Recrean el vino de la Última Cena entre 120 variedades de aquella época

Algunos estudiosos, como el sommelier Diego Di Giacomo, afirman que a los romanos de la época de Jesús les gustaba el vino blanco (muchos tintos se clarificaban con agregados como el polvo de mármol, la clara de huevo, o la tiza, para bajar también su acidez), pero que en las regiones de Palestina preferían el vino tinto. Además, “en la Biblia” -matiza-, “siempre que se nombra el vino, es tinto”. Un informe de Lluis Torrent en Vivanco.

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Vino en la antigüedad.

Un grupo de científicos de la Universidad de Ariel, en Cisjordania, hace años que está intentando recrear el brebaje que bebió Jesucristo durante la Eucaristía, hoy hace más de dos mil años. Para lograr su objetivo, los investigadores han identificado 120 variedades distintas de uva que crecían en la Israel de la época.

A día de hoy han reducido el espectro de variedades a un total de 20, aunque afirman que aún deberá pasar tiempo para poder determinar cuál de ellas fue la cepa usada para producir el vino consumido durante la Santa Cena. Hoy la discusión acerca de qué variedades de uva había en aquellos tiempos es latente, aunque existe un cierto consenso entre expertos en reconocer que en las tierras de Jesús dominaba la que sería el antepasado de la actual Syrah, cepa que tuvo su origen en Persia.

Algunos estudiosos, como el sommelier Diego Di Giacomo, afirman que a los romanos de la época de Jesús les gustaba el vino blanco (muchos tintos se clarificaban con agregados como el polvo de mármol, la clara de huevo, o la tiza, para bajar también su acidez), pero que en las regiones de Palestina preferían el vino tinto. Además, “en la Biblia” -matiza-, “siempre que se nombra el vino, es tinto”.

Dos milenios atrás, existía la práctica de agregar a los vinos ya terminados agua, miel, hierbas o especias, así como guardar el jugo de uva en odres o en pieles de cabra. Tras su fermentación, solo los mejores vinos, puros y sin aditamentos, se depositaban en tinajas durante algún periodo para que se tornaran más fáciles de beber por la acción del tiempo. Todo esto, sumado a otros métodos como el de dejar las uvas expuestas a la acción de humo caliente, le daba a la bebida cierto sabor ahumado.

En realidad, en Judea, región cercana a Jerusalén, donde se cree que tuvo lugar la Última Cena, fue descubierta una jarra con la siguiente inscripción: “Vino hecho con pasas negras”. Esto significa que los viticultores de la época pudieron haber usado uvas secas en la producción de bebidas dulces y densas. En zonas cercanas se descubrieron también jarras de “vino ahumado” y “vino muy oscuro”, afirma Patrick McGovern, profesor adjunto de Antropología de la Universidad de Pensilvania y experto en cocina antigua.

Por todo lo expuesto, y según algunos entendidos del tema, el vino que bebió Jesús en la Última Cena, durante la época de Pascua, sería, con cierto margen de error, “un caldo denso, de cierto cuerpo, con un breve añejamiento, una graduación alcohólica en torno a los 14 grados procedente de las uvas parientes de la que hoy se conoce como Syrah”.

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