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Uno de los títulos más importantes de la Scaloneta: la paternidad

Detrás de la gloria, hay otra conquista menos visible pero más profunda, una generación que entendió que ser padre también es una forma de entrega y legado.


A veces, aquello que está más a la vista es justamente lo que menos vemos. En medio de la conmoción por la consagración de la Selección Argentina en Qatar, millones de imágenes recorrieron el mundo. Algunas quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva. Sin embargo, entre todas ellas hubo una escena sencilla que quizás decía mucho más de lo que parecía.

Mientras los festejos alcanzaban niveles históricos, Thiago, Mateo y Ciro Messi recorrían el campo de juego con naturalidad. Tocaban la Copa del Mundo, la observaban de cerca y jugaban alrededor de ella sin solemnidad. Para ellos no era un símbolo nacional ni una obsesión colectiva: era parte del mundo de su padre. Aquella imagen, más cercana al juego que a la épica, ofrecía una pista sobre algo que atraviesa silenciosamente a la Scaloneta: la presencia de la paternidad como valor, como experiencia y como forma de vivir los vínculos.

En el equipo de Lionel Scaloni, la paternidad no aparece como un discurso explícito, sino como una atmósfera que se cuela en gestos y escenas cotidianas.

Padres de la Selección

En el equipo de Lionel Scaloni, la paternidad no aparece como un discurso explícito, sino como una atmósfera que se cuela en gestos y escenas cotidianas. Ya durante la Copa América 2021, en el vestuario previo a la final, Lionel Messi recordó el esfuerzo de Emiliano Martínez al señalar que había sido padre recientemente y que no había podido estar con su hija. La referencia no tenía tono heroico, pero sí una enorme carga emocional. Mostraba que, detrás de los futbolistas, había hombres atravesados por experiencias familiares profundas. Otro momento inolvidable ocurrió durante el Mundial de Qatar. Tras la clasificación por penales ante Países Bajos, Lionel Scaloni buscó a su hijo Ian en la tribuna. Cuando el niño bajó al campo de juego, ambos se fundieron en un abrazo largo y sincero. La imagen recorrió el mundo y conmovió a miles de personas. No hacía falta interpretarla desde grandes teorías: era simplemente la belleza de un padre abrazando a su hijo.

Un triunfo evidente

Pablo Aimar también dejó ver esta dimensión en distintas entrevistas. Contó que hablar con un hijo adolescente no siempre es fácil y que los partidos del Mundial se habían convertido en una oportunidad para compartir algo juntos. Tras la derrota ante Arabia Saudita, intercambiaron mensajes breves. Su hijo respondió simplemente que estaba mal. Aimar comprendió entonces que, si el Mundial terminaba, también se terminaba ese pequeño espacio de encuentro. Descubría que la paternidad muchas veces se juega en esos momentos mínimos donde parece que no pasa nada, pero sucede lo esencial. La serie Ángel Di María: Romper la pared muestra otra escena significativa. Antes de la final de la Copa América 2021, el hijo de Aimar le escribió: “Estoy cagado pero tengo fe. 1 a 0 Di María”. Horas después, el gol de Di María le dio el título a la Argentina. Aimar decidió tatuarse aquella frase, transformando ese mensaje en un recuerdo permanente del vínculo con su hijo. Lionel Messi también suele mostrar una faceta alejada de la imagen de estrella inalcanzable. En diversas entrevistas ha contado que disfruta de llevar a sus hijos al colegio, compartir rutinas familiares y transmitirles los valores que recibió de pequeño. Más allá de los récords y los títulos, se presenta como un padre involucrado en la vida cotidiana de sus hijos.

La belleza de la paternidad

Otra imagen reciente reforzó esta idea. Durante un partido de la Selección Argentina, Julián Álvarez cantó el Himno Nacional con su hijo Amadeo, de apenas tres meses, en brazos. La fotografía recorrió el mundo: un joven campeón del mundo sosteniendo una nueva vida mientras representaba a su país. La escena adquiere un significado especial en una Argentina que observa con preocupación la caída de la natalidad. Sin embargo, la paternidad trasciende lo biológico. Ser padre no consiste solamente en engendrar, sino en asumir una actitud de entrega, cuidado y acompañamiento.

Mientras los festejos alcanzaban niveles históricos, Thiago, Mateo y Ciro Messi recorrían el campo de juego con naturalidad.

Muchos hombres ejercen una función paternal sin haber tenido hijos. También hay abuelos, tíos, docentes o referentes que ocupan ese lugar en la vida de otros. La paternidad es, sobre todo, una experiencia espiritual y relacional. Su importancia es enorme. Sin figuras paternas que transmitan valores y acompañen el crecimiento, el legado se debilita. Necesitamos referentes que ayuden a recorrer el camino de la vida, que sostengan en la dificultad y que permitan descubrir que la libertad también requiere orientación. La paternidad enfrenta al ser humano con una tensión fundamental: vivir para uno mismo o vivir para entregarse a otros. Un hijo demanda tiempo, energía, atención y afecto. Obliga a salir de la propia comodidad y a poner a otra persona en el centro.

El teólogo francés Jacques Philippe sostiene que la paternidad descansa sobre dos pilares: el amor incondicional y la autoridad entendida como ayuda para crecer. El amor paterno no es solamente refugio; también es una fuerza capaz de sostener, acompañar y remover obstáculos. La autoridad, por su parte, no consiste en imponer, sino en impulsar el desarrollo del otro, transmitiendo confianza y animándolo a desplegar sus capacidades. En tiempos marcados por la incertidumbre y el individualismo, la paternidad aparece como una verdadera aventura. El escritor Charles Péguy definía a los padres como “los grandes aventureros del mundo moderno”. Y el filósofo Fabrice Hadjadj señala que ser padre implica abrirse al futuro en toda su fragilidad.

Quizás por eso, más allá de la gloria deportiva y de la emoción de una Copa del Mundo, uno de los legados más valiosos que deja la Scaloneta sea este: recordar que la grandeza también puede medirse en la capacidad de amar, acompañar y construir futuro a través de los hijos.

* Pedro Giunta. Filósofo y Teólogo.