Zukersüss, la heladería que la Ciudad de Mendoza nunca olvidó
Un heladería de la cual no quedan registros, pero que su paso por la Quinta Sección aún guarda fanáticos. Su fundador, Duilio, atesora más que solo recuerdos de aquel proyecto.
En la esquina de Martínez de Rozas y Leonidas Aguirre, frente a la plazoleta Gualberto Godoy, hoy funciona Bianco y Nero. Hay café, mesas afuera y movimiento constante. Pero durante casi una década, entre principios de los 2000 y 2013, ese punto de la Quinta Sección en la Ciudad de Mendoza fue territorio de una heladería distinta. Se llamaba Zuckersüss y todavía hay vecinos que la recuerdan con cariño como si hubiera cerrado ayer.
Duró menos de una década y desapareció casi sin hacer ruido. No hubo grandes anuncios ni despedidas ruidosas. Así, hay lugares que bajan la persiana y desaparecen. Y hay otros que quedan flotando en la memoria del barrio. Zuckersüss pertenece a esa segunda categoría.
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MDZ se reunió con Duilio Soppelsa, su dueño y fundador. Hoy habla sin estridencias y con orgullo de oficio. “Yo nunca he tenido envidia. Y los demás heladeros no son competidores míos, sino colegas”, dice hoy, ya lejos del mostrador, pero con la misma convicción de siempre.
Un oficio que vino con su apellido
La historia de Duilio está inevitablemente ligada a la tradicional heladería Soppelsa, una marca histórica en la provincia. Pero cuando habla de su recorrido, prefiere correrse del peso simbólico del apellido y poner el foco en el trabajo. No se define por la herencia, sino por el oficio aprendido desde chico.
Su vínculo con el helado empezó literalmente en las viejas fábricas. En el local de Belgrano y Emilio Civit, el corazón estaba en el sótano. “Bajábamos hasta el sótano de la heladería donde estaba la fábrica. Ahí con mis dos primos, jugábamos y trabajábamos. O hacíamos que trabajábamos, pero a medida que íbamos creciendo, empezamos a trabajar realmente. A trabajar en serio. Adentro de los negocios”, recordó con orgullo.
En ese espacio aprendió lo básico y lo esencial. Desde exprimir naranjas hasta entender el funcionamiento de máquinas industriales. “Y ahí aprendí a exprimir las naranjas, que yo conservé hasta la época de Zuckersüss, el exprimidor original”, detalló.
Con el tiempo amplió su formación en pastelería y trabajó en distintos espacios. Sumó experiencia, atravesó etapas complejas y entendió que el camino no siempre es lineal. La crisis del 2001 marcó un punto de quiebre “¿Y qué había que hacer? Volver a empezar”, dice Duilio.
Pasó por La Danesa como empleado y más tarde buscó inversores hasta que apareció la posibilidad concreta de volver a fabricar. Esa decisión no fue una continuidad automática de la tradición familiar, sino una apuesta personal: “Las recetas las tenía y las máquinas las tenía”, remarcó. Así fue que empezó a tomar forma la idea de algo propio. La semilla de lo que después sería Zuckersüss.
El nacimiento de una heladería distinta
El nombre no fue casual. “Todos los mejores heladeros del mundo vienen del Véneto. Después de la Segunda Guerra muchos se fueron a Alemania. Entonces, en homenaje a esos heladeros italianos que emigraron, fue ese nombre alemán. Zucker süss significa dulcísimo”. Hoy Duilio guarda en su casa aquel viejo cartel que anunciaba el ingreso a Zuckersüss.
Era impronunciable para muchos mendocinos, pero funcionó igual. “La aceptación fue inmediata”, recuerda. La inauguración fue una puesta en escena, con artistas y colegas invitados. La fábrica se instaló en Guaymallén. El local, en la Quinta Sección donde encontró su público. Familias, jóvenes y vecinos del barrio adoptaron el lugar.
En Zuckersüss no se vendía solo helado. “Nunca se vendió helado solo. Se vendió helado y repostería. Después le anexé un cafecito”, retrató Duilio.
Las muses fueron un fenómeno. “Vendíamos más muses que helado. Me cansé de vender eso, pero me cansé”. Mousse de chocolate, de dulce de leche, combinadas. También había sabores de helado que no estaban en otras vitrinas. El de leche condensada era uno de ellos.
De joven, Duilio asegura haber creado algo inusual: “Inventé el primer bar helado de Argentina”. Copas con helado de vainilla y vino Marsala que se revolvían a cucharadas y otras combinaciones de helado y alcohol. En Zuckersüss no lo replicó por cuestiones municipales, pero la lógica de innovar siguió intacta.
La defensa del helado artesanal
Más allá de la estética y la propuesta, Zuckersüss era una declaración de principios. “Es muy largo el proceso de hacer helado artesanal real. Y eso lo sabe un maestro heladero que soy yo”, remarcó.
Para él, todo empieza en la materia prima y en las máquinas. “Las máquinas tienen que ser viejas. La nueva tecnología no sirve. No te hace el mismo helado pesado. Ni el mismo sabor”. Y remata: “Reformular lo sabe solamente un maestro heladero. Nadie más”, sentencia.
Para él, el oficio no se negocia. “Ser heladero es saber equilibrar, probar, corregir. No es apretar un botón”, dice. Esa mirada fue el corazón de Zuckersüss.
La historia de la menta granizada
Hay una afirmación que Duilio sostiene sin titubeos y que forma parte de su identidad profesional: asegura haber inventado la menta granizada. La historia se remonta a sus años en el local Soppelsa de calle San Martín. En ese momento, la pasta italiana para hacer helado de menta era blanca. “Parecía dentífrico que estabas comiendo”, recuerda entre risas. Con el tiempo apareció la versión verde, pero en esos primeros años la menta no tenía el color que hoy todos asocian automáticamente al sabor.
En el kiosco de la esquina de Rivadavia y San Martín vendían una golosina muy popular en la época: la barra Colibrí, un chocolate con alma de menta verde en el centro. Después aparecería el medallón Águila con la misma lógica: baño de chocolate por fuera y corazón verde por dentro. “Y ahí dije: opa, vamos a hacer menta granizada”, cuenta.
La idea era simple y disruptiva al mismo tiempo: unir ese contraste que ya funcionaba en las golosinas con el helado artesanal. Incorporar el chocolate no como baño exterior, sino como granizado dentro de la crema de menta. “Lo inventé yo”, afirma sin rodeos.
El público cambió
Con el paso de los años, también cambió el consumidor. Duilio lo observa sin nostalgia excesiva. Zuckersüss fue parte de una etapa donde la heladería marcaba el gusto del cliente. Hoy, según Duilio, la lógica es otra. “Antes nosotros le encajábamos el sabor al público. Hoy el público elige”, explicó.
Para él, eso no es necesariamente negativo. Es parte de una época donde la oferta es más amplia y donde el consumidor arma su propio recorrido: “Te toma el pistacho de Perín, en Angolo Dolce el limón siciliano y en Ferruccio el chocolate almendrado. Hoy así es el público. No se casa con nadie y me parece muy bien”, detalló con claridad.
Una marca que quedó en la memoria
Zuckersüss duró menos de una década. No se expandió ni se transformó en cadena. Fue un proyecto artesanal y personal.
“Soy orgullosamente mendocino”, dice Duilio. “Mendoza nos dio lo que somos”. Esa pertenencia explica también por qué la heladería se instaló en pleno barrio residencial y no en un polo comercial.
Hoy la esquina es ocupada por otra heladería. Pero para muchos vecinos de la Quinta Sección, todavía es “donde estaba Zuckersüss”. Y detrás de ese recuerdo, la figura de un maestro heladero único.










