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Investigan cómo los residuos vitivinícolas podrían ser utilizados como aislantes en la construcción

Los restos que dejan las podas de los viñedos podrían tener una segunda vida dentro de paredes y techos de futuras viviendas.

Un equipo del Conicet desarrolla aislantes térmicos y acústicos con restos de poda de vid y hongos para reemplazar materiales contaminantes.

Un equipo del Conicet desarrolla aislantes térmicos y acústicos con restos de poda de vid y hongos para reemplazar materiales contaminantes.

Conicet

Lo que hoy se acumula como un residuo después de la poda de los viñedos mendocinos podría convertirse mañana en parte de las paredes de una vivienda. Un equipo de especialistas del Conicet trabaja en el desarrollo de materiales aislantes térmicos y acústicos fabricados a partir de restos de vid y hongos, una propuesta que une tres pilares: el vino, la ciencia y la construcción sustentable.

La iniciativa se desarrolla en el Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE) y ya logró un avance concreto. El equipo de investigación fabricó prototipos que fueron evaluados en laboratorio y demostraron un buen comportamiento tanto para conservar la temperatura interior de los ambientes como para absorber sonidos.

El objetivo es ofrecer una alternativa a materiales ampliamente utilizados en la construcción, como el poliestireno expandido o la lana de vidrio. Si bien cumplen una función importante, su fabricación requiere grandes cantidades de energía y genera un impacto ambiental considerable.

Del residuo al material de construcción

El proyecto combina vino, ciencia y construcción para crear materiales con menor impacto ambiental y mayor valor regional.

El proyecto combina vino, ciencia y construcción para crear materiales con menor impacto ambiental y mayor valor regional.

La base del proyecto son los restos de poda que cada año generan los viñedos mendocinos. En lugar de terminar descartados, estos residuos se utilizan como materia prima para crear un biomaterial que puede incorporarse a distintos sistemas constructivos.

Para lograrlo, se emplea micelio, una estructura natural de los hongos que actúa como un aglutinante biológico. A medida que crece, el micelio forma una red que une las partículas de biomasa y genera un bloque compacto capaz de funcionar como aislante.

Según explicó Ayelén Villalba, investigadora del Conicet e integrante del proyecto, la tendencia internacional apunta a desarrollar materiales con menor huella ambiental desde su origen. En ese contexto, el trabajo mendocino busca reducir el impacto de la construcción incluso antes de que los edificios entren en funcionamiento.

Un desarrollo que aprovecha la identidad productiva de Mendoza

La iniciativa cuenta con apoyo de una bodega mendocina y apunta a generar nuevas alternativas para la industria de la construcción.

La iniciativa cuenta con apoyo de una bodega mendocina y apunta a generar nuevas alternativas para la industria de la construcción.

Actualmente no existen desarrollos similares que empleen residuos vitivinícolas para fabricar materiales destinados a la construcción.

Las características propias de estos desechos también aportan ventajas. De acuerdo con Maira Terraza, becaria doctoral del Conicet que participa en el proyecto, la poda de vid cuenta con una alta presencia de lignina que permite obtener materiales con una integridad estructural superior a la de otros compuestos elaborados con micelio.

La investigación cuenta además con la colaboración de una bodega mendocina que provee los residuos necesarios para los ensayos. De esta manera, un descarte habitual de una de las industrias más representativas de la provincia pasa a formar parte de una cadena de valor completamente diferente.

Aplicación y beneficios

Las investigadoras ya probaron prototipos fabricados con desechos de viñedos y obtuvieron resultados alentadores en laboratorio.

Las investigadoras ya probaron prototipos fabricados con desechos de viñedos y obtuvieron resultados alentadores en laboratorio.

Los especialistas sostienen que estos biomateriales podrían utilizarse tanto en viviendas nuevas como en proyectos de refacción o mejora energética de edificios existentes. Su función sería reemplazar aislantes convencionales, aportando beneficios ambientales sin resignar prestaciones.

Además de reducir residuos, el desarrollo apunta a disminuir el consumo energético de las edificaciones. Una mejor aislación permite conservar temperaturas más estables dentro de los ambientes y reduce la necesidad de calefacción o refrigeración.

Para Noelia Alchapar, otra de las investigadoras del Conicet e integrante del equipo, este tipo de materiales representa una oportunidad para impulsar estrategias de economía circular, aprovechando recursos locales y disminuyendo el uso de insumos de origen no renovable.

El desafío actual pasa por optimizar los procesos de producción para garantizar que el material alcance los estándares requeridos por la industria. Sin embargo, los resultados obtenidos hasta ahora muestran que algo tan cotidiano como los restos de poda de un viñedo podría tener un futuro inesperado: convertirse en parte de las casas y edificios del mañana.