La Fiesta de la Vendimia que terminó con un duelo entre el director de Turismo y un periodista
La historia de una pelea tras una Fiesta de la Vendimia en la que un funcionario batió a duelo a un periodista mendocino.
La Fiesta de la Vendimia que terminó con un duelo entre el director de Turismo y un periodista.
Voy a exagerar la situación incorporando protagonistas de vigente actualidad a la presente nota para que tomemos cabal dimensión de los asombrosos e inauditos hechos acaecidos en el marco de la Fiesta de la Vendimia de 1969. Es una especie de ucronía (qué hubiera pasado sí). Imaginemos a Diego Gareca, actual Subsecretario de Cultura de Mendoza, o a Gabriela Testa, Presidente del Ente Mendoza Turismo, batiéndose a duelo con alguno de mis estimados compañeros de trabajo y reconocidos periodistas: Federico Croce, Gema Gallardo o Laureano Manson, porque al funcionario provincial no les gustó la critica que desde un medio de comunicación hicieron a la fiesta vendimial que había organizado su gobierno. Sería absurdo. Increíble. Pero en 1969, aunque cueste creerlo, pasó. He aquí los hechos.
Vendimia mágica: entre milicos y una reina de apellido difícil
Transcurrían tiempos duros. Tiempos de la denominada “Revolución Argentina” bajo la presidencia de facto del teniente general Juan Carlos Onganía. Época del “Cordobazo”, el secuestro de Aramburu, el vaciamiento de la universidad argentina, la teología de la liberación y de un marcado deterioro de la economía. “La morsa”, como se lo apodaba a Onganía, soñaba convertirse en un eterno dictador. Perpetuarse en el poder hasta “vaya a saber cuándo”; pero la compleja coyuntura argentina tenía pensado otro destino para él. Mientras tanto en Mendoza, el interventor federal designado por aquella junta militar para conducir la provincia fue el brigadier (RE) José Eugenio Blanco.
Te puede interesar
Una generación que no mira para otro lado
La fiesta vendimial se desarrolló la noche del 15 de marzo de 1969 en el Teatro Griego Frank Romero Day. El espectáculo central se denominó “Vendimia Mágica”. Fue dirigida por Eduardo Huatos. Estuvo basada en el libreto de Eduardo Hualpa, Alfredo Luis Villalba y Jorge Iñarra Iraegui. La coreografía general correspondió a Corina Silva y nuevamente participó del evento Santiago Ayala, “El Chúcaro”, con su reconocido ballet folclórico. La fiesta contó con la promoción a partir del afiche confeccionado por el artista Chipo Céspedes. En realidad, nadie podrá negar que el staff creativo que dirigió la fiesta era un “equipazo”. Además, la edición de 1969 tuvo algo innovador, hecho que con el tiempo se convertirá en un patrimonio de la fiesta: se montaron por primera vez cajas lumínicas en el escenario del Frank Romero Day. Pero a pesar de todo, el espectáculo vendimial recibió una lluvia de críticas. (Nada nuevo bajo sol).
Esa noche la representante de Guaymallén, Cecilia Baumgartner, fue coronada reina con 68 votos, imponiéndose a Ana María Montoya, soberana de San Rafael, que había obtenido 41 sufragios. Pero todo esto, coronación y festejos, en pocas horas ocupará un segundo plano, quedando altamente minimizado ante los sucesos que dejarán atónitos, especialmente a la amplia mayoría de los mendocinos, convirtiéndose en noticia nacional.
El último duelo en Mendoza
En el país existía una larga tradición referida a los duelos como una forma de defender el honor. No era habitual, pero pasaba con cierta frecuencia, pues tenían aceptación social como una manera de salvar la dignidad ante la mirada ciudadana. Mendoza no fue la excepción en estas prácticas, contando en su historia con duelos que involucraron a reconocidos personajes del ámbito político, cultural, empresarial y económico.
En fin; el honor no se delegaba. Y menos en cuestiones cuando se ponía en juego el buen nombre propio, ya que la honorabilidad representaba un patrimonio personal que no toleraba ninguna mancha, y aunque creamos que estas situaciones eran de uso lejano en el tiempo, la provincia de Mendoza fue testigo de un duelo a finales del siglo XX.
Lo cierto fue que el Director de Turismo de ese momento era el teniente coronel retirado Oscar Manzoni y que las críticas al espectáculo vendimial habían sido muy ácidas. Según los archivos de la época, los enjuiciamientos más duros habían provenido del diario Los Andes, lo cual generó un ataque de ira en el funcionario, tomándose muy a pecho los cuestionamientos. Por consiguiente, el director del área de turismo sintiéndose extremadamente molesto por las críticas a la fiesta de la vendimia convocó a una conferencia de prensa en su despacho. Apenas reunidos los periodistas, lo primero que hizo Manzoni fue increpar directamente, y muy ofensivamente, a Francisco Orsini, periodista del diario centenario, quien sin alcanzar a omitir opinión alguna fue vilipendiado por el funcionario. La violenta escena culminó cuando Manzoni, luego de estrellar una silla contra los pies del periodista, vertió severos juicios contra todos los integrantes de la prensa.
La situación tomó ribetes trágicos al difundir una emisora local (LV 10 – Radio de Cuyo) la noticia, multiplicando la información y magnificando lo sucedido. La coyuntura hizo que Orsini, no tolerando las ofensas vertidas contra su persona y ante la dimensión alcanzada por los acontecimientos, decidiera tomar una “medida caballeresca en defensa de su honor”.
Balas, calabozo y whisky
Los dimes y diretes se extenderán “como reguero de pólvora”. El Círculo de Periodistas de Mendoza tomará partido inmediatamente, emitiendo un comunicado de repudio a la actitud del funcionario, proclamando el derecho a la libre expresión crítica (utopía en tiempo de dictadura) y solidarizándose con Orsini. En tanto, Manzoni renunciará a su cargo, aprestándose a continuar con lo solicitado por el periodista: batirse cara a cara.
Cada protagonista eligió a sus padrinos. Orsini a Guillermo Petra Sierralta (dirigente radical) y al periodista Alberto “Perro” Atienza. Manzoni a su vecino, el doctor Federico Vargas Galíndez y al coronel José Armando Aguirre. El lance se libraría en Las Heras, cerca de la fábrica de empaque de frutas Munafó, aunque oficialmente se expuso que fue en una dependencia militar.
“De común acuerdo, se designa director del lance al mayor (RE) Ángel E. Arias, y se establecen las condiciones. Arma: pistolas calibre 22 largo. Distancia: enfrentados a 25 pasos. Un disparo por conteniente a la voz de mando; dos tiempos y fuego, partiendo de percusor montado. Como médico actuarán los doctores Ángel Navarro y coronel Pascual Quirós; este último director del Hospital Militar, montando en el lugar una tienda de campaña con elementos quirúrgicos. (…) El mayor Arias saca una caja de balas, carga las pistolas y realiza el protocolar intento de reconciliación, que no se produce. Toma la distancia acordada; los contrincantes disparan, pero no se hieren” (Jorge Enrique Oviedo: “Los duelos en Mendoza”. Ediciones Culturales de Mendoza. 2013). Pero no todo el conflicto había terminado para Orsini. A los 15 días será “metido preso” en un calabozo por violación al Código Penal. Tras la testimonial ante el fiscal Luis Sarmiento García quedará en libertad.
En las actas del duelo se atestiguó que los contrincantes tuvieron un digno comportamiento caballeresco, aunque no se reconciliaron. Fue un viernes 21 de marzo de 1969 a las 9 de la mañana. A menos de una semana de aquella “Vendimia mágica” que consagró a la bella rubia guaymallina de apellido difícil.
Según Jorge E. Oviedo, autor del gran libro citado anteriormente, por boca del propio Francisco Orsini, la reconciliación llegará al tiempo, copas de whisky mediante, a través de la gestión de buenos amigos comunes.

