Urbanismo sostenible: preparar la ciudad para las futuras inundaciones y tormentas
Las ciudades deben repensar su expansión urbana para reducir el impacto de inundaciones y tormentas cada vez más frecuentes.
El aumento del riesgo de inundaciones obliga a repensar el diseño urbano y los planes de expansión de las ciudades.
Archivo.El aumento del riesgo de inundaciones obliga a repensar el diseño urbano y los planes de expansión de las ciudades desde una mirada de urbanismo sostenible. En un contexto de eventos climáticos cada vez más extremos, resulta necesario incorporar soluciones basadas en la naturaleza, mejorar la planificación territorial y preparar a la población para reducir los impactos económicos, sociales y ambientales de estos fenómenos.
En menos de un año, dos ciudades argentinas, Bahía Blanca y Santa Rosa, sufrieron inundaciones devastadoras que superaron registros históricos. Aunque el caso de Bahía Blanca tuvo consecuencias más graves por el tipo de evento, ambos episodios dejaron daños que demandarán tiempo e inversión para su reparación. Desde la década del 90, la ciencia y los organismos internacionales advierten que las inundaciones y otros eventos extremos aumentarán en frecuencia y magnitud como consecuencia del cambio climático. Incluso para quienes discuten sus causas, resulta evidente que estos fenómenos son hoy más recurrentes e intensos.
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Se suma el crecimiento acelerado de las ciudades.
La expansión urbana, impulsada por los cambios tecnológicos, la migración interna y la concentración económica, avanza muchas veces sobre áreas verdes y suelos absorbentes. El asfalto y el cemento reemplazan superficies naturales, lo que reduce la capacidad de absorción del agua y agrava los efectos de las lluvias intensas. Según estimaciones de la ONU, para 2050 el 68% de la población mundial vivirá en grandes urbes, por lo que adaptar las ciudades se vuelve una necesidad urgente. Cuando una ciudad sufre una inundación por causas naturales, existe una alta probabilidad de que ese evento vuelva a repetirse. Por eso, la variable del riesgo hídrico debe incorporarse a la planificación urbana. Si el problema se aborda solo desde la Defensa Civil, es decir, desde la respuesta a la emergencia, se pierde la oportunidad de reducir daños mediante la prevención.
Una planificación adecuada requiere información precisa
Para ello, es clave desarrollar modelos hidrológicos e hidráulicos que permitan conocer con qué frecuencia puede repetirse una inundación, cuáles serán las zonas más afectadas, qué servicios podrían interrumpirse y qué sectores de la población enfrentarán mayor vulnerabilidad. Con esos datos se pueden elaborar mapas de riesgo bajo, medio o alto, y contrastarlos con los planes de expansión urbana. En este punto, la articulación entre autoridades políticas, desarrolladores y constructoras privadas resulta fundamental. Si una zona presenta alto riesgo de inundación, o si urbanizar un área determinada puede generar problemas en otra, los códigos de construcción, la zonificación y los planes de crecimiento deben revisarse. Una mirada de desarrollo sostenible implica entender que priorizar beneficios de corto plazo puede traducirse en mayores pérdidas a largo plazo.
Entre las herramientas del urbanismo sostenible aparecen las soluciones basadas en la naturaleza. Una de las más importantes es reducir las superficies impermeables. El crecimiento de las construcciones, el asfalto y hasta la pavimentación de espacios públicos limita la absorción del agua y favorece las inundaciones repentinas, especialmente cuando el sistema pluvial se satura. Para mejorar el escurrimiento, las ciudades pueden aumentar sus superficies absorbentes mediante parques sin pavimento, veredas con materiales porosos, más espacios verdes, techos verdes en viviendas y edificios, y un mayor control sobre la superficie libre obligatoria de los terrenos. Estas medidas permiten crear sistemas de drenaje sostenible capaces de captar y gestionar el agua de lluvia.
También es central revisar el arbolado urbano
Frente al aumento de tormentas, deben priorizarse especies resistentes al viento, con raíces que no afecten la infraestructura de desagüe. Además, el mantenimiento de árboles y ramas es indispensable para evitar daños durante eventos climáticos severos. La gestión del riesgo de inundación requiere un plan integral. Los municipios tienen una responsabilidad primaria, porque conocen el territorio, pero necesitan apoyo financiero y técnico de las provincias y, en algunos casos, del Estado nacional. Las obras hidráulicas, la limpieza de sumideros y la recolección adecuada de residuos son medidas básicas para disminuir riesgos.
También deben existir sistemas de alerta para avisar a los vecinos antes de una tormenta, junto con equipos y suministros para responder a emergencias: generadores, bombas de desagote, agua potable, alimentos y otros recursos esenciales. Como esta preparación puede ser costosa, una alternativa es promover alianzas entre municipios para compartir sistemas de respuesta. Además, resulta indispensable capacitar al personal encargado de operar equipos y coordinar acciones. La población también debe conocer cómo actuar. Algunas ciudades del mundo recomiendan contar con una mochila de emergencia con medicamentos, ropa impermeable, cargador de teléfono, documentos esenciales y linterna. La preparación comunitaria puede marcar una diferencia importante en los momentos críticos.
Prevenir y gestionar inundaciones no es tarea exclusiva del Estado
El sector empresarial y comercial debe involucrarse, ya que suele sufrir pérdidas directas cuando una ciudad queda paralizada por varios días. Su participación en planes municipales y la contratación de seguros específicos pueden acelerar la recuperación económica. La sociedad, por su parte, debe cumplir las indicaciones sobre residuos, cuidar el arbolado de las veredas y evitar que obras particulares afecten el sistema pluvial. La prevención cotidiana también forma parte de la respuesta colectiva.
Las medidas del urbanismo sostenible no solo ayudan a enfrentar inundaciones. También mejoran la calidad ambiental, fortalecen la vida comunitaria y generan nuevas oportunidades económicas. Preparar la ciudad para eventos extremos es, al mismo tiempo, una forma de construir espacios más seguros, habitables y resilientes.
* Alejandro Fernández Bilat. Abogado Especialista en Derecho Ambiental. MBA en RSE & ONG. Profesional Certificado en Sustentabilidad (GRI) y Compliance Empresarial.