Nim Tottenham y las neurociencias: "Las experiencias de la primera infancia afectan el desarrollo del cerebro"
Las experiencias vividas en la primera infancia son clave en el desarrollo cerebral, moldeando habilidades cognitivas y emocionales a lo largo de la vida.
En comparación con el resto de los animales, el cerebro humano tarda mucho más en desarrollarse y alcanzar su madurez.
Freepik.Nim Tottenham dirige el Laboratorio de Neurociencias Afectiva del Desarrollo en la Universidad de Columbia. Desde allí investiga cómo se relaciona el desarrollo del cerebro con las emociones en los seres humanos. “Estamos muy interesados en cómo los seres humanos podemos tener emociones muy intensas y aún así ser capaces de regularlas, reducirlas, calmarlas. Los humanos hacen esto mejor que cualquier otro animal, pero toma alrededor de dos décadas de desarrollo”, dice.
Tottenham, que ha recibido numerosos reconocimientos como el Braims (Biobehavioral Research Awards for Innovative New Scientists) del National Institute of Mental Health, investiga específicamente cómo el contexto influye en el circuito prefrontal medial-amígdala, que a su vez juega un rol fundamental en el manejo de las emociones.
Te puede interesar
¿Qué hábitos mejoran el aprendizaje?
Desde su laboratorio estudian los efectos que pueden tener situaciones que ponen en peligro la relación entre el niño y su cuidador, como el abuso, la negligencia, o la separación permanente de padres e hijos.
La lentitud del cerebro humano
En comparación con el resto de los animales, el cerebro humano tarda mucho más en desarrollarse y alcanzar su madurez. Hay estudios que muestran que los humanos tuvieron un ritmo de desarrollo dental mucho más lento que su especie cercana de los neandertales (cabe aclarar que el desarrollo dental está relacionado con las etapas de desarrollo). Investigaciones actuales avalan la hipótesis de que “la infancia prolongada es adaptativa a la especie”. Esta idea podría parecer contradictoria (porque lo más seguro en términos evolutivos es volverse adulto rápidamente), pero no lo es. En este artículo Tottenham cuenta que la especie humana habría nacido en un momento de mucha variabilidad climática, lo que implicaba tener que adaptarse a entornos cambiantes. Esta adaptación requiere aprendizaje, requiere plasticidad para comprender las exigencias cambiantes del mundo que nos rodea. “Dada la complejidad de los entornos humanos, cuanto más largo sea el período de aprendizaje, mejor sintonizado debería estar el individuo con su entorno. Es en este contexto funcional que una infancia y niñez prolongadas cobran sentido”, dice Tottenham en el artículo.
La importancia del entorno en los períodos sensibles
Nuestro cerebro se va desarrollando lentamente mientras crecemos, y atraviesa distintos periodos sensibles, que son momentos en los que el cerebro es más plástico y los sistemas neuronales se reorganizan. En estas ventanas de mayor plasticidad, los estímulos ambientales ejercen grandes influencias. “Las experiencias que uno tiene durante el desarrollo pueden servir como fuertes señales para el sistema de cómo funciona su mundo, y estas señales pueden ejercer gran influencia sobre la construcción del sistema. Si el entorno es enriquecido y favorable, la neurobiología optimizará el crecimiento y el avance. Si el entorno es duro, entonces la neurobiología optimizará el ahorro y la adversidad”. Es esperable que el entorno no cambie drásticamente a lo largo de una vida, por eso los impactos de los entornos tempranos suelen ser más grandes, porque la biología los toma como predictivos del entorno futuro.
Tottenham y su equipo realizaron distintas investigaciones centradas en el desarrollo de una parte específica del cerebro, a saber, el circuito amígdala-corteza prefrontal, en edades tempranas. Este circuito, que guarda relación con los períodos sensibles, está implicado en el desarrollo emocional. “Los eventos que ocurren durante estos períodos sensibles tienen consecuencias a largo plazo en el comportamiento adolescente y adulto”. La investigadora resalta que si bien puede ser más difícil identificar los períodos sensibles relacionados con lo emocional, se puede afirmar que hay momentos durante la infancia que ejercen efectos duraderos en el comportamiento futuro. “Uno de los efectos más robustos se ha observado con respecto a la influencia del cuidador primario”, dice.
El humano es un animal altricial, que nace inmaduro y necesita de un cuidador, con el que tiene que tener un apego psicológico. “Si bien existen otras formas de estrés que un niño puede experimentar, aquellas que afectan la relación de padres-hijos son las más significativas y las que afectan su bienestar, pues el infante es completamente dependiente de su cuidador primario, no solo para sobrevivir sino también para aprender acerca de la seguridad y el peligro del mundo. Este aprendizaje es una base para la salud mental futura”, dice Tottenham.
Los estresores, momentos de estrés, relacionados con la relación filial son un factor de riesgo para varias enfermedades de la salud mental, que van desde aquellas que afectan la atención, hasta problemas de conducta y emocionales. El aumento del riesgo se asocia a alteraciones en el desarrollo cerebral que juegan un papel en el aprendizaje y la autorregulación. Es importante destacar que no todas las personas reaccionan de la misma manera frente a esos estresores, es decir que las experiencias tempranas no son el único determinante. Por qué algunas personas desarrollan enfermedades y otras no, es algo que se está investigando activamente.
Estrechar los vínculos
Dice Nim Tottenham que las intervenciones que se pueden poner en marcha para tratar los desórdenes provocados por el estrés en la infancia dependen del tipo de situaciones que hayan atravesado los niños. Las terapias cognitivas enfocadas en el trauma pueden ser usadas clínicamente. En el hogar, las intervenciones pueden estar centradas en fortalecer las relaciones entre los familiares, especialmente entre los padres actuales y el niño. Estas intervenciones que se centran en el fortalecimiento de las relaciones pueden ser muy poderosas y pueden ayudar a superar esas experiencias traumáticas.
Acerca de todo esto va a estar hablando Nim Tottenham en el Congreso Internacional de Neurociencias que se llevará a cabo en octubre. Para conocer más sobre este evento o inscribirse, se puede visitar la página del congreso o nuestro perfil de IG @wumbox.



