La vuelta a clases empieza en casa: cómo lo que transmitimos define el ánimo de los hijos
Gestos, tono y rutinas previas influyen en la seguridad emocional. Preparar con calma la vuelta a clases, mejora la confianza y las ganas de aprender.
El primer día de vuelta a clases empieza mucho antes de entrar al aula.
ArchivoEl primer día de vuelta a clases empieza mucho antes de entrar al aula. El comienzo de clases no sucede solo el día en que nuestros hijos cruzan la puerta de la escuela. Empieza bastante antes. Empieza en casa, de esto depende en gran parte el sentir de los chicos cuando llegan a la escuela.
Empieza en los comentarios que hacemos mientras compramos los útiles, en el tono con el que hablamos de la escuela, en el apuro —o la calma— con la que armamos la mochila, en la forma en que miramos este nuevo ciclo que se abre, no solo hablamos, gestos , modos, actitudes marcan fuertemente. Desde la psicología sabemos algo fundamental: los chicos no solo escuchan lo que decimos, perciben lo que sentimos.
Y eso que sienten —nuestro estrés, nuestro entusiasmo, nuestro malestar o nuestra confianza— se convierte en un mensaje profundo sobre qué significa, para ellos, volver a la escuela. Cuando el inicio del ciclo lectivo llega cargado de quejas, corridas, enojo por los gastos o comentarios negativos sobre la institución, el aprendizaje queda teñido de tensión. No hay motivación posible cuando el clima emocional es de amenaza, obligación o fastidio.En cambio, cuando los adultos logramos transformar este momento en un ritual de preparación, algo muy distinto sucede. Claro que para eso debemos ser conscientes y actuar en pos de lo que ellos necesitan, por eso este post , pensado desde la prevención y la responsabilidad que como padres nos atañe. Por este motivo: comprar los materiales con entusiasmo —aunque sean sencillos—, ayudar a elegir la cartuchera, preparar juntos la mochila, ponerle nombre a nuestras pertenencias, ver que tenemos y que sirve, buscar, dejar en condiciones.
Nuestros hijos siempre perciben lo que sentimos
Ordenar la ropa, hablar de los horarios, anticipar las rutinas, mostrarles que necesitamos de ellos y que haremos nosotros, hacer un juego de roles “como si fuera un dia de clases“. Sacar turno con nuestro pediatra , no solo por el certificado que debemos presentar, sino como oportunidad para considerar cambios de hábitos, la necesidad de mayor actividad física y preguntar todo eso que un profesional que nos conoce y acompaña puede ayudarnos a reevaluar.
Todo eso no es solo organización, es sobre todas las cosas seguridad emocional, algo clave para nuestras infancias. Los chicos necesitan saber qué se espera de ellos, cuáles serán sus responsabilidades, qué cambios trae esta nueva etapa. Anticipar no genera ansiedad; por el contrario, calma. Le da al cerebro infantil una sensación de previsibilidad que habilita el aprendizaje. También es una gran oportunidad para poner en palabras el sentido de la escuela. No solo como un lugar de contenidos, sino como un espacio para estar con otros, aprender a convivir, desarrollar el cerebro, entrenar la atención, descubrir intereses, hacer amigos, equivocarse, intentarlo de nuevo. La escuela no es solo una obligación: es una experiencia profundamente humana, que debemos disfrutar y como padres hacer comunidad y alianzas.
Acompañar la vuelta a clases implica ayudar a los chicos a entrar en ritmo
También entrar nosotros, revisar qué transmitimos, qué decimos, qué emociones ponemos en juego. Porque educar no empieza en el aula: empieza en el vínculo. Cuando logramos que el comienzo sea cuidado, previsible y con sentido, los chicos no solo vuelven a la escuela. Vuelven con más confianza, más apertura y más ganas de aprender. Motivados, sabiendo que ese es el mejor lugar para crecer. Y eso —aunque no figure en ninguna lista de útiles— es uno de los aprendizajes más importantes del año.y sin dudas una obligación ética y moral que tenemos como padres.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.



