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La dura opinión de los argentinos sobre el poder adquisitivo de los salarios

La caída del poder adquisitivo de los salarios es uno de los principales problemas de la economía en los últimos años. Eso se refleja en los niveles de consumo.


El cierre de 2025 deja un diagnóstico económico contundente. Casi 8 de cada 10 argentinos consideran que su salario perdió poder de compra frente a una inflación que en los últimos meses no logra bajar.

De acuerdo con los datos del último Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora, el 77,6% de los argentinos afirma que su salario perdió frente a la inflación y ese deterioro se refleja directamente en la autopercepción social: el 64% de la población se identifica hoy como clase media baja o baja, evidenciando la presión sostenida sobre los ingresos reales a lo largo del año.

En paralelo, la percepción sobre la situación económica del país se deterioró con fuerza: el 55,3% la califica como negativa, muy por encima de la evaluación de la situación personal, lo que confirma un clima macroeconómico percibido como más crítico que la experiencia individual.

La desconfianza en las cifras oficiales del Indec volvió a aumentar en diciembre, en un contexto marcado por la controversia en torno al EMAE.

Así, el 59,7% de los encuestados afirma no sentirse representado por el dato de inflación que publica el organismo público. Con salarios que no alcanzan y precios percibidos como desalineados, el cierre del año encuentra a una porción creciente de la población ajustando consumos, postergando gastos y enfrentando mayores dificultades para llegar a fin de mes, en un clima generalizado de incertidumbre económica.

El impacto en el consumo: Fiestas austeras y vacaciones postergadas

El impacto del deterioro del ingreso se refleja con claridad en el consumo de fin de año. El 48,5% de los encuestados afirma que su gasto para las fiestas resultará inferior o muy inferior al del año pasado, en línea con la pérdida de poder adquisitivo registrada durante 2025.

La mesa de Navidad y de Año Nuevo aparecieron como indicadores concretos del ajuste cotidiano: menor volumen de consumo, sustitución de productos y una conducta defensiva que reemplaza al consumo expansivo tradicional para el fin de año.

La presión sobre el bolsillo se profundiza al analizar la posibilidad de tomarse vacaciones. El 39,3% de la población declara no contar con recursos económicos para viajar este verano, convirtiendo al acceso al descanso en un umbral social que separa estabilidad de vulnerabilidad. Incluso entre quienes mantienen alguna capacidad de viaje, predominan estrategias de ajuste como escapadas cortas o turismo de cercanía, confirmando que el recorte es una decisión económica forzada.

Balance social de 2025: Entre el malestar y la esperanza futura

Este clima se sintetiza con claridad al pedirle a los encuestados que definan 2025 con una sola palabra. La nube de respuestas está dominada por términos de fuerte carga negativa como desastre, destrucción, horrible y espantoso, lo que expresa una vivencia social marcada por el deterioro y el malestar.

En contraste, esperanza emerge como la principal palabra positiva, pero lo hace asociada a una expectativa futura.

La coexistencia entre un léxico mayoritariamente ligado a la crisis y la incertidumbre económica y social, y la presencia persistente de la esperanza, refleja con precisión el cierre de 2025: salarios que no alcanzan, consumo ajustado y un clima generalizado de fragilidad.

El resultado es un balance social predominantemente negativo, atenuado por la expectativa de que el año siguiente pueda marcar un punto de inflexión a través de cambios concretos.