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Vendimia: las tres veces que la gran fiesta de Mendoza no pudo realizarse

A días de una nueva vendimia, la historia recuerda que esta celebración mendocina casi nunca se detuvo. Desde 1936 solo hubo tres ocasiones en que la fiesta no pudo realizarse.

Conocé las 3 veces en las que se suspendió la Vendimia. 

Conocé las 3 veces en las que se suspendió la Vendimia. 

Anuario Diario Mendoza

A tres días del Acto Central, la vendimia vuelve a ocupar el centro de la escena en Mendoza. La fiesta que nació en 1936 como un homenaje a la cosecha y al trabajo viñatero se transformó en una marca cultural de la provincia: desfiles, espectáculos, turistas, calendario propio y una tradición que se repite año tras año. Por eso, cuando se repasan sus casi nueve décadas, llama la atención un dato: la vendimia tuvo muy pocas interrupciones.

En la historia oficial de la Fiesta Nacional, el patrón general fue la continuidad. Incluso en años complejos, la provincia sostuvo celebraciones, reprogramaciones o formatos alternativos. Sin embargo, hubo tres momentos excepcionales en los que la vendimia directamente no pudo realizarse como evento masivo, con su puesta central habitual y su dinámica tradicional.

La primera interrupción fue en 1956. En ese período el país atravesaba una crisis política y económica que impactó en los presupuestos públicos y en la organización de actividades culturales. En Mendoza, las autoridades resolvieron suspender la vendimia de ese año, y la soberana vigente mantuvo el título hasta la siguiente edición. En los archivos vendimiales, ese episodio quedó asociado a una decisión de recorte y prudencia en un contexto donde la agenda pública estaba dominada por urgencias.

Afiche de la Vendimia 2026
El afiche de la Fiesta de la Vendimia 2026.

El afiche de la Fiesta de la Vendimia 2026.

La segunda interrupción llegó en 1985, cuando un terremoto golpeó a la provincia. El sismo dejó daños materiales y un clima social que volvió inviable montar una celebración de gran escala. En ese escenario, la vendimia se canceló, y el gesto institucional buscó preservar el sentido de la fiesta sin forzar una realización que no estaba a la altura de la situación. Con el correr de los años, 1985 quedó como una referencia ineludible cada vez que se habla de cómo los desastres naturales también atraviesan la vida cultural mendocina.

La tercera interrupción fue mucho más reciente: 2021, en plena pandemia. Las restricciones sanitarias y la necesidad de evitar aglomeraciones obligaron a suspender el acto central y la elección de la Reina Nacional, una rareza absoluta para la vendimia moderna. En esa etapa, la provincia sostuvo la identidad vendimial con actividades adaptadas, pero el corazón del ritual, tal como lo conoce el público, quedó en pausa.

Con esos antecedentes, la cercanía de cada nueva edición suele disparar la misma conclusión: la vendimia es una fiesta con una continuidad excepcional. No solo por la magnitud que alcanzó, sino porque atravesó décadas cambiantes, gobiernos distintos y épocas muy dispares sin perder su lugar en el calendario mendocino. A días del espectáculo central, el repaso funciona como un recordatorio de por qué la fiesta sigue siendo, para Mendoza, un punto de encuentro y una forma de contar su propia historia.