Instalaron una estatua de hierro en la montaña para homenajear a San Martín
La estatua pesa 318 kilos y fue transportada a lomo de mula hasta el límite internacional, en una travesía exigente y planificada.
La figura metálica recuerda al Libertador sobre su caballo y reemplaza antiguos bustos que habían quedado deteriorados.
Gentileza Fabián IribasEn uno de los paisajes más imponentes de la cordillera, en la zona del río Pato Sur, un grupo de montañistas y efectivos del Ejército dejó instalada una silueta de San Martín de más de dos metros de altura. La estructura, de hierro y 318 kilos, fue transportada y ensamblada en una travesía que demandó meses de preparación y varios días de marcha.
La iniciativa fue impulsada por Juan Enríquez y contó con el trabajo del coronel retirado Fabián Iribas, Oficial Superior del Ejército Argentino y guía de alta montaña. MDZ dialogó con Iribas, quien relató cómo nació la idea y el enorme esfuerzo que implicó concretarla.
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“Nos propusimos dejar algo realmente digno ahí arriba”, contó Iribas, que hace seis años trabaja como guía en el paso Pato Sur y también se desempeña en el Aconcagua. La intención era dejar algo en homenaje al General, ya que, según contó Iribas: “Había dos bustos que se estaban ya destruyendo y se terminaron de romper junto con el monolito donde estaban”, explicó.
Una travesía exigente en la altura
El proyecto no fue improvisado. Durante meses juntaron donaciones económicas y convocaron voluntarios para avanzar con la escultura, diseñada por un artista de Buenos Aires y pensada para soportar condiciones extremas.
La estatua fue construida en hierro y diseñada para ser totalmente ensamblable, tornillo por tornillo. Ese detalle fue fundamental, ya que los 318 kilos debían ser trasladados a lomo de mula por terrenos agrestes y caminos de montaña.
En total utilizaron 12 mulas cargueras y participaron 15 personas, entre civiles y efectivos del Regimiento de Infantería de Montaña 22, dependiente de la Brigada de Montaña 8. “Largamos el día 21 de febrero desde Hornillas. Costó muchísimo llegar hasta acá, a Valle Hermoso”, recordó Iribas sobre la exigencia del recorrido.
El rol del Regimiento de Montaña 22
La ayuda del Regimiento 22 fue determinante para que el proyecto pudiera concretarse. Según explicó Iribas, todo se realizó “gracias y únicamente al incondicional apoyo del Ejército Argentino”, detalló. Sumado a la participación directa del coronel Molina y la sección Baquianos, especialistas en montaña.
Desde el campamento en Valle Hermoso, el equipo inició el ascenso final muy temprano. En apenas cuatro horas lograron montar la estructura, utilizando un sistema de anclaje con piedras y mallas laterales conocido como sistema de trineo, habitual en refugios de alta montaña.
Iribas señaló que su experiencia en el armado de refugios en el Aconcagua y en el Cajón de los Arenales fue clave para poder asegurar la estructura en un terreno tan expuesto. El objetivo era que la estatua resistiera la meteorología extrema y el paso del tiempo.
Recuperar el valor del lugar
La decisión de instalar la silueta no fue solo simbólica. En el sitio existían dos bustos que, con el paso de los años, se habían ido deteriorando hasta quedar prácticamente destruidos, junto con el monolito que los sostenía.
Además del emplazamiento de la nueva figura en el límite internacional, el equipo realizó tareas de limpieza en los sitios históricos y relocalizó placas del memorial existente. La preocupación no era solo rendir homenaje, sino también recuperar el respeto por el lugar.
“La meteorología y la gente, sobre todo, han tomado este lugar único histórico para dejar cualquier cosa arriba”, lamentó Iribas. Por eso insistió en que el mensaje es claro: que quienes lleguen puedan sacarse una foto, disfrutar del paisaje y no dejar basura.
Un homenaje que mira al pasado
La estatua representa al Libertador montado a caballo, guiando a sus tropas en plena cordillera. La imagen remite al cruce histórico de los Andes y busca conectar con lo que significó esa gesta hace más de doscientos años. La idea es que el sitio vuelva a sentirse como un espacio de memoria y no como un punto descuidado en la montaña.
La obra quedó instalada luego de una logística compleja y un trabajo físico intenso. Más allá del homenaje a José de San Martín, el gesto también pone en valor el trabajo silencioso del Ejército en ambientes de montaña y abre una invitación concreta: cuidar la cordillera para que siga siendo, como entonces, un lugar único.


