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Historia del "Mendozazo" que salvó la Independencia: la pueblada cuyana que sostuvo a San Martín

El relato de cómo un pueblo defendió al General San Martín, en un hecho poco conocido de la historia argentina.

General José de San Martín.

General José de San Martín.

Archivo MDZ

“Quiere el pueblo a San Martín / Alvear manda a Perdriel / Más si este viene a Mendoza / Nos cagaremos en él”; cantaba un trovador cuyano, entonado una copla de protesta ante los sucesos que se avecinaban. Directo y sincero el juglar, dispuesto a poner todo para defender a su Gran Capitán.

Así vamos introduciéndonos en la historia de hoy, donde observaremos como un pueblo defendió a su líder y gobernador. Un hecho poco conocido de la historia nacional que muestra otra faceta más de la empática relación que San Martín construyó con Cuyo.

En paralelo, otro elemento que estimula la historia y nuestro ejercicio de escribir, pretendiendo jugar siempre con situaciones contrafácticas: ¿qué hubiera pasado con el plan continental pensado por San Martín desde Mendoza si esa “pueblada” fracasaba? En fin; la historia como sistema narrativo que estimula nuestra imaginación obligándonos a pensar, con provocaciones pedagógicas inquietas y plagada de finales abiertos, que el destino procuró fueran como te lo contaremos desde MDZ.

Las verdaderas puebladas

Últimamente observamos que las movilizaciones que pretenden (y dicen) ser populares y reivindicativas de ciertos derechos, muchas veces solamente persiguen intereses sectoriales. Lamentablemente en la actualidad están desvirtuadas las nobles causas y la importancia que históricamente tuvieron en Argentina las masivas expresiones callejeras en pos de la defensa ciudadana. Es así, que la escasa representatividad de sus convocantes o el evidente sesgo sectorial – partidario de los protestantes ponen en evidencia los interesados móviles de la marcha y contribuyen al descrédito de la movilización ciudadana.

Muy lejos estarán algunos de los móviles convocantes de la diaria coyuntura con lo sucedido en Mendoza durante 1815. Fue un 8 de febrero cuando todo un pueblo salió a la calle a defender a su Gobernador Intendente de Cuyo y protestar masivamente por lo que consideraba una notoria injusticia.

José de San Martín en batalla Foto: Argentina.gob.ar
José de San Martín en batalla Foto: Argentina.gob.ar
José de San Martín en batalla Foto: Argentina.gob.ar

"Aquel ex amigo"

Así será; Carlos María de Alvear (1879 – 1952), bien podría definirse como “aquel ex – amigo”, con quien San Martín llegará al puerto de Buenos Aires provenientes de Europa a bordo de la fragata británica “George Canning” en 1812. Y no bien bajados del barco, juntos fundaran la independentista Logia Lautaro.

Además, Alvear por esos tiempos gozaba de cierto reconocimiento en el Río de Plata en base al abolengo de su padre y a la sensible conmovedora historia de haber perdido en un enfrentamiento naval a sus 6 hermanos y su madre en un mismo día; un 5 de octubre de 1804, frente a las costas portuguesas cuando un barco británico de un cañonazo hizo explotar el polvorín de la embarcación en donde viajaban.

El mismo Alvear, también había ayudado a la inserción de San Martín en la sociedad porteña, llegando a convertirse hasta en su celestino y padrino de la boda entre el futuro general y Remedios Escalada. Pero no solo eso, conspiraron juntos en la revolución del 8 de octubre de 1812 para derrocar el “rivadaviano” y centralista Primer Triunvirato que luego convocará a la histórica Asamblea del Año XIII.

Pero como dice la canción: “cambia, todo cambia”; y aunque esto sí pareciera una foto del presente, todos aquellos juramentos de fidelidad, amistad fraterna, declaraciones públicas y convicciones comunes, quedaron muy atrás. Alvear y San Martín se terminaron odiando y siendo archienemigos.

El enfrentamiento fue literalmente “a muerte”, y como la misma expresión lo resalta, Alvear llegó a estimular y apoyar un asesinato contra San Martín, hecho que fue descubierto y desmantelado por el mismo Libertador. La posición de Alvear era clara: “Debemos sacarnos de encima a San Martín, hombre enemigo del centralismo’”; manifestaba en una nota.

San Martín y Alvear, "enemigos íntimos"

Lo cierto será que San Martín llegó a Mendoza como gobernador en 1814, y ya tiempo antes le había hecho conocer al Director Supremo de ese momento (Gervasio de Posadas) su deseo de obtener la gobernación de Cuyo (que había sido creada el año anterior y que tenía asiento en la Ciudad de Mendoza), pues desde ahí podría desarrollar su plan continental para liberar a Chile y Perú, después de corroborar directamente como Jefe del Ejército del Norte que era prácticamente imposible llegar por tierra a Lima.

A la postre, será nombrado como Gobernador el 10 de agosto y tomará posesión efectiva del cargo el 12 de septiembre de 184. Desde ese momento puso manos a la obra y comenzó a organizar los recursos de la provincia para la doble tarea de preparar el ejército libertador y dejar en marcha un desarrollo productivo y cultural que alcanzará a todo Cuyo.

En tanto, Alvear será nombrado primeramente por Posadas como jefe del Ejército del Alto Perú en reemplazo de Rondeau. La designación fue abiertamente rechazada por los oficiales del ejército provocando una sublevación. Este hecho y la recuperación del trono español por Fernando VII profundizaron la crisis del Directorio de Posadas, provocando su renuncia y generando la asunción como Director Supremo del controversial Alvear, al margen, sobrino del depuesto Posadas.

Por ese tiempo Buenos Aires era un hervidero de intrigas, luchas de poderes, intereses mezquinos, asesinatos por encargo, alianzas para desterrar caudillos, etc.; y Alvear casi nunca dejaba de estar envuelto en ese meollo.

José de San Martín Foto: Archivo
José de San Martín Foto: Archivo
José de San Martín Foto: Archivo

Es justo decir que San Martín y Alvear desde hacía tiempo se miraban de reojo. Éste veía al gobernador cuyano como una amenaza para sus intereses, entonces impulsó en una primera medida como Director una reorganización militar en tres ejércitos: Norte, Banda Oriental y Buenos Aires.

El ejército de Buenos Aires estaría bajo el mando directo del propio Alvear, lo que implicaba que José de San Martín pasaba a ser un subordinado militar de su declarado enemigo, ya que las fuerzas del Litoral, Córdoba y Cuyo eran partes de aquel amplio ejército conducido desde el puerto bonaerense.

En el fondo esa reorganización no era más que “una tocada de oreja” a San Martín. Una maniobra directamente en su contra. Una provocación evidente. “Se nota mucho”, diría hace tiempo un gobernador bonaerense.

San Martín por ende no aceptará esa medida y presentará un pedido de licencia por cuatro meses argumentando justas razones de salud. “Me siento morir”, manifestó en sus correspondencias. Una severa afección pulmonar acarreada desde los tiempos de soldado español tras un enfrentamiento y aquellas úlceras ya sufridas anteriormente, le pasaron factura en Mendoza. Pero, también, y por qué no, el pedido de licencia habría sido un argumento para manifestar su clara oposición a la medida de concentrar los batallones bajo la tutela de Alvear y rediseñar su estrategia política interna contra la oposición que se cultivaba desde el Río de la Plata. Lo cierto fue que los hechos tomarán derivaciones nunca vistas.

El primer "Mendozazo"

Ni lento ni perezoso, Alvear aceptó la renuncia de San Martín y la extendió por tiempo indeterminado, e inmediatamente dispuso que Gregorio Perdriel (1785 – 1832) marchara a Mendoza para hacerse cargo de la Gobernación de Cuyo.

La llegada del sustituto de San Martín provocó un verdadero levantamiento popular en Mendoza. La noticia cayó como una bomba y rápidamente los vecinos en forma masiva y espontanea comenzaron a movilizarse hasta el Cabildo mendocino.

El clamor popular hizo que Tomás Godoy Cruz y Manuel Ignacio Molina, acompañados por un amplio grupo de vecinos convocaran un “Cabildo Abierto”. Un papel preponderante ocupará Juan de Dios Correas como regidor del Cabildo y uno de los líderes del levantamiento.

Solo hacía seis meses que San Martín gobernaba Cuyo, y ya había logrado lo que nadie. “Desconocer a Perdriel y solicitar al Director Alvear la continuación en el mando del actual Jefe, el Señor Coronel Don José de San Martín, por la necesidad que contempla de su persona en las actuales circunstancias y porque así ha creído que convenía a la seguridad del Estado y a la tranquilidad de este país, que se halla inmediatamente amenazado por el conquistador de Chile”; decía la nota emanada de dicho “Cabildo Abierto” dirigida a Perdriel, y que fue recibida por éste llegando a San Luis cuando se dirigía a Mendoza.

Pero las malas noticias seguían para el plan Alvear – Perdriel. El Cabildo sanjuanino también rechazaba rotundamente a Perdriel y pedía por San Martín.

josé de san martín memorial bandera ejército de los andes-10

La plaza llena

La plaza mendocina en torno al Cabildo en ese febrero de 1815 estaba llena. Se vitoreaba por San Martín y a la marcha se sumaban peones y soldados de ejército. Desde El Plumerillo partirá una columna con todo el cuerpo de oficiales al frente.

Perdriel, en tanto, insistió en asumir de cualquier forma el poder y ordenó a San Martín reprimir a los manifestantes, para que luego se retirara inmediatamente de la zona porque era considerado conflictivo. Obviamente, que tamaña estupidez (irrisoria) de Perdriel jamás sería aceptada por el legítimo gobernador.

Agregaremos que Perdriel era también el organizador de un plan para asesinar a San Martín, quien se lo recordaría tiempo más tarde en una carta: “Usted ha atacado mi reputación, usted me ha puesto a este pueblo y a mí, en los mayores compromisos, usted me ha faltado a su palabra y bajo este sagrado fugó usted del destino en que mi excesiva condescendencia lo había puesto, para buscar modo de abatirme, y esto lo tengo probado: pidió 15 o 20 asesinos al general Alvear para quitarme la vida”.

Lo que vendrá es una clara postal de las luchas intestinas argentinas. Alvear renunciará en semanas a su cargo, siendo el empujón final aquel “motín de Fontezuela” encabezado por Ignacio Álvarez Thomas tras desobedecer la orden de Alvear para atacar a Artigas.

Algunas historias dirán que Alvear tras su renuncia escapó en barco a Río de Janeiro, escondido en un baúl, con información precisa sobre planos y documentos confidenciales. Bartolomé Mitre, por ejemplo, en su versión sobre los hechos, lo sepultó demostrando la correspondencia entre Alvear con Lord Strangford, embajador inglés ante los reyes de Portugal en Brasil y Robert Stewart (Lord Castlereagh), donde visibiliza contundentemente el pedido de un protectorado británico sobre las provincias Unidas del Río de la Plata.

“En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos á estas Provincias, que obedecerán su Govierno, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único medio de evitar la destrucción del país, á qe están dispuestos ántes que volver á la antigua servidumbre, y esperan de la sabiduría de esa nación una existencia pacífica y dichosa"; escribirá Alvear. Argumento determinante para que ya no pudiera sacarse del imaginario colectivo el mote de traidor.

"Mendoza, la corajuda"

Pero lo realmente trascendente, y muchas veces relativizado (cuando no, inadvertido) por la historia nacional, y a su vez poco ponderado hasta en nuestra misma y querida Mendoza, fue que ese “mendozazo” de febrero de 1815 produjo tal ruido que repercutió no solamente en todo Cuyo, sino que se extendió a lo largo y ancho de las Provincias Unidas del Río de la Plata, siendo “la pueblada mendocina” el suceso determinante que sostuvo a San Martín en el gobierno, y sobre todo, el hecho que convalidó el imprescindible poder político para conducir una transformación gigante en el marco de gesta libertadora.

Además, el hecho colectivo mendocino fue el artífice directo y fundamental para que los planes libertarios sanmartinianos no se cortaran. De haber prosperado la destitución por parte de Perdriel y no haberse producido esa movilización popular que se opusiera, nada de lo planificado por San Martín hubiera sido posible. El plan continental hubiera abortado. He ahí otra prueba más del compromiso mendocino para con los objetivos emancipadores de San Martín. Por eso el General se refería constantemente a Mendoza como la provincia “corajuda”, poniendo siempre los mendocinos lo que había que poner cuando la patria convocaba.