Los 12 Apóstoles, las empanadas y el partido de fútbol con una cabeza como pelota: el motín de Sierra Chica
Este 30 de marzo se cumplen tres décadas de la toma de la Unidad Penitenciaria N° 2. Liderados por "Los 12 Apóstoles", los internos protagonizaron una masacre que incluyó canibalismo y fútbol con cabezas humanas.
El tribunal frente a un plano de la cárcel, el 13 de abril de 2000.
ArchivoEl 30 de marzo de 1996 estalló en la Unidad Penitenciaria de Sierra Chica un motín que cambiaría para siempre la historia carcelaria de Argentina. Lo que comenzó como un intento de fuga frustrado, rápidamente se deslizó hacia un territorio sin control estatal. Durante ocho días de la Semana Santa de aquel año, la prisión de máxima seguridad se convirtió en el escenario de una progresión de violencia nunca antes vista.
Liderados por Marcelo "Popó" Brandán Juárez, un grupo de presos conocidos como "Los 12 Apóstoles" tomó el penal bajo un estado de descontrol absoluto, alimentado por el consumo de drogas y "pajarito", una violenta bebida alcohólica de fabricación casera.
El banquete del horror: canibalismo y "fútbol" tétrico
El objetivo primordial de la banda de Brandán Juárez era aniquilar a la facción rival liderada por Agapito "Gapo" Lencina. Tras asesinarlo a balazos y puñaladas junto a otros siete internos, el ensañamiento alcanzó niveles escalofriantes que hoy, a 30 años, siguen estremeciendo a la opinión pública:
Mutilación extrema: Los cuerpos de las víctimas fueron desmembrados con hachas y facas dentro del penal.
Empanadas macabras: En un acto de perversión sin precedentes, los restos humanos fueron cocinados en el Horno 1 de la panadería del presidio.
Canibalismo forzado: Los amotinados obligaron a guardiacárceles y otros rehenes a ingerir las empanadas antes de revelarles el origen de la carne.
El "partido" final: Testigos relataron cómo los cabecillas utilizaron la cabeza de Lencina como pelota en un macabro partido de fútbol en el patio central.
La jueza cautiva y el refugio de Robledo Puch
En medio de la locura, la jueza María de las Mercedes Malere ingresó al penal para intentar una negociación y terminó convertida en rehén. Los amotinados amenazaron con lanzarla desde las alturas de la unidad si las fuerzas de seguridad intentaban un asalto táctico.
Por otro lado, el motín cruzó los caminos de otro nombre célebre: el asesino serial Carlos Eduardo Robledo Puch. Según su propio relato, el "Ángel de la Muerte" se refugió en su celda durante los ocho días, resistiendo con raciones mínimas de comida hasta que la tormenta de sangre cesó el Domingo de Pascuas, cuando finalmente asomó la bandera blanca de la rendición.
Un legado de sombra en el sistema penitenciario
El saldo final de la masacre fue de ocho muertos y decenas de heridos. Cuatro años después, en un juicio histórico realizado bajo estrictas medidas de seguridad, los cabecillas fueron condenados a reclusión perpetua.
Hoy, a tres décadas del hecho, el temido Horno 1 de Sierra Chica continúa funcionando y produciendo el pan diario para los internos. Se mantiene como un testigo mudo de la semana más oscura de la cárcel argentina, una herida abierta en un sistema que, paradójicamente, había sido diseñado para vigilarlo todo y terminó siendo escenario del canibalismo más atroz.