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Yamila Yad: "La inteligencia artificial enamora porque está todo el tiempo disponible"

La psicóloga Yamila Yad reflexiona sobre los cambios en la salud mental, el impacto de las redes y los riesgos de reemplazar la terapia por inteligencia artificial.

Yamila Yad MDZ en diálogo 1
Juan Mateo Aberastain / MDZ

En un contexto atravesado por la hiperconectividad, las redes sociales y la inmediatez, la salud mental enfrenta nuevos desafíos. La psicóloga Yamila Yad analizó en la primera edición de MDZ En Diálogo cómo, si bien los conflictos humanos siguen siendo los mismos, las formas de transitarlos cambiaron profundamente.

Desde su experiencia clínica, advirtió sobre una creciente dificultad para tolerar la frustración, especialmente entre los más jóvenes, y señaló el peso de los modelos irreales que circulan en redes sociales. La constante comparación y la búsqueda de aprobación moldean nuevas formas de malestar.

Al mismo tiempo, comenzó a emerger un fenómeno reciente: el uso de inteligencia artificial como sustituto del espacio terapéutico. Yad planteó los riesgos de esta tendencia y destacó el valor insustituible del vínculo humano en los procesos de análisis.

En esta entrevista, compartió su mirada sobre los cambios culturales, los desafíos actuales de la psicología y el delicado equilibrio entre tecnología y salud mental.

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Entrevista a Yamila Yad para MDZ en diálogo

Conversamos con la psicóloga Yamila Yad sobre el impacto de la IA en la vida de las personas

En tu experiencia, ¿los problemas de los argentinos cambiaron en los últimos años?

—No, yo creo que desde hace muchos años la problemática no cambió tanto. El padecimiento humano es bastante constante: duelo, amor, familia, muerte, son temas muy repetitivos en la clínica. Lo que sí cambió, y mucho, es la forma de abordarlos. Hoy estamos en un mundo de hipercomunicación, de redes sociales, estamos expuestos constantemente a la comparación. Hay muchas más bajas tolerancias a la frustración y una búsqueda constante de aprobación. Entonces creo que lo que cambió es la forma en que intentamos solucionar estos problemas o incluso cómo intentamos negarlos, y no tanto los problemas en sí. Son distintas estrategias frente a las mismas problemáticas de siempre.

¿Qué pasa con esa baja tolerancia a la frustración que mencionás?

—Yo creo que hoy el éxito está muy idealizado a partir de las redes sociales. Vemos un montón de influencers que tienen una vida ideal que no existe. Entonces hay muchos jóvenes que creen que eso es una realidad posible de alcanzar, que los streamers a los 20 años son multimillonarios y viajan por el mundo jugando videojuegos. Eso es vivir lo aspiracional, pero hay un mito ahí.

Yo siempre digo que hay que consumir las redes sociales como quien ve una serie: está buenísima la trama, pero es una ficción. No existe tal cual como lo venden, justamente porque quieren vender. El problema es que un chico de 16 años cree que eso es alcanzable, y ahí aparece el sentimiento de insuficiencia, el “¿por qué yo no puedo ser así?”. Eso se ve mucho.

Aparece también algo nuevo: personas que consultan a la inteligencia artificial como si fuera un psicólogo. ¿Cómo funciona eso?

—Es una gran competencia y, en un punto, es peligrosísimo. Primero, porque no funciona como psicólogo, por más que uno le pida que actúe como tal. Hay algo del vínculo humano que no se puede reemplazar. Más allá de cualquier escuela, lo que cura es el vínculo. Ahora bien, si lo pensamos, la inteligencia artificial enamora porque está todo el tiempo disponible, a demanda, y te da respuestas organizadas, cerradas, consejos, un camino a seguir. Y como es “inteligente”, creemos que no se va a equivocar, que tiene una verdad que nosotros no tenemos. Eso se contradice con el rol del psicólogo o del psicoanalista, que no busca darte respuestas cerradas sino que intenta que vos mismo te las preguntes.

¿Dónde radica el mayor riesgo de ese uso?

—Para mí, que se crea un circuito de consumo en el que vos seguís buscando respuestas cerradas y seguís usando la aplicación, entonces vos amás a la inteligencia artificial y detestas a tu psicólogo, porque decís "este no me dio ninguna respuesta y agarro el chat GPT y me dice hola, ¿qué tal? Espero que estés muy bien bueno, lo que hoy tenés que hacer es tal y tal cosa". Encima es gratis.

En cambio, el psicólogo muchas veces no te da respuestas, sino que te interpela, te moviliza a partir de tu propia historia. La idea no es tapar el síntoma, sino trabajarlo. Entonces, en esa comparativa, es peligroso porque la gente puede preferir lo inmediato. Se ven casos de personas que primero consultan a la inteligencia artificial y después vienen a terapia diciendo “pero el chat me dijo tal cosa”. Y bueno, yo no soy el chat.

—Vos tenes que luchar también contra una cultura de inmediatez que ya venía de antes…

—Totalmente. Uno apela al camino más difícil, que es el trabajo personal, y la tecnología hoy ofrece soluciones rápidas: redes, inteligencia artificial, lo que sea. El otro día hablaba con una amiga que me decía “me voy a dormir charlando con el chat”, como si fuera una persona más. Entonces también se está perdiendo algo del vínculo con lo humano.

¿Hay algún uso positivo de la inteligencia artificial en este campo?

—Sí, como herramienta puede ser muy útil. Yo la uso, por ejemplo, para organizar historias clínicas, hacer seguimientos, tener todo más accesible. También puede servir como una especie de diario personal, donde uno registra cosas que le pasan, por ejemplo de sesiones que tuve con pacientes para recordar ciertas cosas, pero es a modo de asistente. Eso es un gran recurso, pero eso es distinto a pedirle que piense por vos o que te resuelva la vida. Ahí está la diferencia. No sabemos cuál es ese gris interesante donde puede ser algo bueno o algo más tóxico.

En este escenario, ¿estás ganando o estás perdiendo esta batalla?

—Estamos perdiendo, sobre todo en adolescentes porque la oferta es muy tentadora. En adultos, tal vez un poco menos. Pero también hay que tener en cuenta que, en mi caso, trabajo desde el psicoanálisis, que hoy compite con otras corrientes que prometen soluciones rápidas. Incluso hay propuestas de coaching que dicen “en seis sesiones resolvés un problema de toda la vida”. Eso es muy atractivo, pero no necesariamente efectivo. Es un contexto complejo, donde lo inmediato seduce mucho.

Muchas gracias por la entrevista.

—Gracias a ustedes.