Historias de universos paralelos, si es que existen
Si es que hubiera vidas desarrollándose en forma paralela a las nuestras, quizá sería interesante conocer en qué se diferencian
Las caras fingidas de felicidad extrema que todos ponemos en cada imagen, no tienen utilidad por esos lares.
Freepik.Cuentan por ahí, según dicen sitios difíciles de precisar basados en informaciones complejas de contrastar, que hay universos paralelos a este, en el que la vida es casi como la nuestra, pero no del todo. No me termina de quedar claro si es que estamos nosotros mismos en ese sitio, ahicito nomás, meta vivir paralelamente; pero, en definitiva, sería un universo que tiene una diferencia quizá menor con el que habitamos: al parecer, al iniciarse el siglo XXI, y ya con internet y Google campando a sus anchas por las PCs del planeta Tierra, en ese espacio-tiempo se ve que se olvidaron de crear las redes sociales. Así que la vida es casi como acá, pero sin “ellas”.
Todo indicaría que quizá (y no tengo forma de comprobarlo) la telefonía celular tuvo un desarrollo diferente en ese universo paralelo al que tuvo en nuestro entorno; pareciera, eso sí, que en esas ciudades la gente va por la calle mirando al frente cuando camina, o a los costados, pero no ya para abajo como ocurre por acá. Habría algunos pocos habitantes más en ese planeta Tierra paralelo que en el nuestro, porque a nadie han atropellado, ni se ha caído por un acantilado, mientras se sacaba una selfie. De hecho, el concepto de selfie (aunque existiría en ese lugar) no pareciera tener muchos adeptos, porque al final para qué: si no hay redes sociales en donde publicarlas, las caras fingidas de felicidad extrema que todos ponemos en cada imagen, no tienen utilidad por esos lares. Al parecer por allí las personas saben que los demás seres de su entorno no están siempre felices, y sí, pareciera que pueden sobrevivir con esa idea.
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Hay que reconocer que, como no tendrían redes sociales, difícilmente tengan emojis; punto para nosotros, los que sí tenemos: hay emojis muy divertidos, y para todos los gustos, y a quienes no les gusten, que no los reenvíen, y ya. Si las gentes universicoparalelianas (por llamarlas de algún modo) tuvieran emojis, seguramente la democracia emojiteriana lograría, darwinísticamente, hacer prevalecer a los mejores por sobre el resto, atento a la falta de segmentación de los contenidos que observan en sus dispositivos las distintas personas: como no usan redes sociales, estarían liberados de depender de algoritmos que les anden diciendo lo que tienen que ver y lo que no. Me parece, que se yo, si ni siquiera tengo en claro que existan…
Además, según confirman fuentes imprecisas, de dudoso acceso por canales oficiales, la falta de algoritmos reduciría las “grietas” ideológicas, casi tanto como el aloe vera hace desaparecer las arrugas. Todo indicaría que esas gentes son de escuchar más a los demás miembros de su comunidad, y si no saben de algo, no opinan; simplemente recaban información y se crean una opinión de las otras personas, quizá más respetuosa, pero (eso seguro) no sesgada por la simple necesidad de nuestros algoritmeros de retenernos en sus redes (¿sociales?) con oscuras intenciones. Que no es que esté mal andar opinando por ahí, pero cuando vemos solo una parte (sesgada por otros seres) del inmenso universo del saber, las opciones se nos reducen, o al menos eso creo. Igual, soy de esos que andan opinando descaradamente, me resulta importante declararlo; pero eso sí, sin que me guíen: soy así nomás desde antes de los algoritmos, cuando vivíamos como en el universo paralelo, si es que existe.
En definitiva, creo que me darían un poco de envidia las gentes universicoparalelianas (en caso de que anden por allí) y su ausencia de redes sociales. Muy probablemente esas supuestas personas no creerían si les dicen que hay otros seres con vida paralelas, y tal vez les parezca absurdo que habiten en otra civilización, ahicito nomás de la suya propia, pero en la que se va por la vida mirando al piso, y solo levantando la papada para sonreír falsamente, aun a riesgo de caer por un acantilado.
* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido.
IG: @prgmez