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La ruta de montaña de Mendoza que renace y se desarrolla como un centro turístico

La recuperación de un camino clave en el sur de Mendoza abre paso a un incipiente polo turístico en plena cordillera mendocina.

Mendoza busca mejorar esta ruta para disfrutar los hermosos paisajes al pie de la montaña.

Mendoza busca mejorar esta ruta para disfrutar los hermosos paisajes al pie de la montaña.

Hay lugares que durante años permanecen fuera del mapa, casi intactos, como si el tiempo pasara más lento. Valle Hermoso fue uno de ellos. Pero eso empieza a cambiar. En el sur de Mendoza, un camino de montaña que supo ser difícil y olvidado vuelve a cobrar protagonismo, empujado por obras recientes y un interés creciente por transformar la zona en un nuevo destino turístico.

El acceso no es sencillo ni pretende serlo. Desde el centro de esquí de Las Leñas, la Ruta Provincial 222 se interna en la cordillera con un recorrido exigente: curvas cerradas, pendientes pronunciadas y tramos de suelo natural que obligan a manejar con paciencia. Son poco más de 20 kilómetros que, en la práctica, pueden demandar una hora y media. Pero lo que aparece al final justifica el viaje.

Un camino que vuelve a abrir la puerta

Durante los últimos tres años, la Dirección Provincial de Vialidad trabajó en recuperar este tramo que conecta con Valle Hermoso. La rehabilitación permitió que desde 2024 el camino vuelva a ser transitable durante la temporada estival, antes de que la nieve obligue a cerrarlo nuevamente.

ruta provincial 222

El avance más reciente llegó con la instalación de señalización preventiva a lo largo del recorrido. No es un detalle menor: el tránsito viene creciendo y ya no se trata solo de vehículos altos. También están llegando autos particulares, aunque las autoridades recomiendan extremar los cuidados.

El paisaje que espera al final

El recorrido tiene un punto clave: un mirador ubicado a casi 2.700 metros de altura. Desde ahí, el terreno se desploma en una postal impactante. Abajo, unos 500 metros más abajo, se abre el valle a 2.200 metros sobre el nivel del mar, rodeado de montañas y atravesado por ríos.

El camino sigue descendiendo en forma de caracol hasta el corazón del valle y avanza hasta un punto donde prácticamente se termina: el Rincón de los Oscuros, un estrecho cordón de roca oscura por donde apenas se abre paso el río Tordillo.

Pero no es solo la geografía lo que llama la atención. En el valle conviven lagunas, cascadas, vegas y formaciones montañosas que dominan el paisaje, como el cerro Torrecillas. También hay rastros de historia, como petroglifos y sectores con aguas termales.

Turismo en crecimiento, pero con identidad propia

El interés por la zona ya empezó a tomar forma. A pocos metros del cerro Centinela funciona un ecolodge montado sobre un antiguo refugio, con capacidad limitada y servicios que sorprenden en un entorno tan aislado: energía solar, wifi y nuevas estructuras en desarrollo, como domos para ampliar la oferta.

A la par, el complejo Las Leñas proyecta avanzar con su propio desarrollo en la zona de la laguna, donde ya comenzaron obras para sumar alojamiento y, más adelante, un hotel con actividades de invierno.

Sin embargo, Valle Hermoso no es solo turismo. Desde hace décadas, el valle es territorio de veranada para puesteros de Malargüe, que trasladan su ganado durante los meses más cálidos. Cabras, vacas, ovejas y caballos forman parte del paisaje tanto como las montañas.

Una convivencia que potencia la región

Lejos de entrar en conflicto, ambas actividades encuentran un punto de equilibrio. Para los puesteros, el camino es fundamental: facilita el traslado de animales, alimentos y herramientas. Para el turismo, la presencia del ganado aporta autenticidad y conecta la experiencia con la cultura local.

Esa convivencia empieza a consolidar un modelo distinto, donde el desarrollo no desplaza lo tradicional, sino que lo integra. Incluso se generan vínculos económicos, como la provisión de productos para la gastronomía de los emprendimientos.

Llegar a Valle Hermoso no es para cualquiera. No hay estaciones de servicio, ni asistencia en el camino. Se necesita precaución, tiempo y respeto por la montaña. Pero justamente ahí está parte de su atractivo.

En un contexto donde muchos destinos ya están masificados, este rincón de Mendoza ofrece algo diferente: naturaleza intacta, silencio y la sensación de estar, todavía, un poco fuera del mundo.