ver más

El 2026 podría ser más caro para los gamers: el ajuste que se vería en el precio de los juegos AAA

El salto no sería donde los gamers miran: en 2026, el juego podría seguir igual de precio, pero el gasto real se movería a otro lado y se sentiría cada mes.


Durante 2025, los gamers se acostumbraron a ver cómo subían los precios por todos lados: consolas, juegos, servicios y hasta ediciones especiales que antes parecían un lujo ocasional. Ese clima de ajustes dejó una pregunta instalada para el año que viene: ¿los juegos serán más caros en 2026? La respuesta, según el analista Piers Harding-Rolls (Ampere Analysis), es más incómoda de lo que parece, porque el golpe más fuerte podría no estar en el precio del juego base, sino en algo mucho más cotidiano: las microtransacciones.

Harding-Rolls parte de una idea central: el mercado ya mostró que existe margen para que algunos juegos AAA den el salto a 80 dólares, especialmente si la industria lo “necesita” para sostener costos y rentabilidad. De hecho, Nintendo ya ofrece algunos juegos por 80 USD, y eso funciona como una señal potente. Sin embargo, el analista no cree que esa cifra se convierta en una norma automática durante los próximos 12 meses. Para él, lo más probable es que el estándar se mantenga en 70 dólares, con excepciones puntuales: grandes lanzamientos, franquicias con fanbase asegurada o productos que puedan sostener el precio por marca y expectativa.

En otras palabras: 2026 podría no ser el año en el que todos los títulos se vuelvan “80 por defecto”, pero sí uno en el que ese número deje de parecer imposible. En el mismo escenario entra un antecedente reciente: Xbox anunció un aumento en el costo de sus juegos, pero luego se retractó, lo que muestra que el mercado todavía tiene sensibilidad, y que la presión del público puede frenar decisiones impopulares. Aun así, Harding-Rolls advierte que la influencia de Nintendo puede empujar a más empresas a animarse a subir al menos 10 dólares en sus juegos AAA más fuertes.

Nintendo Switch 2-Argentina - Interna 2

Algunos títulos AAA podrían costar 80 dólares, algo que no afectaría a todos los gamers por igual.

El verdadero ajuste en 2026: microtransacciones más caras (y menos visibles)

Donde el pronóstico se vuelve más áspero es en el terreno de las compras internas. Para Harding-Rolls, las compañías encontrarán un camino “más fácil” para mejorar ingresos sin tocar tanto el precio del juego base: hacer más caro el contenido dentro del juego. Hablamos de cosméticos, pases de batalla, monedas virtuales y paquetes que hoy ya forman parte del hábito de millones de jugadores, tanto en títulos free-to-play como en juegos pagos.

El argumento del analista es directo y, desde lo empresarial, lógico: ahí es donde está buena parte del gasto real del mercado. “Dado que las compras dentro de la aplicación son donde se genera la mayor parte del gasto en todo el mercado de videojuegos, podría haber una mayor inflación en esta parte de la monetización”, sostuvo. Y agregó un punto clave para entender por qué este ajuste puede avanzar casi sin fricción: “En general, creo que es más fácil modificar el valor de un paquete de compras dentro de la aplicación, y un aumento de precio en un paquete económico es más fácil de implementar sin perjudicar la confianza de los jugadores”.

Traducido al lenguaje gamer: si un juego cuesta 70 dólares, el salto a 80 se nota y genera debate. Pero si un paquete de monedas sube un poco, o si el pase trae menos valor por el mismo precio, el cambio puede pasar más desapercibido… hasta que la suma de pequeñas compras empieza a doler más que el juego en sí.

Xbox-Juegos más Caros - Portada

La suba del precio de la memorias presiona a las consolas, PC y hardware de los gamers.

Hardware bajo presión: la memoria como amenaza silenciosa

El otro frente que podría complicar 2026 no está en la tienda digital, sino en la cadena de producción. Harding-Rolls advierte sobre un factor que ya viene golpeando fuerte a los gamers: el aumento del precio de distintos tipos de memoria. La demanda se disparó y el fantasma de la escasez aparece por un motivo que excede a los videojuegos: el auge de la inteligencia artificial, que requiere enormes cantidades de memoria y capacidad de almacenamiento para procesar datos.

Las consecuencias, según el escenario planteado, ya se sienten: fabricantes de hardware peleando por asegurar stock de memoria que sube de precio de manera continua. Y si ese componente clave sigue encareciéndose, tarde o temprano se trasladará al consumidor: consolas más caras, componentes de PC con nuevos saltos y, en general, dispositivos con ajustes que vuelven más difícil el acceso o la actualización.

En síntesis, 2026 se perfila como un año de precios tensos, pero con una diferencia crucial: quizá no veamos un cambio brutal y universal en el valor del juego base. El “nuevo caro” podría venir en cuotas, en forma de cosméticos, monedas y pases cada vez más costosos, mientras el hardware se enfrenta a un mercado de memoria presionado por la ola de la IA. Y para el jugador, eso suele ser peor: porque no se paga una sola vez, se paga todo el tiempo.