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Tony Lestingi y cuatro décadas de actuación: "Cuando uno ama lo que hace, es un juego"

Con más de cuatro décadas de trayectoria, Tony Lestingi repasa su carrera, los cambios del oficio y su pasión por el teatro independiente.


Tony Lestingi construyó una extensa trayectoria en televisión, cine y teatro, aunque su llegada a la actuación estuvo muy lejos de ser planificada. Antes de convertirse en actor, trabajaba en una empresa exportadora y los fines de semana “tarjeteaba” en un boliche de Ramos Mejía. Un encuentro casual con un grupo de bailarines terminó abriendo una puerta que cambiaría su vida para siempre.

Desde entonces, atravesó distintas etapas de la industria y trabajó en cine, televisión, teatro y clown. También fue parte de producciones que marcaron generaciones, como Chiquititas. En Entrevistas MDZ, repasa los cambios que atravesó la profesión, recuerda sus comienzos y reflexiona sobre la situación actual del audiovisual argentino. Además, cuenta cómo llegó a Cuestiones con mi padre, la obra que volvió a despertar su entusiasmo en un momento en el que, según reconoce, venía “un poco como de capa caída”.

Entrevista completa a Tony Lestingi

-¿Cómo llegaste a la actuación casi de casualidad?

-Yo no tenía destino. Antes que eso, mal en el colegio, en la secundaria, trabajaba en una empresa exportadora y los fines de semana tarjeteaba en un boliche de Ramos. La verdad es que no tenía pensado ser actor ni nada parecido. Era otra vida, completamente distinta. Un día nos dicen que había una reunión de tarjeteros y voy. Cuando llego, me encuentro con que estaban ensayando un grupo de bailarines y bailarinas, entre comillas, que se llamaba Grupo Gente Joven. Era una cosa bastante primaria, muy hippie, con música de Yes y Pink Floyd. Nosotros nos pusimos en la barra a mirar lo que hacían. Y de repente el coreógrafo dice: “Necesito a alguien más”. Empezaron a llamar a un Tony, pero no era yo, era otro Tony que yo no conocía. Entonces subimos los dos y el coreógrafo nos miró y dijo: “Les tomo una prueba”. Y quedé. A partir de ahí me lo tomé como un hobby. Íbamos a todos los boliches, no pagábamos, chupábamos gratis. Y así empezó todo.

-¿Cuándo sentiste que podía ser algo más que un hobby?

-Fue también bastante casual. Me hice muy amigo de uno de los chicos del grupo, Claudio, que fue mi amigo toda la vida y ahora vive en Estados Unidos. Un día me dice: “Che, están tomando prueba en el Teatro Cómico”. Entonces una tarde quedamos y fuimos con nuestras noviecitas a buscarlo al teatro, porque él terminaba de ensayar. Y yo miro entre las rendijas de las puertas y digo: “Ah, pero eso yo lo puedo hacer”. Fue una cosa muy espontánea. Él sale y nosotros le decimos si nos aguantaba diez minutos más. Y ahí empecé. Me tomaron una prueba y quedé. Pero muy cagadito. No tenía esa seguridad de decir “esto es lo mío”. Fue algo que fui descubriendo con el tiempo.

-Después de más de cuatro décadas, ¿qué fue cambiando en la profesión del actor?

-Te tenés que adaptar. Eso es fundamental. Lo más difícil es este momento, que no empezó ahora. Empezó hace rato, cuando todo el audiovisual fue cambiando a las plataformas. Ahí empezó a modificarse una manera de producir y de trabajar que nosotros conocíamos. Ya no hubo producción prácticamente nacional. Dejaron de producirse miniseries, tiras diarias, las telenovelas. Hubo una televisión de mucha calidad, justamente, en los 70 y después fue cambiando, cambiando. El cine se mantenía. Entonces, si no hacías teatro, de repente te aparecía una película, una miniserie, un programa de televisión y la ibas llevando. Ahora se volvió más complicado. La posibilidad de ir combinando esos trabajos ya no es la misma. Por eso hay que adaptarse, porque la profesión también cambia y uno tiene que encontrar la manera de seguir haciendo lo que ama.

Antes de ser actor, fui bailarín

-Pasaste por el cine, el teatro, la televisión y el clown. ¿Qué aprendiste de cada experiencia?

-Yo sé que soy un actor físico. Racionalizo después y me dejo llevar por eso. Eso es lo que tiene que saber cada actriz y cada actor: qué tipo de actor es y por dónde le pasa la comprensión del texto, de la situación, de la obra. A mí me pasa por ahí. Primero está lo físico y después racionalizo. Y después, bueno, trabajás con los compañeros y con el director. Ahí se generan esos equipos bellísimos, sobre todo en el teatro independiente. Cada experiencia te va dando herramientas, pero también te ayuda a entender quién sos como actor. No todos comprendemos una situación de la misma manera ni tenemos el mismo camino para llegar a un personaje. Creo que es importante descubrir por dónde te pasa a vos.

-¿Cómo recordás tu experiencia en Chiquititas y ese contacto con una generación entera?

-Sí, Chiquititas, las de Cris Morena, todas. Fue una experiencia muy particular porque yo venía del teatro y del cine y de una televisión que tenía como pretensiones más intelectuales, más profundas. Entonces, siempre lo tomé como eso, como un trabajo para poder sobrevivir. Pero también era un trabajo que tenía sus características y había que hacerlo. La obra te venía cada quince días y tenías que zafar. Era otra dinámica. Generalmente grabábamos 10, 12 horas por día. Todos los días. Y eso también es parte de la profesión. Cuando uno ama lo que hace, de alguna manera es un juego. Uno juega. Hacés el malo, hacés el bueno, qué sé yo. Uno juega y se va especializando en jugar, intentando jugar cada vez un poco más.

-¿Qué lugar ocupa hoy el teatro independiente en tu carrera?

-Para mí es un lugar muy importante. Sobre todo en el teatro independiente se generan esos equipos bellísimos. Hay otra manera de trabajar, de encontrarse con los compañeros, con el director, con el autor. Ahora estoy haciendo Cuestiones con mi padre. Andrés Basalo es el director y autor. En el escenario estamos Pablo Mariuzzi, Natacha Delgado y yo. Se armó un equipo que también es responsabilidad de Basalo, porque tiene mucha experiencia. Y eso es lo lindo: que se genere un equipo. No es solamente ir, hacer una función y volver. Hay un vínculo con los compañeros, con la obra, con el director. Y cuando eso funciona, aparece algo muy especial.

-¿Qué te pasó cuando te llegó la propuesta de Cuestiones con mi padre?

-Yo venía un poco como de capa caída. Todos los proyectos y todo lo que pasa y pasaba en el país me entristecía mucho. Y los proyectos que me venían no terminaban de tocarme. No encontraba algo que realmente me generara esas ganas de decir “sí, quiero hacer esto”. Entonces me pasa esta obra y me morí de amor. La leí y dije: “Sí, la quiero hacer”. Fue inmediato. No tuve que pensarlo demasiado. Y después, cuando se armó el equipo, eso terminó de confirmar las ganas. Hay momentos en la carrera en los que necesitás que aparezca algo que te toque. Y esta obra me tocó.

Con el tiempo te das cuenta que tipo de actor sos

-¿Qué encontraste en esta obra para volver a sentir ese entusiasmo?

-Me morí de amor con la obra. Eso es lo primero. Me pasó que los proyectos que me venían no terminaban de tocarme y, de repente, aparece esto y digo “sí, la quiero hacer”. Eso para mí es muy importante. Después está el equipo. Andrés Basalo tiene mucha experiencia y se armó un grupo muy lindo con Pablo Mariuzzi y Natacha Delgado. También teníamos una productora, Ale García. Todo eso fue generando algo. Cuando uno encuentra una obra que lo toca y además encuentra compañeros con los que puede trabajar, se genera otra cosa. Y eso es parte de lo que más me gusta de esta profesión: trabajar con otros, dejarse llevar, jugar y ver qué aparece. Porque al final eso también es actuar: jugar cada vez un poco más.