Mondongo: la plastilina como lenguaje para reinventar la memoria y el arte contemporáneo
La muestra transforma materiales cotidianos en obras monumentales y propone una experiencia donde identidad, memoria y creatividad dialogan.
Mondongo llegó a tiempo a sí mismos y a nosotros.
Ilustración de Lisandro Ruiz.La inquietud por los tópicos y la tentación de la novedad. Plastilina y madera mezclan -acaso barajan- las miradas de lo mirado. A lo mejor el humor es la incógnita… Y la épica de lo artesanal es el duelo que es raíz. Y abismarse en la piedra angular de la nostalgia. Porque ya nombrarse “Mondongo” tienta a la timidez de lo disruptivo.
La intimidad de ArtHaus,- -en pleno microcentro diría iconográficamente cierto idioma de los argentinos semejante a la complicidad- lleva implícito El Baptisterio de los colores (2021), esa dinámica estructural de cinco metros de diámetro por cuatro de alto, que ofrenda una experiencia inmersiva con 3276 bloques de plastilina de distintos tonos.
La identidad del conjunto "Argentina (paisajes)" es el anhelo de la visibilidad de lo público en “Mondongo” de modo monumental.
Asumir la plastilina, al modo del umbral de la creatividad, es la intimidad creativa. Es el “cómo” del “qué”. Es lo único que nos hace únicos… El ítem de la identidad.
Saber ver al mirarse
Personajes retratados con el material que los identifica advienen en las obras de los reyes de España con espejitos de colores y de tantos más favoritos: Ruth Benzacar con fósforos, Sergio De Loof con vidrios rotos; Federico Klemm con tachas de cuero y Amalia Lacroze de Fortabat con perlas.
Caramelos y tantos otros surtidos del azar claman experiencia en el duo en el tobogán de la realidad cuestionable en la que seguimos dando vueltas implorando la sortija.
El quehacer iconográfico descubrió otro lado B de la atención al retratar a la villa 31: "El políptico de Buenos Aires".
La autoría es tal como se unen
Son lo arduo manual… curiosamente de pintores con plastilina y a veces hilos.
¡Son como son para ellos!
Y así como son con nosotros…
¡Vencida la sensación de no llegar tarde al debút de lo personal!
Mondongo llegó a tiempo a sí mismos y a nosotros.
El arte es la elite de lo contemporáneo.
La celebración de la memoria.
Y la plastilina es el señuelo…
La inspiración es el confinamiento.
La expresión es la intensidad que puja lo conclusivo hasta volver a ver.
Mondongo resiste a lo cotidiano
¡Que receta de mondongo!
¡Hasta itinerar la calavera en el andar que arrastra la cultura pop…!
La interpretación es una suerte de Aleph desmantelado en el baldío hasta innovar lo presencial.
Y es el lúdico contraste causal del desahogo ver.
No hay mayor ecuación que todo lo que podemos recibir al dar. Al darte.
Como creemos se puede creer en nosotros.
Somos nuestra mayor influencia. La influencia es el filtro.
El espejo no es lo único que nos hace creer.
* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.