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Joan Manuel Serrat: un conmovedor llamado a defender la libertad y un cálido recuerdo para un mendocino

Joan Manuel Serrat recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Cuyo. En un emotivo discurso llamó a defender la democracia ante el avance del individualismo. El recuerdo de Quino y su relación con el vino.


“Que no nos vuelvan sordos los gritos de angustia y que las injusticias cotidianas que nos tocan vivir se conviertan nunca en una normalidad capaz de volvernos el corazón de piedra”. Joan Manuel Serrat se recibió de doctor honoris causa en la Universidad Nacional de Cuyo y dio una clase de vida cuando le tocó agradecer por la distinción.

Emotivo, cálido y profundo, el artista catalán agradeció y tuvo algunos gestos tiernos: el recuerdo al vino, su ligazón con esa bebida y un recuerdo a un mendocino ilustre que era su amigo y echa de menos. “Recuerdo a mi amigo Joaquín lavado, el quino. Al cual echo de menos en un día tan importante”, dijo notablemente conmovido al recordar al “papá” de Mafalda.

Sin necesidad de levantar la voz, Serrat hizo una fuerte defensa de la democracia, la libertad y el respeto a los derechos humanos. Así, alertó sobre los riesgos por el avance del autoritarismo y el individualismo. “Una sociedad que fomente el individualismo nos está conduciendo al abismo. Como pueblo podemos progresar juntos y unidos”, dijo. Y pidió advertir a las nuevas generaciones. “Les están bombardeando a diario con este feroz individualismo del sálvese quien pueda. Yo no pienso eso. Sigo pensando que la democracia es el medio natural para defendernos de todo eso”, argumentó.

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Serrat fue homenajeado en Mendoza.

Sin levantar ninguna bandería partidaria, pero sí con una fuete defensa de los valores de la democracia y la convivencia, llamó a tomar partido por las causas comunes. “Los artistas somos individuos que vivimos en una realidad. Somos observadores de una realidad. Hay que aprender a escuchar, no solo las voces, también los ruidos y los murmullos. Hay que tomar partido, siempre, hasta mancharse. Les aconsejo que desconfíen de aquellos que se manifiestas apolíticos, son políticos terroríficos. Desconfíen de los neutrales, los equidistantes, de los que se ponen de perfil cuando sopla el viento”, dijo en su discurso el catalán.

Con la tierna y sensual voz que lo caracteriza, Serrat hizo una introducción aludiendo al vino, emblema de Mendoza y también un producto que recorrió su vida. Para ello recordó a sus abuelos, todos ligados de una u otra manera al vino. Y también a su propia historia en su relación como “consumidor” y su fracaso como bodeguero. Y desde Mendoza hizo una promesa. “Me comprometo que en un próximo trabajo mío trataré de rendirle al vino el homenaje que se merece”, prometió Serrat, aunque aclaró que aún no sabe “cómo, cuándo y dónde” ocurrirá.

Serrat había sido homenajeado largamente. Le cantaron tonadas y le explicaron qué significaba compadre. Él tomó la posta y saludó a los “compadres”.

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Serrat hizo un fuerte llamado a defender la Democracia.

En su discurso hizo una ferviente defensa de la educación y el conocimiento. “Hay que fomentar el conocimiento, en serio. Defender las bondades del conocimiento es tan obvio como argumentar la necesidad de alimentarnos. Con escuelas, con universidades, con escuelas para todos, que no sean un negocio”, dijo el Doctor, quien hizo un llamado a romper las prohibiciones, censuras y obstáculos. Para ello hizo una alegoría por su condición de bilingüe al escribir y hablar en catalán y español. “Cuando me preguntan en qué prefiero escribir, digo que es en la que más dificultades presenta”, ejemplificó al referirse a prohibiciones pasadas. “Soy militante de esas posibilidades y una no excluye a la otra. Mi enemigo es la intolerancia”, dijo.

Con humildad, Serrat dijo que lo suyo es el oficio de escribir y cantar, que su arte es producto de la “la porfía”, del trabajo de “amasar palabras, de tejer y destejer”.