La voz de San Martín: "He sido un hombre feliz, pero en mi alma encontré un vacío por no poder volver"
San Martín es la figura más importante de la historia Argentina. Una entrevista con su palabra y una recreación inédita. La epopeya de los Andes, su vida en Mendoza, el intento de asesinato y el dolor del exilio. Del daguerrotipo a la Inteligencia Artificial.
Leer las cartas e Imaginarse a José de San Martín eriza la piel. En su etapa de Gobernador Intendente de Cuyo, como un estratega y político de gran energía, o en el dolor del exilio, cuando penaba por el desarraigo. Escucharlo y ver sus gestos, más aún. Pues en una reconstrucción en la que se mezclan la tecnología y el trabajo artesanal, MDZ acerca esa realidad en una entrevista a fondo basada en lo que escribió en sus cartas y con el uso de Inteligencia Artificial para darle voz y vida. La figura está generada en base a la única imagen real de San Martín tomada en Francia en 1848.
Un daguerrotipo de 6 centímetros tomado en 1848, la única imagen de San Martín, que se resguarda en el Museo Histórico Nacional fue la base para la alquimia: una imagen creada hace más de 200 años con un soporte físico tomó vida con la última tecnología. San Martín responde sobre todo, desde sus prolíficos intercambios epistolares con algunos de sus amigos y colegas, como Godoy Cruz, O’Higgins y Guido. La mayoría de las respuestas son textuales; con algunas licencias para agregar información. Las preguntas, son más que preguntas para que se genere un hecho que hasta hace poco era solo un sueño: hablar con “Don José”.
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-Es un honor poder conversar con usted general
-Gracias Profesor. Es un gusto poder volver aunque se sea de esta manera a Mendoza, la que siempre consideré mi tierra. Además poder charlar sobre lo más importante que puede tener un pueblo que es la libertad.
-Lo primero que me nace preguntarle es cómo fueron sus inicios en Mendoza. Era un momento difícil, había pocos recursos y usted llegaba con un objetivo que era nada menos que darle la libertad a medio continente.
-En 1814 me hallaba de gobernador de Mendoza; la pérdida de Chile dejaba en peligro la provincia. Por eso la puse en estado de defensa hasta que se diera la oportunidad de atacar. Los recursos eran escasos. El ejército no estaba listo, era un embrión de lo que se necesitaba.
Pero desde el inicio conocí la buena voluntad de los cuyanos y emprendí a formarlo bajo un plan que hiciera ver hasta qué grado puede apurarse la economía para llevar a cabo las grandes gestas.
-Uno de los problemas graves que tuvo cuando llegó a Mendoza es que al poco tiempo en la batalla de Rancagua los realistas recuperaban el control de Chile, algo que era una amenaza para usted y sus planes. Pero no solo eso, sino que también hubo un gran flujo migratorio.
-¡Claro! Y era indispensable proteger a nuestros hermanos que habían abandonado sus hogares en Chile. Tuvieron que huir dejando todo en sus hogares. Vinieron con lo puesto. Familias enteras, con ancianos, mujeres y niños que cruzaron la áspera cordillera buscando cómo salvarse de la saña y la barbarie de los enemigos de la independencia argentina. Yo le dije al pueblo de Cuyo “venid conmigo y corramos a darles el auxilio de la hospitalidad, mientras nos armamos y les llevamos el de nuestros soldados, para reponerlos en la posesión del suelo de que los extranjeros pretendían despojarlos”.
-A los problemas económicos y falta de recursos, la falta de soldados que tenía, se agrega otro problema que es el tema político. Hacía poco que había llegado y hubo un intento de sacarlo del juego, una especie de golpe de Estado. ¿Qué pasó?
-Sí, pero yo era un hombre de respetar las decisiones, aunque no me quede quieto para dejar que se cometan injusticias. Esa situación me hizo empeorar mi estado de salud. Enviaron a Gregorio Ignacio Perdriel a hacerse cargo del gobierno de Cuyo. Pero el pueblo de esta tierra se levantó en contra. No soy yo quien deba decirlo. Pero hubo una revuelta popular en Mendoza. Se movieron hacia el Cabildo. En las casas había carteles con la inscripción «Queremos a San Martín»… «Fuera Perdriel». Yo me mantuve sobrio, pero reaccioné ante algunos operadores, como José María García. Fue él quien intentó matarme; así como lo escucha. Buscaron el modo de abatirme. Esto lo tenía probado porque pidieron a Alvear que se busque a un grupo de 15 o 20 asesinos al general Alvear para quitarme la vida.
-Me he tomado la licencia de decir que este fue el primer gran “mendozazo” reivindicando y difendiendo a su líder, a su Gobernador. Siguiendo en el tiempo, necesitábamos imperiosamente tener un papel que nos diera autoridad administrativa, jurídica y política para cruzar la cordillera. Es decir, declarar la Independencia.
- Claro que sí profesor. Tenía hombres inteligentes: Godoy Cruz, Maza, Laprida, el fray Santamaría de Oro. Pero contábamos con la mala postura de los diputados de Buenos Aires, que no hacían más que difamarme. Godoy Cruz me había manifestado el odio cordial con que me favorecían los diputados de Buenos Aires. Mi corazón generó cayos con ese odio que luego seguiría en mi exilio. Por eso hice propia aquella sabia máxima del filósofo Epictecto: «Si l'on dit mal de toi et qu'il soit véritable, corrigetoi; si ce sont de mensonges, risen». "Si se habla mal de ti y es verdad, corrígete a ti mismo; si es mentira, ríete de ella".
El problema que teníamos para ir hacia Chile y Perú no era solo económico, sino político. Estábamos en una verdadera anarquía o por lo menos una cosa muy parecida a esto. ¡Carajo con nuestros paisanitos! Pasado un tiempo sin novedades se lo escribí a Godoy Cruz para que haga entender a todos. ¡¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia?!
Era algo ridículo. Una nación que podía acuñar moneda, tener bandera nacional, y hacer la guerra. Los enemigos (y con mucha razón) nos trataban de insurgentes, pues nos declarábamos vasallos sin tener la independencia.
Traté de alentar, de motivar a los diputados. Les dije que tuvieran ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas difíciles.
-Creo que en el fondo la operación política dio resultado. En ese tiempo fundacional fue la primera asamblea en la que el interior se pudo imponer ante Buenos Aires, Fue muy importante esa punción política. ¿Qué ideas tenía para ese congreso de Tucumán?
-Lo pensé en su momento. Les dije a mis hombres de confianza que aunque no entendía de política, daba mi opinión si hubiera sido diputado. Les dije que debíamos pertenecer a una Nación, que era imposible construir una República sin Artes, Ciencias, Agricultura, Población. Tampoco si se mantenían las pasiones, el choque de partidos y actitudes mezquinas, rivalidades, no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo.
-En Mendoza usted se va a convertir en político. Estaba acostumbrado por su formación militar a dar y recibir órdenes pero acá se tiene que hacer cargo de la gestión diaria de las cosas como un gobernador intendente que permanente tiene que estar haciendo política. Tenía como objetivo centrar armar el ejército. Pero tenía que ocuparse de otras cosas. ¿Puntualmente qué recuerdos tiene de esa Mendoza que le tocó gestionar?
-Siempre fui ciudadano de Mendoza. No podría ser sin su pueblo que haya podido elevar de su mismo seno un ejército de tres mil hombres, despojándose de todo para la creación, progreso y sostén del Ejército de los Andes.
Sería insensible no recordar el honrado y benemérito pueblo de Mendoza. Cerca de tres años he tenido el honor de presidirle. Sus heroicos sacrificios por la Independencia y prosperidad común de la Nación pueden numerarse por los minutos de duración de mi gobierno. A ellos, y a sus particulares distinciones con que me han honrado, le he prestado gratitud eterna.
-Llama mucho la atención su apego y estímulo constante a la educación.
-La educación forma el espíritu de hombres. La naturaleza misma. La libertad, que es la máxima aspiración de los pueblos, también depende de ella. Los pobladores del nuevo mundo eran merecedores de las mejores luces. Era importante que a través de la educación se haga saber que ya no se pertenecía al suelo de una colonia miserable, sino a un pueblo liberal y virtuoso
Lo dijo el Cabildo de Mendoza en ese tiempo: “Si el guerrero era el instrumento para salvar la Nación ante el peligro, el sabio debe serlo para constituirla. Esto era fundamental en ese momento y lo será siempre: padres de familia, la educación es el patrimonio que en herencia podéis dejar a vuestros hijos.
-A tal punto fue así que fue uno de los pilares de la creación del colegio secundario que Mendoza no tenía…
-Fue el de la Santísima Trinidad. Además se hizo un pequeño aporte: un tercio de los productos de la finca que se me había donado lo destiné al colegio, pero especialmente para que sea para la dotación de una cátedra de matemáticas y geografía. Usted sabe que estas dos facultades eran entonces la llave de la verdadera ilustración. El jurista, el filósofo nada valen si carecen del conocimiento y cronología de los sucesos con el gran arte de compararlos y darles aquella colocación precisa, profunda y discreta que solo pueden inspirar las matemáticas.
-Hemos descubierto un nuevo San Martín. Un hombre consustanciado con sus principios humanistas. Lejos de aquel brillante militar. Usted por donde pasó dejó una biblioteca, como nuestra Biblioteca San Martín, la Biblioteca de Santiago de Chile, la del Perú. Hoy nos enteramos que el día del maestro del Perú es en recuerdo de que usted creó el colegio. Lo que hizo con la salud, con el plan de vacunación e higiene. El trabajo en el campo de la industria, la importancia radical que le da al agua. La defensa del vino. Esto es importante ponerlo en valor porque fue un hacedor. En el medio, vuelven a faltar recursos. ¿Cómo fue encarar esto y reclamar recursos, cómo se consiguen?
-Yo pedía, buscaba apoyo de Buenos Aires. Pero era muy escaso. Era una cosa bien triste verse en esa situación: hasta las cosas de primera necesidad y se me negaron. Hice continuas reclamaciones sobre la indefensión de esta provincia en los primeros veranos que me tocó gobernar. Tuve que enviar dinero recaudado. Me sacaron las alhajas de donativos. EN vez de auxiliarme con un solo peso me sacaron miles de pesos. Los donativos que se juntaron (entre las que fueron las pocas alhajas de mi mujer) me las mandaron a remitir, como asimismo otros donativos que no remití.
-Hay varias leyendas urbanas donde se decía que no había ropa, recursos. Hubo gente que quedó fundida. ¿Ahora, Cuyo, cómo aportó?
-Fue una economía de guerra y hubo medidas duras. Tuve que pagar mulas, crear una maestranza, parque, armería, dos hospitales, una fábrica de pólvora; una provisión de víveres y que se yo qué otras cosas. Tuve que arruinar las fortunas para sostener y crear tantas atenciones. A pesar de todo me habían abandonado del modo más inaudito. Siempre tuve un dolor que no me pude sacar por esas actitudes: San Martín fue siempre un hombre sospechoso en su país, pero esto es para otro momento.
Había que formar y mantener más de 5 mil hombres y preparar el ejército. El pueblo de Cuyo lo hizo. La campaña salió más de 2 millones de pesos. 900 mil vinieron del Directorio. El resto, del pueblo que goberné orgullosamente, donativos y otras provincias.
-Yendo a lo sustancial; a la gran gesta que fue el cruce de los Andes en enero de 1817, ea idea de dividir al adversario en 6 columnas, el ejército de inteligencia y contrainteligencia, la cantidad de recursos: animales, vacas, agua y hasta el pasto. La producción de Mendoza, el ajo, los alimentos para evitar el apunamiento. ¿Cómo fue ese cruce?
-Siempre lo dije. Mi mayor temor no era el enemigo, sino cruzar esos inmensos montes. Las dificultades que tuvieron que vencerse para el paso de la cordillera solo pueden ser calculadas por el que las haya pasado. Las principales dificultades eran la despoblación, la construcción de caminos, la falta de leña y sobre todo de pastos. El ejército arrastraba 10.600 mulas, 1.600 caballos y setecientas reses. A pesar de un cuidado enorme de parte de todos, solo llegaron a Chile 4.300 mulas y quinientos once caballos en muy mal estado. La puna había atacado a la mayor parte del ejército. Por eso perecieron varios soldados. También murieron muchos por el intenso frío. En fin, todos estaban bien convencidos para seguir adelante. Reinaba en el ejército una gran confianza, sufrimiento heroico en los trabajos.
-Siempre lo comparan al cruce con aquella gesta de Napoleón. Pero son distintas por las circunstancias de cada uno. Y su salud, que no era la mejor. ¿Cómo se encontraba?
-Todos conocían el estado deplorable de mi salud. En camilla recorrí parte del trayecto. Pero siempre estuve dispuesto a ayudar con mis cortas luces y mi persona a mi patria y a mis compañeros.
-Hay un debate contemporáneo que pone a Argentina como racistas. Es interesante poner en valor lo que ocurrió en aquel momento con la composición del ejército.
-Claramente. Estaban nuestros paisanos los indios en el territorio. En el caso del Ejército, el mejor soldado de infantería que tuvimos fueron los negros y mulatos. Los esclavos quedaban libres desde su incorporación al ejército. Se puede calcular en más de 1.500 hombres que cruzaron los Andes, como herederos de África.
Yo creía que los negros que han servido en nuestros ejércitos merecen gran elogio por su constancia y valor. Una prueba de su patriotismo es que los españoles no han podido, a pesar de sus tentativas, formar cuerpos con ellos. Ellos merecían como cualquiera educación y dignidad.
Lo había dicho entonces: entre los esclavos hay muchos de más que regular educación para su esfera, que saben escribir, y poseen un genio capaz de las mejores instrucciones. Abriéndose la puerta a sus ascensos, se empeñarán eficazmente a adquirirlos, cumpliendo mejor los deberes de su clase. Fueron razones políticas, y muy fuertes, las que influyeron para que tengan prohibiciones.
-Usted en Mendoza garantizaba la libertad a quienes habían llegado como esclavos. Usted con esto no buscaba solo la Libertad de un pueblo, sino de todo el continente.
-Claramente. Buscábamos la libertad de toda América. Aspirábamos a ser un pueblo libre en una Nación soberana. No nos conformábamos con obtener y asegurar la libertad de las Provincias Unidas emancipadas. Íbamos más lejos. Perseguíamos la independencia del mundo americano. Para ello era inaplazable emprender una guerra ofensiva contra el dominio de la metrópoli.
-Siempre aparece y está latente el tema de los conflictos internos; las peleas dentro del país.
- Ese fue un mal dañino por demás…que incluso me costó el exilio eterno. Cada gota de sangre americana que se derramó por nuestros disgustos internos me llegó al corazón. Paisano mío…esto fue un dolor enorme. Había que hacer y hay que hacer siempre un esfuerzo para dedicarnos solamente a enfrentar a los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. Nunca tuve en mi vida más pretensiones que la felicidad de la patria.
- Se puede decir que la campaña venía siendo exitosa. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, la libertad de Chile y Perú. ¿Por qué se retira de la vida política, no acepta los cargos que le ofrecieron? Yo tengo una teoría, donde después de Guayaquíl con su posición generosa, no fue correspondida por Bolívar, que tenía una visión más personal y egoísta. Esto corre por mi cuenta.
-Faltaría a mi deber si no manifestase de manera sincera que estuve enrolado en la carrera militar desde los doce años y no tenía una formación acorde para la política. Mi educación ni mi instrucción no las creí propias para desempeñar con acierto un cargo del que podía depender la paz de nuestro suelo. Por eso no acepté cargos públicos luego. La experiencia me ha enseñado que los cargos públicos no proporcionan otra cosa que amargura. Sin embargo puedo decir que mi barómetro para conocer la garantía de la tranquilidad que ofrece un país es el estado de su hacienda pública y al mismo tiempo las bases de su gobierno.
-Después de tanto esfuerzo, de ser reconocido en Chile, en Perú…se queda sin patria…está expatriado. Nos queda a los mendocinos la idea de que usted quería vivir en Mendoza.
-Mi deseo era gozar de una vida tranquila. Los diez años de revolución y guerra me lo hacían desear con anhelo. Por eso establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza, en mi Tebaida. Para hacer más clara mi posición corté toda comunicación, excepto con mi familia. Me proponía en mi atrincheramiento dedicarme a los encantos de una vida agrícola y a la educación de mi hija. Ese era mi deseo.
-Lamentablemente no pudo. El recuerdo está muy vivo acá; por lo que hizo con el legado de la libertad, la industria para Mendoza, un modelo de provincia. ¿Por qué no pudo cumplir ese deseo?
¡Vanas esperanzas tuve! En medio de estos planes, hubo lisonjeros que me obligaron a seguir otro camino y se dedicaron a hostilizarme. Sus carnívoras falanges bloquearon mi retiro tranquilo. Fue ahí cuando se me manifestó una verdad que no había previsto: había estado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir en tranquilidad.
Tuve varias razones por las que decidí privarme del consuelo de estar en mi patria: la primera, no mandar. La segunda, la convicción de que podría haber habitado mi país como particular en tiempos de convulsión, de divisiones.
Estos son los motivos que me impulsaron a confinarme de mi suelo porque mi presencia en el país hubiera sido embarazosa. Viví el dolor del exilio, pero he sido un hombre feliz. He sido feliz. Pero a pesar de esto le aseguro que mi alma encuentra un vacío…y es no haber podido estar en Mendoza hasta el final, como siempre fue mi deseo.




