Un problema, una oportunidad

Muchas veces, los problemas que surgen entre las personas son los que permiten cambiar las relaciones, haciéndolas más saludables y armoniosas si sus protagonistas aceptan una visión más optimista y positiva de la situación. 

alfredo diez

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Según Peter Drucker, las personas efectivas no se orientan hacia los problemas, sino hacia las oportunidades, ya que encontrarle el lado positivo a las cosas es la mejor forma de dirigirnos hacia un resultado de éxito. Esto es así porque nunca existe una sola lectura de la realidad, sino varias.

El lado positivo de las situaciones dependerá de nuestra capacidad para entender y descifrar las experiencias que nos tocan vivir. Pero ¿cómo ser prácticos y ver el lado bueno de las situaciones?

Siempre existe la posibilidad de “leer” la realidad de un modo optimista y positivo. Por ejemplo, si estoy ocasionalmente sin pareja, no gano nada con quejarme y compadecerme de forma constante por mi situación. Pensándolo bien, con seguridad que existen miles de personas que quisieran estar en mi misma situación; es decir, libres, sin ataduras, sin compromisos ni obligaciones. Así, pues, en lugar de angustiarme indefinidamente por mi estado actual, la actitud inteligente es aprovechar para hacer todo aquello que no podré hacer cuando, más adelante, esté acompañado. Eso es ser práctico.

Pero ¿son realmente imaginarios los problemas cotidianos?

Los problemas solo son tales si nosotros creemos que lo son. Porque si un padre tiene una visión limitada de la realidad y considera el fracaso escolar de su hijo como una tragedia o una causa de angustia familiar, se perderá la oportunidad de mejorar la relación que tiene con él mediante una charla madura y sincera que haga más intenso el vínculo entre ambos. Si, por el contrario, logra ver el lado positivo de la situación, podrá cambiar su posición para dejar de valorar como “fracaso” la experiencia de su hijo y comenzar a analizarla desde otra óptica: como una excelente ocasión para profundizar la unión padre-hijo.

Muchas veces, los problemas que surgen entre las personas son los que permiten cambiar las relaciones, haciéndolas más saludables y armoniosas si sus protagonistas aceptan una visión más optimista y positiva de la situación de cara al futuro. El resultado de esa nueva visión es un mejoramiento sustancial de la relación, que la hace mucho más profunda y adulta. El problema que creíamos en un principio insoluble, se convierte de esta manera en una especial oportunidad para el acercamiento entre las personas.

¡Cuántos disgustos nos ahorraríamos si considerásemos los cambios, experiencias y problemas como lo que son en realidad: una ocasión para perfeccionarnos y mejorar nuestras relaciones!

Filósofos de todas las culturas, de Heráclito a Lao Tse, han coincidido en que el cambio es la única constante en la vida. Depende, entonces, de la visión particular de cada uno que sea un problema o una oportunidad. Valoremos, pues, todo cambio como una oportunidad.

No huyamos tampoco cuando tengamos cerca a una persona que desea compartir con nosotros su problema; tengamos sensibilidad y veamos en esa situación la oportunidad para establecer una relación provechosa.

Los que actúan con indiferencia ante los problemas ajenos por sus propias experiencias negativas, no advierten que cuando descubrimos los beneficios de un problema y estudiamos las lecciones contenidas en él, hallamos una excelente ocasión para desarrollar y desplegar nuestra sabiduría. Como decía Albert Einstein, entre las dificultades se esconde la oportunidad.

Por Alfredo Diez, escritor, conferenciante y consultor de empresas / Instagram: alfredo10coach

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