Julio Lagos: "La radio no se apaga, sobrevive a todo"
A 65 años de su debut, Julio Lagos, el histórico periodista reflexiona sobre el presente del medio, su vigencia y el vínculo irremplazable con el oyente.
Julio Lagos no necesita presentación en el mundo de la radio argentina. Con 65 años de trayectoria, el periodista y conductor se transformó en una voz de referencia para varias generaciones y en un defensor apasionado de un medio que, lejos de apagarse, sigue reinventándose.
En su paso por Entrevistas MDZ, Lagos habló de la vigencia de la radio, de su capacidad para adaptarse a cada época y de la necesidad de salir a buscar al oyente. También repasó su propia historia frente al micrófono y dejó una definición contundente sobre el oficio: el verdadero patrón de la radio es el público.
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-Después de 65 años de carrera, ¿qué representa hoy la radio para vos?
-La radio es una forma de vida. Yo siempre hablo de una “caravana”, porque tiene algo de viaje colectivo, de historia compartida, incluso de cierto aire circense. Esta caravana empezó en 1920 y sigue avanzando. Llevo 65 años caminando dentro de ella y eso no hace más que reafirmar mi convicción: esta industria tiene una fuerza enorme. Y esa fuerza no es casual, viene de su pasado, de su historia, de su raíz cultural. Esa raigambre es la que nos permite proyectarnos, imaginar y seguir soñando con el futuro. La radio no es un capricho ni un recuerdo romántico: es un organismo vivo.
-¿Por qué decís que la radio sigue viva frente a tantos cambios tecnológicos?
-Porque la radio tiene una capacidad única de adaptación. Sobrevive a todo lo que aparece: a la imagen, a las pantallas, a las nuevas tecnologías. La radio no se apaga, la radio queda. El espacio queda. Siempre hay alguien escuchando. Si uno mira otras disciplinas, pasa lo mismo: la medicina cambió sus herramientas, pero sigue siendo medicina; el cine evolucionó desde Chaplin hasta hoy, pero sigue siendo cine. Bueno, con la radio ocurre igual. Cambian los formatos, los dispositivos, las formas de distribución, pero la esencia es la misma. La radio se nutre de todo lo nuevo, lo incorpora y lo transforma en algo propio para seguir llegando al corazón del oyente y generando recuerdos.
-¿En qué pensás primero cuando hacés radio?
-En el oyente. Siempre en el oyente. Nosotros no arrancamos pensando en el micrófono, en la consola o en la tecnología. Eso viene después. Lo primero es la persona que está del otro lado, la que escucha, la que necesita compañía, información o simplemente sentirse acompañada. Esa es la clave de la radio. Por eso es tan fuerte: porque se adapta a todo, pero nunca pierde de vista el vínculo humano. Puede cambiar el soporte —un aparato viejo, una app, lo que venga— pero lo importante es lo que pasa entre quien habla y quien escucha. Ahí está el verdadero valor.
La radio sobrevive en el tiempo
-Hiciste un programa a las 4 de la mañana y caminando por la calle. ¿Cómo nació esa idea?
-Nació de algo muy concreto: la necesidad de trabajar. Nosotros somos trabajadores, vivimos de esto, y hay momentos en los que no estás al aire y eso se siente. Yo estaba en esa situación cuando me ofrecieron un programa a las 4 de la mañana. Y acepté, claro, pero propuse hacerlo de otra manera. No quería estar encerrado en un estudio: quería salir a la calle, conducir caminando, hacer la radio en movimiento. No como un móvil ocasional, sino como una forma permanente. Eso tenía que ver también con una idea más profunda: la radio tiene que salir a buscar oyentes, tiene que hacerse visible, tiene que estar donde está la gente.
-¿Qué le falta a la radio de hoy para estar más cerca de la gente?
-Le falta presencia en la vida cotidiana. Muchas veces creemos que todos saben quiénes somos, dónde trabajamos, a qué hora estamos al aire, y eso no es cierto. Hay que salir a buscar oyentes, porque los necesitamos. La radio no puede estar escondida dentro de un edificio sin señales de vida. Tiene que mostrarse. Pero además, creo que debe asumir un rol más amplio: ser un faro cultural. Un lugar abierto a la comunidad, donde haya una biblioteca, donde los vecinos puedan entrar, donde los artistas del barrio expongan, donde los músicos toquen. La radio tiene que ser parte activa de la vida social, no un espacio aislado.
-¿Quién manda realmente en la radio?
-El público. Sin ninguna duda. Mi jefe no es ni el Presidente, ni el dueño de la radio, ni el responsable de la publicidad. El verdadero patrón es el público. Nosotros nos definimos por nuestro repertorio, por lo que decimos, por cómo contamos las cosas. Y lo hacemos desde un lugar muy concreto: somos iguales a los oyentes. Tenemos las mismas preocupaciones, las mismas vivencias, las mismas dificultades. Por eso creo que lo más honesto es contar las historias de la gente, poner en valor esas experiencias. Es más respetuoso eso que pretender ser especialista en temas lejanos solo para aparentar autoridad.
-¿Qué papel tuvo la radio en la pandemia?
-La radio fue compañía en un momento en el que la soledad era muy fuerte. Durante la pandemia, para muchísima gente, la radio fue el único acompañamiento real. Mientras otras actividades se detenían o se volvían inaccesibles, la radio seguía ahí, presente, cercana. Eso demuestra su capacidad de subsistencia. Por eso insisto: las plataformas pueden cambiar, pueden multiplicarse, pero lo importante es lo que sucede. Puede ser un aparato antiguo, una aplicación o cualquier tecnología nueva. Mientras haya alguien que hable y alguien que escuche, hay radio. Esa relación directa es lo que la mantiene viva.
La radio sea en el horario que sea enamora
-¿Qué le diste a la radio y qué te dio la radio a vos?
-Yo le di entusiasmo. Siempre intenté trabajar con compromiso, con respeto, tratando de ser un hombre decente dentro de este oficio. Y la radio me dio muchísimo, más de lo que puedo cuantificar. Me dio trabajo, me permitió sostener a mi familia, me dio un lugar en el mundo. Pero además me dio algo más profundo: me dio respuestas, me ayudó a crecer, a corregirme, a mejorar. Aquel tipo imperfecto que empezó hace 65 años fue cambiando con el tiempo, y en ese proceso la radio tuvo un papel central. No fue solo un trabajo: fue una forma de vida.