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Rivadavia: hace tiempo y allá lejos

Un recorrido emotivo por la identidad de Rivadavia en su aniversario, entre recuerdos, personajes y relatos que construyen la memoria local.

Personajes, oficios y anécdotas forman parte de una memoria colectiva que se transmite de generación en generación.

Personajes, oficios y anécdotas forman parte de una memoria colectiva que se transmite de generación en generación.

Ahí viene el “Gringo” D’Agostino para animar la fiesta. Ya se bajó de su Rastrojero. Traje gris; caminado rapidito. Hace un rato que terminó su jornada de trabajo en “El Pichón”. Ahora, a despuntar el vicio. “Un aplauso para el dueño del santo, porque Rivadavia está de cumpleaños”. Dicen que son 142 años desde aquel 18 de abril de 1884, aunque todos sabemos que nuestra historia tiene muchos siglos más.

Desde el cacique Pasambay al genial astrofísico Enrique Gaviola, aquel amigo y discípulo de Einstein. De los cabarets franceses del "Barrio Las Ranas" y “Villa Elvira” a las visitas de Julio Cortázar. De atletas olímpicos en “Londres 1948” como el oriundo de Mundo Nuevo, Eusebio Guiñez ,hasta curas asesinados como el presbítero Lencioni después de corroborarse su amor con la aristocrática Genoveva Villanueva. Desde corridas de toros, en pleno centro, al campeón Independiente Rivadavia que creó Bautista Gargantini. Duelos, estafas, suicidios, trovadores, elecciones, timba, goles, “varones y dublés”. "Todo está guardado en la memoria", diría Gieco. Bien guardado en la memoria local, agregaría humildemente.

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De los vasos de vino “carlón”, “sodeado”, que se vendían en un barcito improvisado bajo el alero del conventillo de los Lira, hasta los inicios (en el distrito La Libertad) de la mundialmente exitosa y reconocida firma vitivinícola que fundó Nicolás Catena. De Baliani, el último amansador de bueyes, hasta la llegada del ferrocarril. De los micros del FIFI hasta la bicicleta triunfante del “Negro” Ernesto Contreras (medranino) o de Cayetano Cortez, en sus Los Árboles natal. Desde Leonor Ferreyra a la prestigiosa Escuela Normal fundada en 1917.

Nada luce como en la plaza de un pueblo

Así es, los pueblos transpiran emociones y se hacen cosmopolitas cada domingo en la plaza del lugar. En el fondo, volviendo a León Gieco, será como cuando hablaba de “Carito” en su canción: “en Buenos Aires los zapatos son modernos, pero no lucen como en la plaza de un pueblo”. Y desde ahí fluirán las historias próximas (horizontales) que han crecido luchando cotidianamente contra los inventarios verticales y los mandatos oficiales de la academia formal. Están legitimadas dentro de un clima e imaginario popular, son vox populi. Cada día más exageradas, pero también más emotivas o más crueles según la circunstancia, el escenario o el relator. Desafiantes de la subestimación; sobreponiéndose a ser devoradas por la historiografía oficial que supone erróneamente que por pertenecer a un mundo menor (“la patria chica”) no tienen capacidad, ni valor conceptual y simbólico suficiente, para poder explicar el devenir de los tiempos y su correlato global. Error. Tenemos mucho por contar. Y mucho para explicar.

Son las historias de la historia

El patio de atrás; el lado B. Menospreciadas. Historias vivas de la gente común. Recuerdos de callejones, de bares, de tribunas, de alcobas, de funerales. Historias de suburbios; santamente clandestinas. Brotan por los poros de alguna esquina, despabilándonos de la siesta que la coyuntura vertiginosa impone. Son la memoria local. Honor y gloria para ella. Son las historias del pueblo que algún empírico recordó y que hasta un juglar la hizo copla.

Indestructibles e Indiscutibles. Ni por asomo se atrevan en mí barrio poner en duda los milagros de Diógenes Recuero, el "Ánima Parada"; el secuestro de la cautiva Fidela Ferreyra de Amparán que se enamoró de un cacique ranquel; o el tiro de esquina que pateó "el Mingucho" en la cancha de "Los Chorros de Leña", a la vera del ferrocarril. Fue tan alto el tiro, que él mismísimo Mingucho fue a cabecear. Y cabeceó, y hasta hizo el gol.

Que nadie se atreva a dudar. De las interminables colas de casi tres cuadras en el Cine Ducal cuando Sandro o Palito Ortega aparecían en cartelera. De que Pepe Vila hacía los helados más ricos del mundo, y de que nadie sabía más de mecánica que Césarito Cotumaccio (si; Cotumaccio, al mismo que le hicieron una infracción vial por andar manejando dentro de la plaza y le dijo al policía que le cobrara doble porque quería darse otra vuelta más). Ser rivadaviense es eso. Defender con uñas y dientes a quien nos discute que podía haber alguien que tuviera mejor puntería que Hugo Furlani, o una banda de música más distinguida que la centenaria Blas Blotta, o mejor aceite que el que hacía Titarelli. Así es la historia vecinal. Cargada de épica. También contradictoria. Ingenua y tendenciosa; hasta "retorcida". Pero propia. Nuestra. Y necesaria.

Historia local que nadie puede googlear

Historia mínima; la que nadie podrá "googlear". Si hasta la propia IA se verá en “figurillas” cuando quiera hilvanar una respuesta medianamente aproximada. Qué me contestará ChatGPT cuando pregunte por los poquísimos combates que perdió el extraordinario Nicolino Locche, consultándole si sabe algo de la paliza que le dio el “Chulo” Ferreyra antes que “el Intocable” fuera campeón mundial, aquella noche a cielo abierto en el Club Central. El “Chulo”, guardaespalda de “los gansos” y hermano del “Gitano”, el histórico propietario del último prostíbulo rivadaviense llamado “El Grillito”. O si el Chat podría describir la “esquina de la Ford” o decir a qué escuela le dicen: “la del alto”. No sé si podrá.

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Rivadavia mantiene viva una identidad.

Rivadavia mantiene viva una identidad.

Empecemos por Jurancó

Rivadavia cumple 142 años. Y es real, aunque todos sabemos que nuestra historia tiene seis siglos más.

En el lado alto del "Palempotó" (río Tunuyán) nació el primer asentamiento sedentario de lo que hoy definimos administrativa y políticamente como Rivadavia. Le llamaron "Jurancó"; y si bien siempre las toponimias son antojadizas y muchas veces difícil de corroborar, diremos siguiendo a Juan Isidro Maza que "Jurancó" significa en milcayac - huarpe: "agua que brota de la piedra". Actualmente comprendería el distrito de La Reducción ("la Reducción de arriba" para los lugareños) y fue dónde, ni lerdo, ni perezoso, el colonizador español se asentó.

En realidad, el cacique de todo Uyata ("valle de la ensenada) fue Pallamay, y de él se desprenderá una línea sucesoria donde se encuentra Pasambay, también conocido como "el cacique Pablo" y con quien tomará contacto el español.

Hasta allí llegó Pedro Moyano Cornejo, "el Regidor" con funciones de policía en la expedición de Pedro del Castillo en 1561, tras haber recibido tierras en compensación de su acción colonizadora por la fundación de Mendoza. Después vendrá la posta Las Ramadas; San Isidro; el siglo XIX y la Rivadavia actual.

Un salto abismal

Vamos a generar un recorte temporal amplio y nos incorporaremos de lleno a comentar algunas curiosidades bastante más cercanas en el tiempo. Nos concentraremos en el medio siglo pasado.

Partiremos de un dato sólido. Según los Censos Nacionales de 1947 y 1960, la población de Rivadavia osciló entre 24.522 habitantes (1947) y 34.312 (1960). En cada uno de esos vecinos habrá un sueño; una historia que Rivadavia cobijó. Anónimos, pero del “pago” y con su orgullosa identidad.

Comenzamos el análisis desde una base concreta, que son los más de 500 enclaves productivos viticultores registrados todos según el CN de 1947, ocupando aproximadamente 8.000 operarios en tiempos de la uva, entre las grandes firmas (Gargantini, El Globo, Catena, Titarelli, GonzálezVidela,El Trébol, etc.) y los emprendimientos familiares, contando bodegas, fincas y contratos.

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Pero a eso le agregamos los casi 3.000 puestos de trabajo que ocupaba el sector frutihortícola (mayoría mujeres); los 6 grandes tambos; los 22 criaderos de aves de corral; 18 productores apicultores; 3 palomares; 2 curtiembres y las más de 300 personas involucradas en el rubro matarife, con su eje concentrador en "el bajo" Matadero Municipal (pero no el único del departamento); un mercado central de abasto y 6 pescaderías.

Involucremos en el análisis también a los fabricantes de artículos de limpieza, muebleros, licorerías y gaseosas, mimbreros, mosaicos, imprenteros, aceites, ferreterías, corralones, empresas constructoras y picapedreros. Todos con sus operarios.

Además sumamos: a los 500 empleados de comercios en el ámbito urbano y rural (contando a todos los "cuentapropistas": sastres, pintores, peluqueras, mecánicos, hojalateros, relojeros, servicio doméstico, modistas, jardineros, afiladores, albañiles,); los empleados públicos de las reparticiones estatales (nacional, provincial y municipal) que no llegaban a 200 personas (eran los menos), los bancarios y personal del sector financiero (cooperativas de crédito y fomento) que funcionaban por ese entonces (5 entes); los docentes de las 20 escuelas de Rivadavia; los choferes de camiones de transporte vitivinícola y de colectivos, viajantes de mercaderías, bazar y golosinas; los obreros - changarines que a diario trabajaban en torno a la actividad ferroviaria en la Estación Rivadavia (abierta en 1908); repartidores de pan, leche, querosén, etc.; los floristas, vendedores de embutidos y dulces caseros; el personal de mantenimiento, atención, socios y jugadores de los más de 90 clubes barriales (consideremos que solamente la Liga Rivadaviense de Fútbol llegó a contar con 60 y tantos clubes); los operarios de los cines (mencionamos cinco, entre ellos, cines en Mundo Nuevo y Medrano); los mozos y cantineros de bares y restoranes, junto al personal de los 4 hoteles del centro de Rivadavia y uno distrital; los canillitas, lustradores de zapatos, vendedores de lotería y los 15 kioscos de revistas y golosinas a lo largo de las esquinas de las calles San Isidro, Lavalle, Sarmiento y Lamadrid; los 30 enfermeros del Hospital Saporiti y de la maternidad de Gargantini (ambos bajo la órbita provincial) y de la privada Clínica de Rivadavia (ayer en Fleming y San isidro, en la ex casona de los Pratx).

Deberíamos agregar también a todos los profesionales matriculados de actividades independientes (médicos, abogados, bioquímicos, ingenieros, odontólogos, oftalmólogos, arquitectos, contadores, enólogos, etc.) más su personal auxiliar. En el fondo pretendemos incluir a todos, con los pibes en las escuelas y las madres que trabajaron muchísimo desde su hogar.

Todo lo citado lo especifiqué puntualmente (con nombres, negocio, industria, rubro, año de fundación y dirección) en un libro que publiqué en 2008 “Rivadavia, las historias de su Historia. Huellas, tertulias y memoria”, también en una serie de 10 fascículos “El Bicentenario de la Patria Chica: 1810 – 2010) y en los tres almanaques de efemérides locales, donde en cada uno de los 365 días del año, un suceso diario establecía un hito local. Un hito de Rivadavia. En el este mendocino. Ni mejor, ni peor que ninguno departamento. Pero singular, y hasta con una característica fonación que arrastra marcadamente la “R” como tonada particular de su propio acervo cultural.

La cultura y sus buenos ejemplos

El historiador RaynerGusberti (1913 - 2000) siempre decía que Rivadavia generaba una especie de adicción. Habrá sido el caso del abogado y brillante escritor Américo Cali (1910 - 1982) que nunca se despegó de Rivadavia, ni aún, siendo miembro distinguido de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) durante varios períodos, en los tiempos donde las figuras de la escritura nacional eran Borges, Múgica Laínez, Bioy Cásares, Alfredo Bufano, Victoria Ocampo. Y entre ellos, un rivadaviense; amigo personal de Neruda y un prototipo de la brillante generación de Di Benedetto, Cúneo (quién dirigió por años la nombrada SADE), Julio Quintanilla y Armado Tejada Gómez, Marianetti, Bustelo.

Y fue también Cali, quien convenció al gran Fernando Lorenzo (1924 - 1997) que viniera a Rivadavia y que por casi 30 años trabajó en la prestigiosa escuela Normal.

Ya mucho hemos escrito de Gaviola, el pionero descubridor del rayo láser y que hasta tiene un asteroide con su nombre. En esa escala internacional, además citaré a Hugo Fregonese (1908 - 1987), director de cine que triunfó en Hollywood y se "codeaba" con todo el jet set de la época. Dirigió a Gary Cooper, Anthony Quinn, Jack Palance, Lee Marvin, Joan Fontaine y Charles Bronson y trabajó para Columbia Pictures, Metro - Goldwyn - Mayer, Warner Bross, 20th Century Fox y Universal Studios.

Y para seguir con el cine diremos (algo reiterado) que por los 50' y 60' Rivadavia tenía 5 cines en todo el departamento, entre ellos el ya nombrado "Ducal" (1963) con 1.100 butacas y todavía vigente. Además, en ese tiempo: 5 hoteles, 20 taxis, 13 restaurantes registrados, 2 elencos de teatro, dos diarios locales, una radio, una biblioteca popular nacida en 1915, varios coros y una de las bandas civiles más antiguas del país (la "Banda Blas Blotta", también citada) de finales del siglo XIX, formada en sus orígenes por inmigrantes italianos, todavía muy activa. Cientos de bodegas y una decena de fábricas de conservas. Dos cooperativas eléctricas, entre ellas la vieja Usina de Rivadavia que dará origen a la "Cooperativa Eléctrica y Anexos Popular de Rivadavia" y la Sud Río Tunuyán, y hasta una línea de colectivos interna: Transportes Lombardo. Mil negocios (exagero), entre los cuales se encontraba la relojería de mi querido padre. Sigue ahí. Activa. Muy de pie. En la misma Terminal.

Te hará reír y te hará llorar

Ya expresamos que Rivadavia era uno de los mayores centros productivos vitivinícolas de Cuyo. Con un significativo antecedente: los vinos rivadavienses de la bodega de Jorge Fresaltz figuraron entre los primeros de Mendoza en obtener un galardón internacional en 1895, nada menos que en la reconocida Feria Internacional de Burdeos.

Desde ahí, la zona "explotaba en vendimia" durante el primer tiempo del siglo XX. A tal punto la región rivadaviense era atractiva y poblada, que muchos circos, parques de diversiones y elencos de teatros nacionales efectuaban sus giras, radicándose en Rivadavia durante todo el tiempo vendimial. Un caso anecdótico fue cuando llegó a la zona viñatera y frutícola del carril Florida de Los Campamentos (enclave productivo de los Gargantini, entre muchos), la famosa "Compañía Argentina de los Hermanos Podestá".

Entre los encargados de la compañía estaba el Luis Sandrini Novella, padre de un niñito que en pocos años se convertiría en el famoso actor y comediante Luis Sandrini (1905 -1980). Fue así, que aquel niño Luis Sandrini (que durante las funciones del circo vendía maní caliente y hacía de partenaire del payaso del elenco) en la mañana no podía faltar a la escuela. Efectivamente, Sandrini fue estudiante de la actual escuela de La Verde, "Heriberto Baeza Nº 1 -058" (ayer Nacional Nº 20) donde cursó segundo grado.

Volverá Sandrini con Malvina Pastorino a Rivadavia para efectuar el estreno nacional de "El diablo metió la pata" en el cine Ducal. El título original de la película dispuesto era "El diablo metió la cola", pero la dictadura de esa época censuró "la cola".

Pueblo chico, infierno grande

Por supuesto que existía también una numerosa actividad que comprendía la "trata de personas" con 6 prostíbulos, más los burdeles rivadavienses de la calle 25 de Mayo. El más famoso, el de Madame Perlí ("la diabla") que ofrecía show con orquestas típicas casi todas las noches. Pero además existía una amplia red de juego clandestino y lo relacionado al mundo de las apuestas: riñas de gallo, carreras de galgo y cuadreras de caballos, que ocupaban una considerable cantidad de trabajadores y gran número de adherentes en cada convocatoria dominical.

Como contraposición había muchas capillas religiosas y oratorios en el centro y los distritos. Hay mil anécdotas que relatan que muchos visitaban a Madame Perlí ("la diabla") por la noche y a la iglesia San Isidro Labrador por la mañana. Obvio, hay cosas que no cambiaron, por ejemplo: la hipocresía.

Todo aquel tiempo estaba rodeado y contaba con varios ballets folklóricos (el referencial dirigido por el Maestro Ángel Giménez), uno de danzas clásicas, ateneos culturales, grupos literarios, centros tradicionalistas, un club de radioaficionados, academias de idiomas, dibujo y 5 de dactilografía.

Rivadaviense hasta los huesos

Por ese tiempo también podríamos haber nombrado en esta nota en forma extensa a dos rivadavienses que fueron gobernadores: Carlos Washington "el gauchito" Lencinas en 1924 y Guillermo Cano en 1935 (el hijo del primer intendente de Rivadavia en 1884 y de Fidela Maldonado). Haber recordado homicidios políticos (los radicales Vázquez y Pacheco) en 1941; reflexionado sobre muchos femicidios que se taparon impunemente y hasta fusilamientos en la plaza central.

Deberíamos haber profundizado la vida de maestras como Leonor Lemos (primera directora del Normal rivadaviense y descendiente de los famosos Lemos de Mendoza), el profesor Tolosa, el maestro Comeglio de La Central, Clotilde del Valle de Úbeda, quien fuera amiga de las maestras norteamericanas que invitó Sarmiento a Mendoza. También hecho mención más prolongada de los Pérez (parientes de los Day y de los Guilhou);de la novia cantante de Bernardino Vicuña Prado; de las cuadrillas de caballos y burros de Fausto Arena; de los almacenes de Wenceslao Núñez; del Dr. Arnut, Saporiti, Carrasco y Suttora; de Ramón Rogelio “Carozo” Guevara, amigo y vecino de los Onofri, los Villegas y los Alberoni en Santa María de Oro; del buen humor y la generosidad de Pascual “Carnero” Ramírez y los Trovadores del Este.

De la cancha llena del Atlético Rivadavia en los terrenos de la iglesia, los goles del Pampero Coria, el polideportivo, las noches del festival, los bailes del estudiante, el café La Posada, los terceros tiempos de la ovalada, el rock chacarero, los sándwiches del Vikingo, la Ministro Arana, la Juan B. Justo, los vampiros de Cali, Calzetti y Catena, el Gallina Gorda, el Paloma Santa, la Cueca al Trote, el Macario, el Patricio, el Penachito, el Facha, y tantos más. No alcancé a nombrar a todos. Será otra vez. Lo dejo aquí. “El sol nos dice que llegó el final”, siguiendo con estrofas de canciones. Rivadavia, latido de un hogar que nos vio crecer, festeja su cumpleaños. Felicidades a propios, y a los que extraño.