La propuesta de comida mediterránea que desembarcó en el corazón de Recoleta
El reconocido Grupo W desembarcó en Recoleta Urban Mall con una propuesta que combina comida mediterránea, diseño moderno y hospitalidad. Conocé la historia detrás de Allenby.
Comida mediterránea en Allenby.
GentilezaLa comida mediterránea llegó a Recoleta Urban Mall con una propuesta que busca ir más allá de la gastronomía tradicional. Se trata de Allenby, la nueva apuesta del grupo W, integrado por los hermanos Alejo, Martín y Tomás Waisman, en la que desarrollan su identidad sobre la calidad, el servicio y una forma artesanal de entender el negocio.
Una apertura que marca una nueva etapa
Desde mediados de marzo, el paseo gastronómico de la planta baja de Recoleta Urban Mall sumó una nueva propuesta con la inauguración de Allenby, un restaurante inspirado en la cocina del este del Mediterráneo. El local, ubicado en Vicente López 2056, abre todos los días de 9 a 00 y forma parte de una transformación más amplia del shopping.
La propuesta fue creada por Alejo, Martín y Tomás Waisman, socios del Grupo W, la firma detrás de marcas como Il Quotidiano, Sottovoce, Fervor y El Burladero. En Allenby, el objetivo fue construir una cocina de cruces, con sabores que recorren referencias de Grecia, Marruecos y otras zonas del Mediterráneo, pero con una mirada propia.
Tomás Waisman definió la apertura como el resultado de un proceso extenso: “La apertura marca la concreción de una idea largamente trabajada, una apuesta que finalmente tomó forma cuando confluyeron el tiempo, el equipo y la convicción de avanzar con una propuesta original, incluso en un escenario desafiante para la gastronomía local”.
Una cocina mediterránea con lenguaje propio
A lo largo de su trayectoria, los Waisman aseguran que hubo una regla que se mantuvo intacta en cada uno de sus proyectos: no resignar la calidad. Esa decisión atraviesa tanto la elección de productos importados como la elaboración propia de panificados, helados, kombucha, hummus, tahina y otros imprescindibles en sus cartas. “Nunca negociamos la calidad; no resignamos calidad de producto por precio”, aseguró Tomás Waisman en diálogo con MDZ.
Allenby nace con esa misma lógica, pero con otro tono. La carta toma como punto de partida la amplitud de la cocina mediterránea y la combina con una experiencia más joven, informal y transversal. El menú incluye hummus, falafel, ensaladas, pollo, cordero, sándwiches de pastrami y de schnitzel, pizzas, tahina de cordero, especias, fermentaciones y preparaciones pensadas para compartir.
La propuesta, explicaron sus impulsores, no busca copiar una tradición única, sino trabajar sobre mixturas y desplazamientos. Por eso, el restaurante incorpora platos que pueden dialogar con públicos diversos, incluso con opciones veganas o sin TACC, dentro de una tendencia gastronómica que crece a nivel mundial.
Recoleta Urban Mall y el giro hacia las experiencias
La llegada de Allenby también forma parte de una estrategia más amplia de Recoleta Urban Mall. El shopping busca dejar atrás la idea tradicional de centro comercial para consolidarse como un centro de experiencias, con propuestas gastronómicas, entretenimiento, cine, bowling y nuevos espacios vinculados al streaming y los e-sports.
Pablo Peralta Ramos, director de Fortín Maure, sostuvo que la apertura del restaurante se integra a ese proceso de transformación: “Recoleta Urban Mall está en pleno proceso de evolución. La visión estratégica que tenemos para este shopping es enfocarnos en brindar grandes experiencias que se asocian a momentos de compra, bajo un mood de esparcimiento”.
La apuesta incluye reformas en el tercer piso, mejoras en la experiencia del cine y nuevos proyectos orientados a públicos más jóvenes. Entre ellos, mencionaron un acuerdo con streamers argentinos para crear un espacio de streaming en vivo y un E-sports Park que estaría operativo en los próximos meses.
Hospitalidad, producto y permanencia
Para los Waisman, el diferencial de sus restaurantes no está solo en la carta, sino en la forma de recibir al cliente. En la entrevista insistieron en una idea que se repite a lo largo de su historia: el respeto por el producto, por el servicio y por la experiencia completa. Esa mirada también explica la creación de una planta de preelaboración que abastece a sus distintos locales. Según contaron, el objetivo no fue transformarse en una industria, sino estandarizar procesos, sostener calidad y garantizar que cada restaurante pueda mantener el mismo nivel de producto.
La historia familiar detrás del Grupo W
La historia de los Waisman en la gastronomía comenzó mucho antes de Allenby. En el relato familiar aparece una figura clave: la abuela. Fue ella quien, sin proponérselo, despertó en Alejo el interés por la cocina. “Para ella, todo pasaba a través de la cocina”, recordó uno de los hermanos.
Ese vínculo inicial se transformó luego en formación, viajes y trabajo. Alejo estudió cocina, hizo pasantías, viajó a España para trabajar en restaurantes reconocidos y más tarde pasó por París. Al regresar a la Argentina, su experiencia en Cipriani le permitió profundizar en la cocina italiana, una base que luego sería determinante para varios de los proyectos del grupo.
El primer gran paso llegó con La Taberna, en Lomas de Zamora, en 1998. Al principio, según recordaron, el restaurante no estaba lleno y hasta debían llamar a familiares para que el salón no se viera vacío. Pero el crecimiento fue rápido: en pocas semanas, las reservas empezaron a agotarse y el proyecto familiar tomó otra dimensión.
Después llegó Sottovoce, en Recoleta, una apertura que coincidió con un momento particular del país, tras la crisis de 2001. El cierre de Cipriani dejó un espacio vacante y el grupo supo ocuparlo con producto cuidado, servicio preciso y una propuesta que captó rápidamente a políticos, figuras públicas y clientes habituales de la zona.
Más tarde apareció Fervor, una parrilla que buscó diferenciarse al incorporar pescados y mariscos a la experiencia del fuego. La idea, que al principio generó dudas entre algunos clientes, terminó por consolidarse como uno de los sellos del grupo. Luego llegó El Burladero, con la intención de recrear una cocina española más cercana a la experiencia de comer en Madrid.





