Meridiano de Greenwich, ¿quién decidió que fuera el centro del mundo?
Nadie discute la línea imaginaria que divide el mundo en dos. La historia del meridiano de Greenwich que nació hace 142 años.
Greenwich es el meridiano 0 de la tierra.
Tema obligatorio en la primaria, el meridiano de Greenwich es uno de los primeros nombres en inglés que aparece en nuestra infancia cuando los docentes explican meridianos y paralelos. Parece algo tan antiguo como el mundo mismo (y, a fines prácticos, lo es), pero la historia de por qué esta línea imaginaria se convirtió en el centro del mundo es más reciente de lo que parece.
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El crecimiento de la conectividad y de economías cada vez más dependientes unas de otras a nivel global llevó a que, para el siglo XIX, fuera muy difícil pensar en un mundo con países aislados entre sí. La composición de una “economía-mundo” volvió necesario que los Estados (especialmente las principales potencias) reordenaran el tablero y acordaran, de manera arbitraria, criterios comunes en diversos temas.
En ese contexto, uno de los problemas era la falta de un punto común para medir las longitudes terrestres. Antes de la unificación, cada país utilizaba su propio meridiano de referencia: París, Roma, Washington y Londres servían como punto de partida según quién elaborara el mapa o planificara una ruta marítima.
Aunque pueda parecer un detalle, las consecuencias eran complejas. La navegación de puerto a puerto, el comercio internacional e incluso la coordinación horaria entre países se volvían cada vez más complicados en un mundo que avanzaba, sin pausa, hacia una globalización total.
La Conferencia Internacional del Meridiano
Sí, hubo que armar una conferencia. Convocada por el presidente de Estados Unidos, Chester A. Arthur, en octubre de 1884, representantes de 25 países (entre ellos, algunos sudamericanos) se dieron cita en Washington, D.C. con el objetivo de unificar criterios y responder una pregunta muy concreta: ¿dónde ubicamos el meridiano 0?
Tres propuestas se pusieron sobre la mesa: un meridiano internacional que no atravesara tierra continental, pero sí la isla de El Hierro, en España; el meridiano que atravesaba el Observatorio de París; y el meridiano del Observatorio de Greenwich.
Si bien la primera propuesta tuvo el visto bueno de Francia y Brasil, la elección final fue contundente: la mayoría de los delegados determinó que Greenwich fuera, a partir de ese momento, el meridiano 0 y que, desde allí, se estableciera un día universal y dos sentidos de 180° cada uno, hacia el este y el oeste. Francia, la nación más crítica de la resolución, mantuvo sus propias normas hasta después de 1911, pero finalmente terminó adhiriendo.
Impacto y repercusiones
La Conferencia Internacional del Meridiano no fue solo una cuestión técnica: fue un ejercicio de coordinación global a partir de algo tan abstracto como el tiempo. Sin embargo, también es importante señalar que, al elegir Greenwich (y, en términos simbólicos, al Reino Unido, soberano de los mares por ese entonces), hubo una definición política sobre cómo se estructuraba el mundo a fines del siglo XIX.
Los franceses lo entendieron y por eso discutieron, pero no hubo forma. Dominar el tiempo también es una forma de dominar el espacio. La propuesta de una línea “neutral”, que no pasara por ningún continente, representaba una posible salida a esa hegemonía. Pero no hubo caso.
Más de 140 años después, la decisión sigue vigente. Aunque hoy los sistemas satelitales y el GPS utilizan referencias todavía más precisas que la línea histórica trazada en Greenwich, el meridiano 0 continúa siendo, al menos simbólicamente, el punto desde donde el mundo ordena el espacio y el tiempo. El meridiano de Greenwich nunca fue solamente una línea imaginaria: también fue (y sigue siendo) una forma de decidir desde dónde se mira el mundo.