Presenta:

Sofía Durrieu, la identidad liminal. "¿La línea que divide las cosas, no es acaso una zona?"

La artista explora identidad, cuerpo y percepción para cuestionar las formas en que miramos y experimentamos el arte.

Sofía es la bailarina de crecientes alas.

Sofía es la bailarina de crecientes alas.

Ilustración de Lisandro Ruiz

Antes de la mirada, me crucé con ella… Ningún espejo nos reconoce… La identidad es la inspiración. El envión. Y lo que aún no es más que magma. Y vigía… “¡Yo no puedo ver!” -grité-. Y de sus obras latiendo en mí arden gemidos hasta parir ojos.

Escultura y perfomance rebasadas por la identidad al modo de un aguijón que anuncia la impregnación del lugar del otro.

Un cuestionamiento vivencial de las imágenes. La imagen deja de ser un desenlace.

La oferta de un manual de instrucciones al momento de la experiencia es tan conceptual en su disruptividad.

,La intimidad es atraída al anonadamiento. ¡Hasta recibir ese don que es el asombro!

Antes del asombro cicatriza la duda, la queja, el azar.

¿Cuál es la firma de Sofía Durrieu?

La imagen deja de ser un desenlace.

La imagen deja de ser un desenlace.

La atención es tendencia

Y es el filo de la intervención…

Y es la mecánica del concepto.

Intimidante…

Sofía es la bailarina de crecientes alas. Tan avasallante como lo que aún no es. Tan íntima como una promesa. Tan directa como el siempre.

La obra de arte es una postura. La experiencia en sí misma a borbotones. El arrebato del pasado que nos incluye.

“Amo bailar. Pero las bailarinas clásicas no pueden ser tan altas como yo. Me acuerdo de que, como era buena, me medían y se agarraban la cabeza. A los 12 o 13 años dejé. Igual bailé un montón y bailo en mi taller. El cuerpo es una interfase sofisticada y sabia. Es la tecnología más zarpada, intuye mucho más de lo que racionalizamos y, en buena parte, está coartada”

La realidad apenas es un acuerdo

La desnudez es un engranaje que marcha a tientas.

El contraste que nos incluye.

El azar ambivalente.

El rostro.

"Discernir, separar y categorizar es un abrigo para salir a lo vasto vertiginoso enorme, un instrumento para protegernos (...) Con el tiempo, el abrigo se convirtió en cáscara, y en ella quedamos encerrados, habitándola como mundo”

La aventura de lo liminal nos traspasa.

La urgencia del remanente emocional nos desafía.

Lo fantástico abisma ver.

Acaso somos el ignorado bronce en el que aún falta la mirada…

La voluntad es nuestra magia.

Y el tiempo es la herida tal como soy

La oscuridad puede ser un espejo si alguien ilumina.

Y todo lo que se puede ver al mirarnos…

¿Con quién puedo ser más sensato si no es conmigo?

El arte es la conciencia del vínculo.

La entrega es lo que nos hace sentir.

* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.