Jean Pierre Noher: el horror que marcó a su familia, su personaje en Avenida Brasil y la anécdota con el Pato Fillol
En diálogo con MDZ, Jean Pierre Noher habló de su trayectoria, de su trabajo en Brasil, cuáles fueron sus papeles más desafiantes y reflexionó respecto a la falta de producciones originales en la televisión argentina.
Jean Pierre Noher cuenta con una trayectoria internacional, debido a su trabajo en producciones brasileñas, españolas y argentinas.
Tatiana Colangelo/MDZJean Pierre Noher llegó a la Argentina con apenas 3 años por decisión de sus padres, quienes emigraron después de años sacudidos por la guerra y el nazismo. Creció en el barrio porteño de Belgrano, donde los amigos y el fútbol terminaron de afianzar el arraigo de una familia recién llegada.
A sus veinte, Noher descubrió su pasión por la actuación, influenciado por su tío abuelo, el famoso cineasta Max Ophüls. Actuó en el teatro, en la televisión y en el cine, tanto en la Argentina como en Brasil, España y Canadá. Supo interpretar al mismísimo Jorge Luis Borges, a Guillermo Coppola y a Fernando de la Rúa. Como si fuera poco, Noher se hizo de renombre en Brasil, donde llegó a encarnar al padre de Nina -Débora Falabella- en la exitosa telenovela Avenida Brasil, que está por estrenar su segunda parte.
En una entrevista exclusiva con MDZ, el célebre actor repasó su carrera y habló de la vuelta al teatro de la obra El Cazador y el Buen Nazi -en el Tinglado Teatro (Mario Bravo 948, CABA)-. Asimismo, habló de su trabajo junto a Luisana Lopilato en La Caja Azul, un nuevo thriller de Amazon Prime Video.
Jean Pierre Noher, íntimo
- ¿Cómo se dio, en un principio, tu llegada a la Argentina? ¿Por qué vinieron tus padres?
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- Yo vine de muy chiquitito, tenía apenas 3 años. Vinimos con mis padres en el barco Louis Lumière. Tuve toda mi educación francesa en mi casa y, después, en el colegio francés, que ahora es el Mermoz.
Durante el nazismo, mi mamá huyó para la Argentina y, luego, volvió. Mi papá huyó vestido de monaguillo de un campo de concentración a los 13 años. Yo, lamentablemente, no pude conocer a mis abuelos paternos porque fueron asesinados en Auschwitz. Mis padres se conocieron cuando mi mamá volvió a Europa y, luego, nació mi hermana Nanú, después nací yo.
Pero mi mamá extrañaba la Argentina. Ella decía que era un país muy bueno para vivir. Y, como no les estaba yendo tan bien y mi papá no se llevaba bien con su suegro, nos vinimos a la Argentina.
- ¿Qué recuerdos tenés de esa infancia en Argentina? ¿Cómo fue tu primer vistazo del país?
- La sensación que tengo es que tuvimos mucha suerte. Vivíamos a la vuelta de mi abuela en Olleros y Libertador; frente había una plazoleta y a mí me encantaba jugar al fútbol. Entonces iba a jugar a la vereda. Yo era muy hincha de River, porque, de chiquito, mi papá nos llevó a la cancha tanto a mí como a mi hermana. Me acuerdo que primero íbamos a las tribunas donde había que poner papel de diario para sentarse.
Mi papá llegó sin saber una palabra de castellano y, no sé cómo, después empezó en una fábrica. Empezó de cadete, terminó de presidente de la fábrica de pilotos, de camperas, de ropa. Fue ascendiendo y, a la vez, yendo mucho al club, por lo que terminó siendo vicepresidente de River durante 8 años y lo sacó campeón después de 18 años con Angelito Labruna.
- ¿Y qué lugar ocupaba Francia para vos? ¿Querías volver?
- Sí me interesaba mucho la cultura francesa, como tenía acceso al idioma y mis padres viajaban, traían mucha música. Escuchaba a músicos como Gilbert Bécaud, Jacques Brel, Montand, Serge Gainsbourg, los grandes cantautores que había en los años ‘70. Eso tuvo mucha influencia sobre mí e hizo que se me ocurriera hacer un disco de clásicos reversionados en francés: Se llamaba Her o Noher, jugando un poco con el apellido y con el ser o no ser de Shakespeare.
Después, increíblemente, a través de la web, una periodista, Valérie Pasterat, me escribió y me preguntó: "¿Vos tenés algo que ver con Rolf Patrick Noher?". Y le dije: "Sí, es mi papá". Entonces, me dice: "Ah, él es uno de los 108 chicos que huyeron del campo de Vénissieux, beneficiados por los curas que se ocuparon de repartirlos, encontraron como un vacío legal que decía que los chicos huérfanos no podían ser deportados". Entonces, me enteré que mis abuelos entregaron a mi papá y así fue que se salvó.
- ¿De dónde surge tu interés por la actuación? ¿Ya veías algo en tu familia?
- Había antecedentes en la familia. Max Ophüls y Marcel Ophüls fueron dos grandes directores de Francia. De hecho, el otro día en la entrega de los Óscar homenajearon a Marcel, que ya murió con 98 años. Él llegó a ganar un Óscar y, gracias a mi abuela materna, yo conocí ese antecedente. Mi abuela fue la primera que me llevó al teatro. Me acuerdo que me llevó a ver Pedro y el Lobo y quedé fascinado. Yo también era medio payaso, medio histriónico.
En el ‘75 me fui del país porque las cosas estaban bastante feas y complicadas, así que me fui a Israel y, después, para Europa. Cuando volví, ya no quería estudiar más Económicas. Entonces, me inscribí para entrar al taller de Agustín Alezzo. Y acá sucede algo muy particular, que Ernesto Claudio, que es con quien comparto la obra El cazador y el buen nazi, también estaba para entrar a la prueba de Alezzo. Y durante 8 años estuvimos estudiando en el mismo taller del gran maestro argentino que ya nos dejó, pero sin trabajar juntos arriba de un escenario. Teníamos esa asignatura pendiente.
Y cuando Daniel Marcove, el director, me llamó ofreciéndome la obra, yo le dije: "Mirá, yo trabajo mucho en Brasil, en audiovisual, y no sé si ponerme a hacer teatro". Y me responde: “Pero es la última obra de Mario Diament”. Con pocas ganas le dije: “Bueno, mandámela". Y cuando me la mandó, la leí y sentí como el deber moral de que la tenía que hacer por mi historia familiar.
Me ofreció el personaje de Simon Wiesenthal y tuvo la generosidad de preguntarme: "¿Con quién te gustaría hacerla?". Dije: "Ah, yo conozco un nazi buenísimo”. Es que Ernesto es rubio, enorme y me parecía perfecto. Y Ernie, que es protagonista de Toc Toc, dijo que sí. Y así es como, durante estos 5 años que la venimos haciendo, encontramos la forma de hacerla los domingos, los lunes.
Ahora la estamos haciendo los domingos a las 17. Carlos Rottemberg, el gran productor teatral, es un fan de la obra y nos lo presta a Ernesto. Entonces, a veces lo tenemos para hacer giras. Estuvimos en Chile, en Uruguay.
El Cazador y el Buen Nazi, la obra que interpela a Jean Pierre Noher
- ¿Qué es lo que vamos a ver en la obra El Cazador y el Buen Nazi?
- Es una obra muy intensa que dura una hora y 10 minutos como mucho. Simon Wiesenthal, en el Centro de Investigaciones Wiesenthal en Austria, en Viena en 1975, se encuentra con Albert Speer. ¿Quién es Albert Speer? Un jerarca nazi que zafó de la pena capital en el tribunal de Núremberg, valiéndose de su inteligencia de ocultar algunas cosas. Se comió 20 años preso y cuando sale empieza a colaborar con instituciones judías en Alemania, en Austria y se vale el mote de "buen nazi", que es sin duda un oxímoron porque no existe un buen nazi, pero sí en este caso.
Y este encuentro fue real. Mario Diament, además de dramaturgo, todos sabemos, fue un gran periodista durante años en la revista Gente y lo entrevistó varias veces a Wiesenthal y de ahí surgió la obra.
Wiesenthal, mi personaje, como una especie de Columbo, va sacando de verdad mentira, tiene cartas bajo la manga y va sacando un poco todo eso que había ocultado. Se hace muy intenso, no deja de tener humor, pero la obra es densa. También se habla de la Argentina, se habla de los nazis que vinieron a Argentina, de Eichmann, de Mengele.
Es una obra que un poco atraviesa todo y de la cual la gente sale particularmente conmovida, no solamente por la obra, sino porque yo me ocupo después de cuando termine la obra de contar un poco mi historia familiar también.
- ¿Por qué sentiste ese deber de trabajar en esta obra?
- Para homenajear un poquito a mi viejo. Repito un poco su acento así medio judío y Wiesenthal también tenía esa cosa, así que este me encanta, nos encanta hacerla. Estamos ya en la quinta temporada.
- Ya van por la quinta temporada, ¿por qué la seguís eligiendo todos los años?
- Me han ofrecido otras cosas. Pero la sigo haciendo porque para nosotros es un placer por la onda que tenemos entre nosotros que es familiar; es como un hermano Ernesto para mí. Y porque además creo que es una obra como de repertorio y que tiene total vigencia, absolutamente vigente. Lamentablemente el antisemitismo está muy en boga y está bueno hablar de estas cosas.
La Caja Azul, el nuevo thriller psicológico producido por Luisana Lopilato con Jean Pierre Noher
- Se viene otro proyecto audiovisual en el que venías trabajando. ¿De qué se trata?
- La caja azul es una película que dirigió Martino Zaidelis y que protagonizan Luisana Lopilato y Gustavo Bassani. Tanto yo como Pedro Merlo hacemos participaciones especiales. La película es un thriller psicológico muy pero muy bueno. La produjo Axel Kuschevatzky con Cindy Tepperman y se va a estrenar en Amazon Prime Video. Pablo Yacobello es un gran productor también y nos apoyó. Incluso Luisana fue un poco la que armó todo esto.
Y tiene la particularidad de que la filmamos en Vancouver, en donde vive Luisana. Esa es una de las razones por la que la hacemos allá, la hicimos allá, pero la razón fundamental es porque era un decorado similar a San Martín de los Andes, en Bariloche. Pero la hicimos allá porque también tienen incentivos para quien invierte, como hay en Uruguay, como hay en tantos lados. Y como las cosas se pusieron tan complicadas para filmar acá en la Argentina, con lo que está sucediendo con el INCAA y todo lo audiovisual, nos fuimos a Vancouver; un mes en Canadá. Fue hermoso conocer Vancouver y filmar allá.
Fue hermoso, pero también te da tristeza no haber podido hacerla aquí y darle trabajo al audiovisual argentino.
- Con la trayectoria que tenés, habiendo actuado en decenas de telenovelas y películas argentinas, de España, de Brasil, ¿cuál es tu visión de lo que está sucediendo audiovisualmente en Argentina? ¿Qué pensás sobre el hecho de que ya no hay más ficción en la televisión, sino que los proyectos se vuelcan al streaming?
- Por un lado, es triste y lamentable que ya no haya novelas en la televisión abierta. En Brasil, desde el 2001 hasta el 2021 estuve haciendo muchas novelas en la TV Globo, series, películas. Allá respetan las cuatro novelas por día en diferentes canales. O sea, hay un audiovisual enorme. Ellos tienen un mercado increíble, son 200 millones de habitantes, pero acá es algo terrible que haya dejado de existir. Nos salvan las plataformas de alguna manera, pero no llegan a cubrir la cantidad de gente que está sin trabajo.
Y obviamente, como decimos siempre, no solamente los actores, sino todo lo que implica armar una película, una serie, la cantidad de gente que está sin trabajo.
Jean Pierre Noher sobre la crisis audiovisual en Argentina: "Es triste y lamentable que no haya novelas en la televisión abierta"
Lamentablemente este gobierno se ocupó de romper, de quebrar una industria que funcionaba con problemas, seguramente, pero que generaba mucho, muchísimo valor y mucho trabajo. Pero bueno, claramente lo que está sucediendo es contra la cultura y vos sabés que la cultura es algo que no se puede importar; la podemos exportar, que es lo que justamente el cine argentino ha hecho ganando muchísimos premios en todas partes del mundo y tiene muchísima jerarquía.
En Brasil tengo tres películas por estrenar ahora. Por la jerarquía que tienen las películas de Darín, de Francella, de Sbaraglia, ellos tienen una admiración muy profunda por nuestro audiovisual.
- ¿Y qué es lo que te gusta a vos del laburo en Brasil? ¿Por qué seguís eligiendo ese destino para trabajar?
- Ellos me eligieron y obviamente no les voy a decir que no, porque Brasil es un país gigante y porque llegué a filmar en el Amazonas, conocí a los indios Xingú. Es siempre una experiencia muy vital, muy buena. Y porque tienen una cantidad de directores, de actores, de autores extraordinarios y tuve la suerte de entrar en un núcleo.
Todo empezó con Un amor de Borges, una película que yo hice de Javier Torre en el 2001 que allá tuvo mucho éxito, sobre todo en el ambiente artístico. Fernanda Montenegro fue medio madrina de la película y, a partir de ahí, empecé a hacer cine hasta que me llamó la TV Globo en el 2008 y empecé a hacer mucha novela, mucha serie.
Brasil me encanta por todos los motivos que se te ocurran: desde que la paso bomba, que se filma en Río que es un lugar bellísimo y económicamente también, realmente puedo decir que tenemos en la familia cierta tranquilidad porque esto también lo heredó mi hijo, Michel Noher. Mi hijo no solamente trabaja en Brasil, sino que también trabaja en España.
Es verdad que durante la época de Bolsonaro la cosa se complicó y ya era más difícil, pero ahora de a poquito están volviendo.
Jean Pierre Noher en Avenida Brasil
- ¡Trabajaste hasta en Avenida Brasil!
- Sí, se va a hacer la segunda parte. Una pena porque mi personaje moría en la novela, en la primera parte. Van a ser la segunda parte y ahora, el 30 de marzo, se empezó a dar por primera vez en un ciclo que se llama Vale a Pena Ver de Novo, o sea, vale la pena verlo de nuevo, y están repitiendo Avenida Brasil completa. La van a repetir justamente para hacer el gancho para cuando hagan Avenida Brasil 2. Además, te pagan las repeticiones, o sea, que viene viene muy bien.
- ¿Te hubiese gustado estar en la segunda también?
- Pero no cabe la menor duda. Podrían hacer una precuela, como se dice. Yo hacía el papá de Nina, de la protagonista, que chiquita la hacía Mel Maia, y yo la adoptaba, y después era Débora Falabella, que es una de las grandes actrices brasileñas.
- ¿Qué papel te gustó más interpretar en todos estos años de trayectoria? ¿Cuál es el que más disfrutaste?
- Yo agradezco haber hecho de De la Rúa, de Coppola, cuando aparecen personajes reales que tenés que componer -que yo hago mi propia versión porque no somos imitadores, somos recreadores en mi versión de esos personajes-. Pero, sin duda, fue un antes y un después el interpretar a Borges. Esa película fue una bisagra en mi carrera porque me abrió el mercado brasilero y es una película entrañable.
Fue un personaje hermoso que sigue volviendo porque ya hicimos por dos años en teatro, con Víctor Laplace, Borges y Perón. Seguramente estoy dejando afuera personajes, pero el actor siempre agradece que te llamen y más hoy por hoy, uno se siente honrado y es como un lujo.
- ¿Cuál fue el rol más desafiante para vos?
- Estos que te nombré sin duda, porque tienen una dificultad enorme. El más complicado creo que fue De la Rúa porque tuve poco tiempo para prepararlo y porque había sido muy imitado excelentemente por Freddy Villarreal, entonces la comparación era complicada porque yo no me veía nada parecido, porque tuve poco tiempo para preparar para agarrarle el acento. Pero bueno, Marisa Menta, todos los maquilladores, el equipo, todo el mundo me ayudó.
De la Rúa también fue complicado por el hecho de que justo lo hicimos después de que estaba terminando la pandemia, entonces todos todavía usábamos barbijos, con mucho cuidado, con mucho miedo y eso todo medio lo usé, entre comillas, para el papel porque agarran a De la Rúa en su momento más crítico, cuando está encerrado en Olivos. Entonces, ver a todos los técnicos con barbijos, los extras, era un ambiente con gran tensión y realmente fue un desafío.
- ¿Cómo preparaste el papel de Borges?
- Eso fue hermoso porque en esa época no había YouTube como ahora. Para hacer a Coppola tenías miles de entrevistas, para hacer a De la Rúa tenías muchísimo material, pero con Borges no había nada todavía. Entonces tuve la suerte de que me encontré con Fanny, la ama de llaves, que en esa época todavía vivía, y me ayudó mucho Vaccaro, un historiador, y yo indagaba sobre su intimidad.
Yo ya había leído sus libros y estaba todo, pero yo tenía que actuar un personaje real, humano, verdadero, al que le pasaban cosas. Y esas entrevistas las grabé en un casete y también recibí algunos casetes de sus conferencias para agarrar esa manera tan particular, ese tartamudeo. Eso es lo lindo, la cocina de cómo uno se va metiendo en los personajes es siempre muy divertida, sin duda. Después hay que filmarlo.
- ¿Te quedó algo pendiente? ¿Te gustaría hacer algo que todavía no hayas hecho?
- Pero por supuesto, quiero hacer todo lo que no hice. Pero yo no digo que quiero interpretar a un personaje. Yo quiero que todo me siga sorprendiendo, que aparezcan libros, qué sé yo, como con Valentín, por ejemplo. El día que me llegó el tío Chiche de Valentín y leí esos libros de Agresti, ya te emocionás. Quiero que me pase eso, que me siga sorprendiendo este hermoso oficio que ya increíblemente lleva casi 50 años porque empecé a estudiar a los 20 y ya estoy por cumplir 70.
Quiero que me sigan sorprendiendo sobre todo acá en la Argentina. Yo extraño trabajar en la Argentina. Me pasa esto de que estamos trabajando mucho afuera -por suerte tengo trabajo afuera-, pero me gustaría que haya más trabajo en Argentina, sobre todo por mis colegas, por los directores que admiro. Ojalá que suceda eso de trabajar acá.
La anécdota de Jean Pierre Noher con el Pato Pillol en hombros en el Mundial del '78
- De cara al mundial. Tenés una anécdota en uno de los mundiales más importantes para la Selección argentina, en el ‘78, que terminaste cargando en tus hombros al Pato Fillol después de habernos consagrado campeones.
- Mi viejo era vicepresidente de River, entonces River era como mi casa. Yo me metí en la cancha y como éramos pocos los que nos metimos en la cancha cuando salimos campeones, los milicos nos hicieron como un corralito. Después se metió más gente y el Pato Fillol -yo lo conocía por supuesto- y le grité: "¡Pato!". Y él me hizo la seña para que lo cargara en hombros.
Ahora me acuerdo que le dije a Sebastián Wainraich que es una anécdota que no puedo volver a contar, así que la gente ya la sabe, que la googlee y que la busque. Lo que sí te puedo decir que eso me marcó para siempre y soy tan fanático de la selección argentina como de River.
Tuve la suerte de que, en el mundial ‘98 en Francia, fuimos con Canal 13, con Dani Aráoz, el Puma Goity, Capusotto e hicimos un programa desde allá.
Y estoy esperando este mundial como todos con mucha ilusión. Tengo una profunda admiración por la Scaloneta. No voy porque se hace en Estados Unidos y no me parece el momento ideal para estar por ahí, pero sí tenemos todo organizado para verlo acá todos juntitos con los amigos.
- Pero podemos decir que fue un momento épico esa final del ‘78.
- Sí, un hito que me marcó. Yo ya era fanático de la Argentina desde el ‘66, me acuerdo, yo tenía 10, y me acuerdo al gordo Muñoz, José María Muñoz, por la radio escuchando por la Spica el mundial de Inglaterra en Wembley y él decía: "Tenemos que empezar a organizarnos para el mundial del 78".
Uno espera los mundiales con mucha mucha ansiedad y ser contemporáneo de dos ídolos como Maradona y Messi es algo que te lo envidia todo el planeta.
Mirá la entrevista completa de Jean Pierre Noher