido hasta octubre de 2026— esta versión sigue siendo ampliamente más popular. Millones de usuarios continúan prefiriéndola por su estabilidad, rendimiento y menor consumo de recursos, incluso cuatro años después de que Windows 11 se presentara como su reemplazo natural.
La brecha en adopción refleja un tropiezo para Microsoft, que no ha logrado posicionar a Windows 11 como una evolución convincente. Sus intentos de mejorar funciones clave continúan enfrentando resistencia y, por ahora, cada actualización parece subrayar el mismo problema: la nueva versión de Windows aún no se siente tan rápida, eficiente y confiable como la anterior.



