La familia no compite con el éxito: lo hace posible
Los gestos de los campeones muestran que el alto rendimiento no se logra pese a la familia, sino gracias al apoyo de quienes acompañan el camino.
Lionel Scaloni junto a sus hijos.
Archivo MDZCada vez que la Selección argentina de fútbol termina un partido decisivo, ya sea con la alegría de una victoria o con el dolor de una derrota, se repite una escena que ya forma parte de su identidad. Antes de las entrevistas con la prensa, antes incluso de reencontrarse con sus compañeros, muchos jugadores dirigen la mirada hacia la tribuna.
Buscan un rostro conocido
Corren hacia un abrazo: el de sus hijos, su pareja, sus padres, sus hermanos o sus amigos. Puede parecer un gesto menor, casi una postal repetida. Sin embargo, encierra una enseñanza mucho más profunda: detrás de cada jugador hay una familia que empezó a construir ese camino mucho antes de que existieran los aplausos y los títulos. Durante décadas se instaló la idea de que el éxito exige sacrificios personales inevitables y que la familia ocupa un lugar secundario frente a la carrera laboral. Parecía que el desarrollo profesional solo era posible a costa de los vínculos más cercanos. La Selección argentina parece ofrecer una mirada diferente. No presenta a la familia como el precio que se paga por el éxito, sino como una de las razones que ayudan a alcanzarlo.

Te puede interesar
Catherine Fulop reveló cómo está su vínculo con Gabriela Sabatini
Hay algo que une a Messi, Scaloni, Lautaro Martínez, Paredes, Cuti Romero, Emiliano Martínez y tantos otros integrantes de esta generación. Ninguno habla del éxito como una conquista exclusivamente individual. Cuando recuerdan los momentos más importantes de sus carreras, una y otra vez aparecen los mismos nombres: mamá, papá, esposa, abuelos, hijos, hermanos. Es como si todos compartieran una misma convicción: antes que campeones son miembros de una familia.
Esa identidad nunca queda afuera de la cancha
Más allá de los festejos y de los resultados, lo que permanece invisible son los miles de kilómetros que recorrieron sus padres o sus abuelos para llevarlos a entrenar, las parejas que sostuvieron el hogar durante las concentraciones, los hijos que aprendieron a convivir con las ausencias, los hermanos que alentaron desde el anonimato y los amigos que estuvieron presentes cuando el éxito aún era solo una ilusión. Quizás esa sea una de las grandes lecciones de este equipo que tanto admiramos. El talento importa. El entrenamiento es indispensable. La disciplina marca la diferencia. Pero detrás de todo eso existe una red de afectos que sostiene, contiene y da sentido al esfuerzo cotidiano. Lo más llamativo es que esta forma de entender el éxito no responde a un discurso preparado. Se manifiesta, sobre todo, en los gestos y en la naturalidad con la que los jugadores comparten con sus familias los momentos de mayor alegría, pero también los de mayor frustración. Tal vez allí resida una de las claves de este equipo excepcional y de su cuerpo técnico: entendieron que el alto rendimiento no se construye aislándose de los vínculos, sino fortaleciéndolos.
Y esta enseñanza trasciende el deporte e interpela al mundo del trabajo. Todavía existen organizaciones donde se sigue considerando que las responsabilidades familiares compiten con el compromiso laboral. Pedir una licencia, acompañar a un hijo al médico, cuidar a un padre mayor o simplemente dedicar tiempo para la vida personal suele interpretarse, explícita o implícitamente, como una menor disponibilidad para el trabajo. Sin embargo, la evidencia -y la experiencia cotidiana- muestran otra realidad. Las empresas contratan personas, pero ellas nunca llegan solas al trabajo. Llegan con una historia, con vínculos y con una familia que muchas veces, silenciosamente, también contribuye a su desempeño. Este no depende solamente del talento o de las competencias técnicas; también está influido por la calidad de los vínculos personales y familiares que brindan contención, estabilidad y sentido. Las organizaciones más innovadoras ya comprendieron que cuidar la vida familiar de sus colaboradores fortalece el compromiso y su desempeño. Si la Selección argentina hizo de la familia parte de su cultura, ¿no deberían las empresas hacer lo mismo?
Los grandes logros nunca son completamente individuales
Siempre hay seres queridos detrás, acompañando, sosteniendo y alentando tanto en las victorias como en las derrotas. También las organizaciones deberían comprenderlo: la familia no compite con el éxito. Lo hace posible.
* Dra. Patricia Debeljuh. Directora Centro Conciliación Familia y Empresa IAE Business School.

