Julián Rodríguez Priore: "En la universidad Austral nos proponemos generar un impacto real en la sociedad"
El rector de la Universidad Austral reflexiona sobre educación, prestigio académico, formación integral e inteligencia artificial.
En una nueva edición del living de Entrevistas MDZ, Julián Rodríguez Priore, rector de la Universidad Austral, analizó el presente y los desafíos de la educación superior en Argentina. En la charla, destacó el reconocimiento que posiciona a la institución como la universidad de gestión privada mejor rankeada del país y explicó cómo esos indicadores impactan en la reputación, la gestión y la proyección internacional.
A lo largo de la entrevista, también profundizó en el modelo educativo de la Austral, centrado en la excelencia profesional, la formación humanística, el acompañamiento personal y el trabajo en comunidad. Además, compartió su mirada sobre el avance de la inteligencia artificial y sostuvo que el gran desafío no es tecnológico, sino ético: formar personas capaces de usar esas herramientas con criterio y responsabilidad
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Mira la entrevista completa a Julián Rodríguez Priore
-En esta oportunidad estamos conversando con Julián Rodríguez Priore. Julián es licenciado en Ciencias Físicas y Magíster en Dirección de Empresas. Rector de la Universidad Austral por segundo periodo consecutivo. Bienvenido, Julián. ¿Cómo estás?
-Muy bien, muy bien y muy agradecido por la invitación y por estar aquí.
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-Al contrario, agradecidos nosotros por poder hablar de educación, de buena educación, de una educación que ha sido premiada.¿Quién otorgó esta distinción?
-Bueno, en el mundo hay un grupo de organizaciones que pretenden ayudar a las universidades a evaluarse y, de algún modo, a compararse, con la intención de confirmar con actores externos —con terceros— la calidad de lo que hacen, la pertinencia de su actividad y de su oferta académica, y la calidad de su investigación.Hay agencias que son oficiales. Por ejemplo, aquí en Argentina está la Coneau, que es la que certifica que lo que uno hace tiene la calidad que corresponde. Pero también existen otras agencias privadas, en el mundo, que miden la calidad de todas las universidades, las comparan y arman lo que se llaman "rankings". Evidentemente, los rankings son una medida en cierto modo subjetiva, porque se desarrollan considerando distintas dimensiones, que pueden ser discutibles y tienen distintos pesos. Sin embargo, en general son una medida bastante objetiva de la calidad y el prestigio de una universidad. Las universidades número uno del mundo suelen aparecer como número uno en los rankings más importantes.Uno podría decir que hacen una buena medición. Hay tres principales en el mundo: QS, que es de una agencia en Estados Unidos; Times Higher Education, que es de una agencia en Inglaterra; y el Shanghai Ranking. Nosotros participamos de dos rankings. QS dimensiona múltiples variables, entre otras la internacionalización; le da mucha importancia a la sostenibilidad y también a la investigación, tanto en calidad como en impacto. Hoy aparecemos tanto en el ranking QS de la región Latinoamérica como en el ranking regional de Times Higher Education como la universidad número uno de gestión privada en Argentina.
-¿Ustedes aplican a esa especie de competencia o es algo automático? ¿Cómo es la postulación?
-Depende. Por ejemplo, en Argentina la Universidad de Buenos Aires es claramente la número uno. Aplica a QS y aparece como la primera universidad rankeada en el país. Pero no participa, por decisión propia, del ranking de Times Higher Education, por lo tanto no aparece ahí. Y en cuanto a las implicancias de este reconocimiento, ¿cuál es el beneficio para la Universidad Austral? ¿Qué es lo útil? Tiene varias implicancias. En primer lugar, nos brinda una información muy valiosa para evaluarnos. Es como una fotografía que muestra si estás bien posicionado en distintas dimensiones: cómo te ven los empleadores, cómo te miden, cómo te miran los colegas en Argentina y en el mundo, cuál es el nivel de empleabilidad, el impacto de la investigación, la diversidad del alumnado. Es muy interesante porque uno se evalúa y es como mirarse en un espejo. Esa información es útil para la gestión y para proyectar mejoras: entender a qué deberíamos aspirar si queremos ser una universidad con impacto y prestigio. En segundo lugar, hay una dimensión de reputación: ante el Estado, las empresas, las organizaciones y la sociedad. Cuán confiable es la universidad. Esto está directamente asociado al prestigio, y para nosotros es clave porque buscamos generar un impacto real en la sociedad.En tercer lugar, está la dimensión del estudiantado. Al ser una universidad privada, nos financiamos principalmente con aranceles. Una buena reputación hace que más alumnos quieran estudiar y desarrollarse profesionalmente con nosotros. En cuarto lugar, los alumnos internacionales. En un mundo globalizado, los rankings ayudan a comparar universidades a nivel global y facilitan la elección de quienes buscan intercambios o estudios en el exterior. Y en quinto lugar, las asociaciones. La actividad académica es fuertemente colaborativa. Uno busca asociarse con universidades que compartan valores, propuestas y prestigio. Nosotros, por ejemplo, participamos de un consorcio de universidades de América con instituciones como la Católica de Chile, el Tec de Monterrey y la Universidad de los Andes. Es un grupo pequeño, y la Austral es la única argentina. Eso refleja un nivel de prestigio similar que facilita el trabajo conjunto.
-Hablabas del propósito de la universidad, que es impactar en la sociedad. ¿Qué alumno, proyecto o impacto te enorgullece como ejemplo?
-Te puedo mencionar algo reciente. Hace poco se conoció el fallo de la Corte de Apelaciones en Estados Unidos sobre el caso YPF. Tres procuradores que trabajaron fuertemente en ese caso desde el Ministerio de Justicia son graduados de la universidad: Santiago Castro Videla, Juan Ignacio Stampalija y Julio Pablo Comadira. Dos de ellos además son profesores. Nos enorgullece ver profesionales bien formados que pudieron afrontar un caso clave para el país con excelencia técnica y sin sesgos políticos, centrados en su rol. Otro ejemplo son las enfermeras graduadas de la Universidad Austral. Muchas personas del ámbito de la salud destacan que tienen un diferencial muy claro: la empatía, la comunicación y la relación con el paciente. Eso se ve tanto en nuestro hospital como en otras instituciones. Creo que eso tiene que ver con nuestro modelo educativo. Buscamos formar buenos profesionales, pero también buenas personas. Les decimos a los alumnos que, para ser buenos profesionales, primero deben ser buenas personas. Eso implica cultivar virtudes: hábitos que se desarrollan con la repetición de acciones orientadas a vivir bien, como definían los filósofos clásicos, especialmente Aristóteles. Virtudes como la generosidad, la humildad, la honestidad o la capacidad de reconocer errores. Nuestro modelo tiene cuatro dimensiones: excelencia profesional, formación humanística, acompañamiento personal y trabajo en comunidad. Buscamos una formación integral, con visión del mundo, de la sociedad y del ser humano, entendiendo que los problemas tienen múltiples dimensiones, no solo técnicas. También promovemos el acompañamiento personal, porque el desarrollo de virtudes es algo individual que se trabaja con tutores y profesores. Y fomentamos el aprendizaje en comunidad, la colaboración y el compromiso con los más vulnerables.
Cómo es la variedad de nuestro alumnado
-¿Y el desafío de la inteligencia artificial? ¿Cómo lo evalúan desde el claustro?
-Lo vemos como una enorme oportunidad porque la inteligencia artificial está desafiando a la sociedad a preguntarse seriamente respecto de lo que es el hombre, de cómo tiene que ser el comportamiento del hombre y cómo debemos formar a los profesionales del futuro. Hoy en día hay como dos posiciones antagónicas. Están los tecnófobos que huyen de la IA piensan en la tecnología como el nuevo demonio moderno y la quieren cancelar. Y después están aquellos que adhieren a la tecnología como si fuese un nuevo dios. El problema de fondo es moral y ético: qué nos hace mejores personas. Toda acción tiene impacto en el entorno, pero también en uno mismo. Si uso mal la inteligencia artificial, por ejemplo para evitar pensar, pierdo capacidad de juicio. Si la uso para enriquecer decisiones, es positivo. Es una herramienta: depende de cómo se use. Como la energía nuclear o la manipulación genética, que pueden servir para destruir o para hacer el bien. La clave está en los límites y en el criterio humano. Por eso es una oportunidad: nos obliga a reflexionar profundamente sobre el ser humano. Y la universidad es el ámbito apropiado para dar esa discusión.
-A modo de cierre: sos egresado de la UBA y del IAE. Si tuvieras que volver a elegir la gestión estatal, ¿lo harías?
-Por supuesto. Soy graduado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, en Ciencias Físicas, y estoy profundamente agradecido. También valoro mucho la formación que recibí en la universidad privada, en la escuela de negocios del IAE. Son dos realidades que no compiten, sino que se complementan perfectamente bien.
Para ser un buen profesional primero hay que ser buena persona
-Perfecto. Te agradecemos muchísimo esta visita.
-Muchas gracias. Hasta pronto.