Pasión fierrera: Simón, el buscador incansable de repuestos para autos clásicos
Desde Córdoba, recorre cientos de kilómetros en busca de repuestos únicos para autos clásicos. Su historia refleja pasión, pero también una tradición familiar.
Simón lleva una vida dedicada a los repuestos de autos clásicos: un hobby, un negocio y una gran pasión.
En el marco del Festival Automotor que se realizó este fin de semana en la costanera de Villa Carlos Paz, una de las historias que más llamó la atención fue la de Simón, un histórico proveedor de repuestos para autos clásicos que desde Córdoba es uno de los proveedores más grande del interior del país con su inconfundible stand cargado de piezas únicas.
Detrás de cada engranaje, farol o repuesto antiguo, hay décadas de recorrido, oficio y una pasión que nació en su infancia. “Este hobby arrancó en 1944 con mi tío, que también se llamaba Simón. Como no tuvo hijos, a mí me crió como si lo fuera, y a los 7 años ya estaba desarmando mi primer auto”, contó a MDZ.
Te puede interesar
El épico viaje de 16 autos clásicos por los Valles Calchaquíes
Una vida dedicada a los fierros
Desde entonces, su historia quedó ligada para siempre al mundo de los autos antiguos. Hoy, asegura que no podría precisar la cantidad de piezas que tiene en stock en su local ubicado en Córdoba Capital y al que llaman "la boutique del automóvil antiguo": “No sé cuántas tenemos ya, ni yo lo sé”, reconoce entre risas.
Su método de trabajo es tan particular como sacrificado. Cada fin de semana, luego de cerrar su negocio ubicado en calle Sucre, en la ciudad de Córdoba, se lanza a la ruta: “Viajo 400, 500, hasta 600 kilómetros. Entro a campos, caminos de tierra, y en cada pueblo hay alguien que me guarda cosas”.
Ese vínculo con mecánicos, chapistas y familias que venden repuestos de autos antiguos de algún familiar que ya no está es clave para sostener su actividad. “La gente grande va dejando todo, deja ese auto que cuidó durante tantos años y como el modelo ya no se fabrica, también guarda repuestos. Luego, sus hijos son quienes me venden las piezas. Así se va armando este negocio”.
Más que un negocio, una pasión
Aunque su trabajo mueve un mercado importante dentro del mundo de los autos clásicos, Simón lo tiene claro: “Para mí es un hobby. Es la pasión más grande que existe”.
Y lo explica con una comparación simple: “Algunos juegan al fútbol o se van de viaje. A mí me ofrecés un viaje de 30 días y prefiero quedarme buscando repuestos”.
Incluso su hijo sigue el mismo camino: también se llama Simón y comenzó a los 7 años a desarmar autos, replicando una tradición familiar que sumó una nueva generación.
El valor de lo irreemplazable
En un mundo donde cada pieza puede ser única, encontrar ciertos repuestos se vuelve un verdadero desafío. “Siempre hay algo difícil de conseguir. A veces me lo piden y salgo a buscarlo. A veces lo consigo, a veces no”, admite.
Además de la búsqueda, también se dedica a restaurar y mandar a fabricar piezas, un trabajo que demanda tiempo incluso fuera del horario comercial.
Simón asegura que no existe una organización que agrupe a los proveedores del rubro y que, si bien en Buenos Aires hay otros proveedores que comparten la misma pasión, en el interior del país, su actividad es prácticamente única.
Y, a diferencia de otros fanáticos, no colecciona autos. Su elección es clara: “O te dedicás a tener autos clásicos o a buscar repuestos. No se pueden hacer las dos cosas”.
Y cierra con una frase que resume toda su filosofía: “Cada repuesto que vendo es como si estuviera armando un auto. Esa es mi satisfacción”.
En el Costanera de Villa Carlos Paz, entre puestos, motores y reliquias mecánicas, Simón no solo ofrece piezas: comparte una vida entera dedicada a los fierros y una gran pasión.




